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El Pentágono evalúa en un correo electrónico retirar el apoyo de EE UU a Reino Unido por las Islas Malvinas

Londres ratifica la soberanía británica sobre el archipiélago reclamado por Argentina. En Buenos Aires se habla de “avances”

Las Islas Malvinas, hoy bajo control británico, son conocidas en inglés como las FalklandsMichael Luongo (Bloomberg)

Hay asuntos que permanecen en la conciencia subterránea de los británicos hasta que resucitan de vez en cuando y desatan las alarmas. La soberanía de las Islas Malvinas (o Falklands, como se conocen en inglés) es uno de ellos. La de Gibraltar, otro. El Gobierno del primer ministro Keir Starmer ha saltado como impulsado por un resorte ante la noticia de que el Gobierno estadounidense se estaba replanteando su postura tradicional respecto al conflicto histórico que enfrenta a Argentina y el Reino Unido. Lo que en Londres espanta, en Buenos Aires ilusiona.

Un correo interno del Pentágono (la sede del Departamento de Guerra en Washington), citado por la agencia Reuters, expone las diferentes medidas que la Administración Trump se estaría planteando para castigar a aquellos aliados que, según su criterio, no habrían ayudado en la ofensiva bélica contra Irán. Además del replanteamiento respecto a las Malvinas, el Pentágono (siempre según la información de Reuters) estaría considerando suspender a España como miembro de la OTAN, después del rechazo frontal a la guerra en Oriente Próximo manifestado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

“Las Islas Malvinas votaron de un modo masivamente mayoritario a favor de mantener su condición de territorio del Reino Unido en ultramar. Siempre hemos respaldado el derecho de los isleños a su autodeterminación, así como el hecho de que la soberanía [de las Malvinas] reside en el Reino Unido”, ha dicho un portavoz del Gobierno laborista de Starmer.

Un referéndum celebrado en 2013 en el que participó un 90% de los 1.672 residentes en la isla con derecho a voto arrojó un resultado abrumador a favor de seguir bajo soberanía británica. Solos tres papeletas expresaron su rechazo a la idea.

“Hemos expresado previamente nuestra posición de manera clara y contundente a sucesivas administraciones estadounidenses, y nada va a cambiar a ese respecto”, ha insistido el portavoz de Downing Street.

Balón de oxígeno para Milei

Desde Argentina, en cambio, el correo estadounidense ha resucitado los reclamos por unas islas por las que el país sudamericano fue a la guerra —y perdió— en 1982. Horas antes, el presidente Javier Milei, había dicho en una entrevista que hay “avances” en la posición argentina, aunque admitió que la decisión no depende del Gobierno. “Nosotros estamos haciendo todo lo humanamente posible para que las Islas Malvinas vuelvan a manos de Argentina. La soberanía no se negocia, pero hay que hacerlo de manera criteriosa, hay que hacerlo con cerebro. Hay una frase de Marshall que a mí me encanta, que dice: ‘Cerebro frío al servicio de corazón caliente’”, dijo Milei al canal digital Neura.

Las palabras de Milei se resignifican ahora por su sintonía ideológica con Trump, del que se presenta como aliado incondicional. El planteo del Pentágono supone además un balón de oxígeno al presidente argentino en un momento de fuerte caída de popularidad al unir al país sudamericano detrás de una pocas grandes causas nacionales.

Numerosos gobiernos argentinos han intentado sin éxito una mediación estadounidense por Malvinas, dice el historiador y escritor Sebastián Ávila. La idea de un apoyo de la gran potencia estuvo detrás de la invasión ordenada por el dictador Leopoldo Galtieri, dice Ávila, y con la recuperación de la democracia, varios presidentes lo pusieron sobre la mesa de negociaciones. “[Carlos] Menem le pidió a [Bill] Clinton que intervinera. Al final de su mandato, Estados Unidos amagó con algún tipo de apoyo, pero no lo hizo”, cuenta. Lo mismo intentaron Cristina Kirchner y Mauricio Macri. “Milei recupera toda esa tradición y logra lo que, al menos, parece una amenaza”, señala este historiador.

Hasta el momento, los sucesivos gobiernos estadounidenses han reconocido la administración británica de facto de las islas, sin pronunciarse definitivamente sobre la cuestión de su soberanía.

A la voz de rechazo frente a la información surgida del Gobierno de Starmer se han sumado, con la intención de atar en corto al primer ministro, las de los líderes del Partido Conservador y de la formación populista de ultraderecha Reform UK, del político Nigel Farage. La jefa de los conservadores, Kemi Badenoch, ha calificado de “tontería” la noticia de Reuters y ha pedido que se exprese claramente el apoyo a los habitantes de las Malvinas.

“Es un asunto absolutamente innegociable. No existe la menor posibilidad de que vayamos a abrir un debate sobre la soberanía de las Malvinas”, ha dicho Farage, consciente de que su electorado se excita ante asuntos que apelan directamente al patriotismo.

La visita del rey

El próximo lunes comenzará la visita oficial a Estados Unidos del rey Carlos III de Inglaterra y de su esposa Camilla, la reina consorte. Trump, que en las últimas semanas no ha dejado de atacar al primer ministro Starmer, se ha mostrado entusiasmado ante la llegada del monarca, hasta el punto de sugerir que la visita puede ayudar a suavizar la relación entre ambos países.

El presidente estadounidense, descendiente de escoceses, tiene una pasión nostálgica (y un tanto anacrónica) hacia todo lo británico, y sucesivos gobiernos en Londres han utilizado a la monarquía, con todo la pompa y protocolo que la acompaña, para seducir al actual inquilino de la Casa Blanca. Aunque no ha habido ninguna mención pública al respecto, es muy posible que en la agenda de asuntos a tratar que lleve consigo el rey estará este nuevo contratiempo de las Malvinas, y que pida al Jefe de Estado estadounidense que aparque el asunto.

Las Islas Malvinas están bajo mandato británico desde 1833, aunque Londres clama por su soberanía desde 1690. Argentina reclama la pertenencia de ese territorio desde su independencia de España.

En 1982, el último gobernante del periodo de la dictadura militar, Leopoldo Galtieri, ordenó el desembarco y el intento de toma de las islas, que concluyó con una humillante derrota argentina. Las tropas británicas, bajo el Gobierno conservador de Margaret Thatcher, recapturaron el territorio en el plazo de unas pocas semanas. 649 soldados argentinos y 255 británicos murieron en aquel conflicto.

Todos los gobiernos británicos han mantenido la misma doctrina respecto a las Malvinas, como respecto a Gibraltar, y dejan la decisión sobre el futuro de esos territorios en manos de sus habitantes.

Pese a hablar de avances, Milei ha dejado claro en ocasiones anteriores que no está dentro de sus prioridades urgentes la situación de las Malvinas. En una entrevista a la BBC hace un mes, aceptó el hecho en sí de que las islas están “hoy en manos del Reino Unido” y admitió que “no hay una solución instantánea para cambiar su actual estatus”.

Eso no significa que Argentina renuncie a la soberanía de las Malvinas y a su reivindicación histórica que, según ha expresado Milei, es posible lograr por la vía diplomática. Desde el fin de la guerra, el Reino Unido se niega a retomar las negociaciones con Buenos Aires, pese a los reiterados llamados al diálogo por parte de las Naciones Unidas y otros foros internacionales.

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