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Cómo disfrutar de Oslo durante los meses más fríos

Rincones literarios, museos y restaurantes reciben al turista que decide descubrir la capital noruega durante el invierno, mostrando una ciudad tranquila que deslumbra con los colores del atardecer sobre el fiordo

Oslo

En Oslo, desde mediados de noviembre, la temperatura comienza a situarse por debajo de los cero grados. Las horas de luz son escasas, entre seis y ocho, y el turismo busca otras ciudades más cálidas y luminosas como destino para pasar el invierno. Pero más allá de las auroras boreales, el gran atractivo turístico de Noruega, la capital del país ofrece al viajero valiente una ciudad sin aglomeraciones, donde la luz naranja vibrante del atardecer se cuela por cada rincón mientras se pasea buscando uno de los muchos refugios culturales donde calentarse.

Uno de los principales atractivos de Oslo es el Museo Munch, joya arquitectónica firmada por Juan Herreros inaugurada en su nueva ubicación en el año 2021 (antes se encontraba en el barrio de Tøyen). De día, es un elegante edificio de hormigón, recubierto por una fachada de aluminio perforado translúcido situado en el puerto. Una construcción inclinada de 13 de plantas con vistas al fiordo de Oslo que se mimetiza con otros edificios culturales de la zona, como la Ópera, a cuyos empleados se puede ver trabajando en los trajes y las pelucas a través de sus ventanales. De noche, el museo se ilumina reclamando la mirada del visitante, invitándole a pasar y refugiarse del frío tomando un café con una de sus famosas scream cookies o disfrutar de la colección que el pintor Edvard Munch dejó a la ciudad en 1940.

Museo Munch Oslo

Incansable y exigente, el autor noruego donó bocetos, copias y estudios de su trabajo. No desechaba nada. Todo lo consideraba arte. De hecho, allí se pueden contemplar tres versiones de su cuadro más famoso, El grito, cuyo original se encuentra en el Museo Nacional: una pintura al óleo (1910), una versión en pastel (entre 1893 y 1895) y una litografía (1895) se exponen bien custodiadas por los guardias de seguridad, de manera aleatoria y durante horas distintas, para preservar las obras de la luz.

El museo se encuentra en el barrio de Bjørvika, cerca de la estación de tren Oslo S Trelastgata, una zona de renovación urbana que acoge también la biblioteca pública Deichman Bjørvika, inaugurada en junio de 2020 y considerada la mejor del mundo en 2021 por la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecarias (IFLA). Un espacio que refugia del frío de invierno a cerca de 8.000 visitantes diarios, entre estudiantes, trabajadores y turistas, como explica Sigrun Ass, su responsable de comunicación. Cuenta con cinco plantas y alberga zonas infantiles, para bebés y niños. Espacios para los adolescentes donde no solo pueden estudiar y disfrutar de la lectura, sino también relajarse y crear, porque la biblioteca cuenta con espacios para la creación musical, la costura y el arte. También hay un escenario y zonas de coworking. Una obra ideada por usuarios se expone cada mes en una de las plantas del edificio, detalla Ass. Un concepto de construcción, con amplios ventanales que dan al fiordo, repleta de luz natural, que va más allá del estudio. La biblioteca abre de ocho de la mañana a diez de la noche, cuenta con 1.200 sitios para sentarse y tiene usuarios desde bien temprano que prefieren acudir allí para trabajar. Un acierto también es visitar su pequeña cafetería y degustar el cuidado café que preparan.

Deichman Bjorvika biblioteca

Siguiendo con los libros, no se puede disfrutar de la cultura de Oslo sin visitar Litteraturhuset, la Casa de la Literatura. Un espacio cerca de la Biblioteca Nacional, situado en el barrio de Storgata. Considerada la más grande de Europa, abrió sus puertas en 2007 y acoge eventos, recitales y debates en torno a la literatura. Por su escenario han pasado figuras literarias como el último Premio Nobel de Literatura, el escritor húngaro László Krasznahorkai, o la también premiada autora francesa Annie Ernaux. Cuenta con salas de creación para autores noruegos y extranjeros, poniendo su foco de atención en autores debutantes. Y por la noche su cafetería se convierte en otro refugio donde sentarse libremente a leer un libro o disfrutar de una cena de tres platos alrededor de una buena conversación.

Cerca de allí, desde mediados de noviembre, se puede visitar uno de los primeros mercadillos navideños que abren sus puertas. El Jul i Vinterland, situado en el centro de Oslo, a escasos metros del Parlamento y el Teatro Nacional.

Descubrir la ciudad a pie

Por la mañana, y si el día acompaña, es obligado acercarse al Jardín Botánico de Tøyen. Es el jardín al aire libre más antiguo de Noruega (fue fundado en 1814), tiene poco más de siete hectáreas y pertenece, como el Museo de Historia Natural, a la Universidad de Oslo. El jardín es de acceso libre y es un buen lugar para pasear y descubrir plantas o especies típicas noruegas, como la Cresta de Oslo, o de otras latitudes (presume de acoger 4.500 tipos de plantas de todo el mundo). Y si el paisaje está nevado y hace frío, nada mejor que disfrutar de un café en su pequeña cafetería decorada en madera y con colores cálidos como si fuera el acogedor salón de una casa.

Jardin Botanico Oslo

Pero si lo que se quiere es coger fuerzas para pasear por uno de los barrios más multiculturales de la ciudad, lo mejor es cruzar la calle hasta llegar a la cafetería The Little Pickle. Un local que por la mañana es panadería —buena cuenta de ello dan los sacos de harina que reciben en la puerta— y, por la tarde, se convierte un local que ofrece cenas de calidad y a un precio asequible (sobre los 35 euros). Por eso recibió en el año 2024 la distinción Bib Gourmand de la Guía Michelin. Allí se puede almorzar desde esponjosos croissant hasta un pan de masa madre o un guiso de judías blancas con calabaza noruega que ayudan a entrar en calor.

Karl Johans calle Oslo

De ahí, y si todavía no ha anochecido, lo mejor es caminar hasta el barrio de Rodeløkka, uno de los más pintorescos de la capital noruega, situado en una colina. Desde él se puede observar el centro de la ciudad y ver cómo el sol se va escondiendo tras el fiordo, pasear entre las típicas casas de madera de finales del siglo XIX, cada una de un color, emblema turístico de la ciudad, y observar cómo el sol del atardecer va pintando de naranja los tejados de un barrio tranquilo que sigue custodiando la esencia de Oslo.

Y nada mejor que terminar el día degustando un tártaro de reno, un muslo de pato confitado o el Pinnekjøtt —típico plato navideño noruego de costillas de cordero saladas y secadas, cocinadas al vapor con puré de colinabo y patatas— en el mejor sitio: el Smia Gallery, en el Våleranga Park. Un local pequeño y acogedor que abrió sus puertas en la primavera de 2001. Las cenas se sirven a las 16.00, y al calor de una chimenea que los camareros no paran de avivar se puede finalizar la ruta, observando cómo las luces comienzan a iluminar una ciudad que da refugio a los turistas que se atreven a descubrirla durante los meses más fríos del año.

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Sobre la firma

Rocío Campos Ramírez
Periodista, colaboradora de Mamás & Papás especializada en temas de educación y crianza. Ha trabajado con medios como 'Interviú', la revista cultural 'Adiós' y en prensa local. Edita el blog 'A merendar con mamá', especializado en literatura infantil y juvenil. Autora del cuento infantil “El nido” (Babidibú).
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