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Kristina Kallas, ministra de Educación de Estonia: “Los sistemas educativos están fallando a los hijos de inmigrantes”

La representante del mejor país europeo en PISA defiende la enseñanza como ascensor social: “Con expectativas altas de los alumnos, lograrás buenos resultados”

Kristina Kallas, ministra de Educación de Estonia, fotografiada en el hotel Duquessa de Cardona de Barcelona, el viernes. Albert Garcia

Aspira alto y trabaja duro. Es la premisa que apuntala el sistema educativo de Estonia y que, según su ministra de Educación, Kristina Kallas (Kiviõli, 50 años), es uno de los motivos que lo ha llevado a triunfar en los exámenes de calidad educativa de PISA. Es el primer país europeo y cuarto del mundo (tras Singapur, Japón y Corea del Sur), pese a un ligero retroceso. La poca diversidad de alumnos en las aulas, la gran autonomía de los centros y profesores ―que implica un Gobierno poco intervencionista―, una gran plantilla y unos profesores bien preparados y respetados completan el caleidoscópico de su éxito. También presentan una realidad opuesta a la de España. Kallas, que lleva tres años en el cargo, recibe a EL PAÍS en Barcelona, antes de participar el 10 de abril en el European Pulse Forum 2026, donde presentó el plan para desplegar con seguridad la Inteligencia Artificial en las escuelas.

Pregunta. ¿Qué es lo que define el plan innovador de la IA en Estonia?

Respuesta. Hace dos años, cuando la IA ya estaba en todos los teléfonos, en el ministerio empezamos a debatir sobre el impacto en la educación, ya que los profesores estaban preocupados, porque los alumnos ya usaban esta tecnología para los deberes o los exámenes. La gran preocupación es el riesgo de que el uso de la IA provoque un descenso en las capacidades cognitivas de los alumnos, en la memoria, en la comprensión y el conocimiento. Sabemos que este riesgo existe, así que tenemos que cambiar la forma de enseñar. En Estonia hemos integrado la IA en los procesos de aprendizaje, guiados por los profesores, pero implantando retos más difíciles, y ejercicios y procesos cognitivos de más complejidad. Es como cuando entraron las calculadoras en clase y los procesos matemáticos cambiaron a más ambiciosos. Lo mismo con la IA: puedes usarla, pero realizarás tareas que requieren un pensamiento mucho más complejo. Hemos elaborado un plan sobre conceptos de aprendizaje con IA en las escuelas con neurocientíficos, así como una herramienta en colaboración con Open IA. Los profesores ya se han formado bajo estos criterios y las nuevas herramientas se darán a los alumnos de secundaria, a partir de 16 años.

P. ¿Hay un límite de edad para introducir la IA?

R. No, nosotros nos hemos focalizado en la secundaria, pero la idea es extender esta nueva herramienta a cursos inferiores, aunque de una forma u otra ya están usando la IA.

P. ¿Qué mecanismos de control han impuesto?

R. Tiene el riesgo de prejuicios y alucinaciones, y podemos diseñar la IA para que esto no pase. Pero los profesores y alumnos deben conocer estos riesgos y la capacidad real de la IA. Qué puede hacer y qué no.

P. Hablemos de PISA. ¿Cuál es el secreto del éxito de Estonia en estas pruebas?

R. Hay varios aspectos. En PISA se pregunta a los alumnos si creen que la inteligencia se algo genético o que se logra estudiando. El 80% de los estonios cree que con el estudio se puede ser inteligente. Es el porcentaje más alto del mundo. Es un valor importante: las escuelas, los padres y la sociedad deben creer que la educación te da la posibilidad de convertirte en lo que quieras. En España, el 40% de los alumnos piensa que ser bueno en matemáticas es algo genético; pensar que nunca serás bueno no ayuda. Si tienes expectativas altas de los alumnos, lograrás buenos resultados. Si les dices que no merece la pena que se esfuercen, harán lo mínimo. Hay que creer en las capacidades de los alumnos y pedir el máximo. Por eso no separamos a los alumnos por niveles de rendimiento, todos van a la misma clase.

