Consenso o guerra civil
La primavera árabesuscitada hace ya más de dos años en Oriente Próximo y en el norte de África fue difundida en el mundo entero como un movimiento de cambio social encabezado por la acción de los ciudadanos de Libia, Egipto, Túnez, Marruecos y Siria, entre otros países, en busca de libertad, democracia, justicia social y oportunidades. Sin lugar a dudas, autócratas de las más diversas tendencias ideológicas, pero que compartían la ideología de la opresión, fueron derrocados y la opinión pública mundial pensó que la configuración de una sociedad estable, de un Estado eficaz y de una economía viable era una realidad inminente.
Sin embargo, las condiciones estructurales que elevaron al poder a los hombres fuertes para contener la convulsión social siguen intactas, por ende el derrocamiento de Gobiernos dictatoriales no es el fin de un proceso, sino el comienzo de este, y así deben de entenderlo las fuerzas políticas internas y la comunidad internacional. Por todo esto, fuerzas políticas como los Hermanos Musulmanes y las fuerzas laicas-liberales deben llegar a un acuerdo de convivencia constitucional de puntos mínimos que faciliten la convivencia tipo Pactos de la Moncloa. Solamente de esta manera los extremismos serán desterrados, el intervencionismo internacional no será necesario, se evitarán excusas para golpes militares y se generará la estabilidad imprescindible para el surgimiento económico y la paz social. La otra alternativa es lo que lamentablemente vemos: guerra civil y genocidio.— Andrés Sebastián Gómez Polanco.


























































