Las diputaciones
La lógica y el sentido común obligan a poner en el brete de tener que elegir entre diputación y comunidad autónoma a quienes defienden la pervivencia de las diputaciones provinciales. Éstas son un vestigio que debió quedar superado en 1978 y progresivamente eliminado. Cualquier función o competencia atribuida a la diputación puede asumirla con naturalidad el poder autonómico. Ahora bien, si quienes desean su continuidad en realidad añoran situaciones políticas pasadas y abogan por la recentralización del Estado, y eso es mayoritario en su región, tienen derecho a renunciar a la autonomía de su comunidad (y de hecho conseguir la desaparición de ésta) y a devolver, si es eso lo que quieren, la plena administración de su zona geográfica al Estado. Eso sí, deben permitir que aquellas comunidades que sí se toman en serio la Administración pública de su autonomía prescindan de las diputaciones.— Bernardo Ruiz Segura.


























