Otro elemento es que tenemos un currículo muy exigente, los estudiantes tienen que estudiar mucho y conceptos muy complejos. Tenemos el principio: aspira alto y trabaja duro. La consecuencia negativa es que, comparados con otros países, los alumnos estonios presentan altos niveles de estrés.

Con siete años no tienen por qué saber leer o escribir, su cerebro no está preparado

P. ¿A qué edad se empieza la escuela?

R. A los siete años. La clave está en qué pasa en la etapa infantil. Tenemos escuelas infantiles públicas, muy baratas. No son guarderías, sino escuelas con currículos, maestros y pedagogos. Pero allí no se imparten contenidos académicos. Con siete años no tienen por qué saber leer o escribir, se les enseña habilidades de autorregulación o socioemocionales. O sea, ser capaz de concentrarte, seguir las instrucciones, comunicarse, plantear y responder preguntas, pero también reconocer las letras y los números, saber el día que es o el trayecto de casa a la escuela. Se les prepara para el aprendizaje, porque cuando empiecen el nivel es exigente, deben aprender rápido a leer y escribir.

Otro motivo de empezar la escuela a los siete años es que te permite igualar los niveles. En infantil te llegan familias de diferente origen y condición, y retrasar la entrada a primaria te permite que todos logren el mismo nivel.

P. ¿Su escuela es inclusiva?

R. Sí, ya en infantil hay pedagogos especiales que vigilan la evolución de los niños y alertan si hay algún trastorno y se le pone el apoyo que necesita. Hay diferentes niveles de apoyo, y en el caso de grandes necesidades, el alumno estudiará en pequeños grupos de 4 o 5 alumnos, o incluso con apoyo individual. Lo organizan las escuelas, distribuyen los alumnos según los apoyos que necesitan. Requiere muchos recursos, pero es una práctica común en Estonia.

Hay que creer en las capacidades de los alumnos y pedir el máximo

P. ¿Cuántos días y horas tienen de clase?

R. En Estonia tenemos 175 días lectivos, unos de los calendarios más cortos, como en España. En cuanto a las horas de clase, el primer año son cuatro diarias y se va incrementando con los años hasta un máximo de siete horas. Pero las escuelas tienen la libertad de organizar sus horarios e incluso de implantar días de clase online, especialmente en secundaria.

P. ¿Ese nivel de estrés compensa?

R. Siempre hay debate sobre si son demasiados exámenes y deberes pero tenemos el argumento de que el cerebro no se desarrolla si no está bajo estrés, y el aprendizaje es un ejercicio estresante. La cuestión es durante cuánto tiempo. Si dura mucho y no hay pausas para relajarse, el estrés se convierte en negativo. Y otro aspecto que se debate en Estonia, y esta es una asignatura pendiente, son las actividades extraescolares, como el deporte o la música, que aleje a los alumnos de estar sentados ante una pantalla en casa.

P. ¿Los alumnos tienen ordenadores o libros?

R. Ambos. Pero el ministerio no determina las herramientas de aprendizaje, es una decisión de los profesores. La mayoría usa ambas cosas, primando los libros y la escritura manual.

P. ¿Entonces no tienen limitadas las pantallas?

R. No, es autonomía de centro. Nuestro sistema educativo es de abajo hacia arriba, lo que significa que todas las decisiones pedagógicas relacionadas con los alumnos se toman lo más cerca posible de ellos, así que es el maestro toma la decisión. El ministerio no interfiere aquí y creo que los políticos no deben interferir porque formamos a los profesores como expertos en pedagogía, ellos son los profesionales y los que conocen a los estudiantes.

P. ¿Tienen asignaturas o trabajan por proyectos?

R. Ambos. El ministerio diseña el currículo y determina qué deben haber aprendido en cada etapa, pero cómo hacerlo lo decide cada profesor, ellos escogen las herramientas y métodos pedagógicos.

P. Unos profesores con tanto poder deben estar bien formados.

R. La formación universitaria es muy exigente. Tienen que estudiar psicología, la materia que después enseñarán, comunicación, finanzas, gestión de proyectos, didáctica… Se espera que tengan conocimientos de muchos ámbitos porque son profesionales y van a ser autónomos en sus decisiones.

P. Deben ser muy respetados.

R. Sí. A lo mejor se producen incidentes pero lo que los profesores enseñan y dicen no es cuestionado por las familias.

P. ¿Están bien pagados?

R. Los maestros tienen un salario medio estatal que ronda 2.200 euros. Siempre existe el debate de si deberían cobrar más, pero después miras la vecina Finlandia, donde la docencia es la profesión más prestigiosa y demandada, y allí cobran un salario medio también. Pero no todo es el sueldo, también son importantes las condiciones de trabajo o las oportunidades laborales. Si la gente joven no elige la profesión es porque es un trabajo estresante, porque los padres son exigentes, porque las peleas con los niños, porque no se reconoce su trabajo o no pueden elegir el horario, pero no por el sueldo.

En una clase con 25 alumnos necesitas dos profesores

P. ¿A qué atribuye el retroceso de Finlandia en PISA?

R. Porque el perfil de estudiante es más diverso. En la última década han llegado muchos inmigrantes y refugiados, cosa que ha hecho que las aulas sean más diversas y eso siempre es un reto. Esto también vemos que va a pasar en Estonia, pero todavía tenemos un nivel bajo de inmigración y aulas muy homogéneas. Los sistemas educativos están fallando a los hijos de inmigrantes. Algo estamos haciendo mal porque no logramos que la educación sea un ascensor social para ellos. Si miramos PISA, estos alumnos tienen los resultados más bajos, así que tenemos que cambiar las cosas o veremos malestar en la próxima generación de inmigrantes.

P. El índice de inmigración de Estonia tampoco es tan bajo, un 15%.

R. Tenemos pocos inmigrantes, pero sí mucha población de origen ruso (25%) que no habla estonio. No son inmigrantes, pero todavía están segregados y necesitan el idioma para integrarse. Nos esforzamos porque tememos un descenso en los resultados de PISA.

P. ¿Y cómo trabajan esta diversidad?

R. Dando más autonomía a los profesores y los centros. Cuanto más estandarizado y regulado es el sistema, menos sirve al alumno. Si en una clase solo tienes alumnos españoles puedes regular de forma homogénea porque todos proceden de la misma cultura y tienen la misma lengua. Entonces puedes tener un currículo regulado o unos métodos estandarizados. Pero para la diversidad, el profesor debe tener la libertad de diversificar el aprendizaje. Y necesitas más docentes, no puedes tener uno para 25 alumnos, al menos necesitas dos.

P. ¿Hay segregación escolar?

R. Sí, en las escuelas públicas. Tenemos escuelas rusas y escuelas estonias. Pero estamos luchando contra la segregación y hemos dado la instrucción para que todas las escuelas rusas adopten el idioma y el currículo estonio. Además, muchos niños rusos se están trasladando a escuelas estonias, y es cierto que está provocando quejas de los padres de que hay demasiados rusos en la clase de su hijo.

P. ¿Se puede replicar el éxito de los países asiáticos?

R. Ellos también tienen esta mentalidad de “aspira alto y trabaja duro”. Es lo que les hace fuertes, pero yo no juzgaré si es demasiado o no. Pero hay una diferencia cultural, la sociedad asiática es muy disciplinada, pero la europea es más caótica, y para los profesores enseñar en un ambiente caótico es difícil. Necesitas que los alumnos estén calmados y centrados, y eso requiere tiempo.

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