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Kristina Ishmael, exjefa de tecnología del Departamento de Educación de EE UU: “El fervor por la IA disminuirá”

La experta asesora a ministerios para desarrollar normativas sobre la aplicación de la inteligencia artificial en las aulas: “Cambiará la forma de evaluar a los estudiantes”

Kristina Ishmael, consultora experta en educación, fotografiada en Las Ramblas de Barcelona. GIANLUCA BATTISTA

Kristina Ishmael (Arizona, 42 años), profesora y asesora educativa, pasó del aula a las responsabilidades políticas, primero como directora de tecnología educativa del Estado de Nebraska y luego dirigiendo la oficina de EdTech en el Departamento de Educación de Estados Unidos. Mientras ostentaba este último cargo, vivió el lanzamiento de ChatGPT en 2022. El anuncio causó una revolución y presume de que fue el primer ministerio de Educación en publicar un informe sobre inteligencia artificial. La agresiva política de Donald Trump acabó con el cierre de la oficina; actualmente, Ishmael, ahora convertida en expat, trabaja desde Barcelona como asesora para los ministerios de Educación de distintos países para fijar políticas entorno al uso de IA en las aulas. En febrero inauguró el Congreso Edtech de Barcelona, alabando sus potencialidades, pero con un punto de partida claro: “La IA no va a sustituir a los profesores”.

Pregunta. Usted era profesora antes de la aparición de la IA. ¿Si volviera al aula ahora, la usaría?

Respuesta. Sí, usaría IA generativa para ayudar a desarrollar planes educativos y reducir el tiempo de planificación de un montón de cosas. Así, tendría más tiempo para las tutorías individuales y para trabajar en grupos pequeños. También para adaptar las lecciones a cada nivel de los diferentes estudiantes.

P. ¿Qué potencialidades le ve a la IA?

R. Libera de algunas tareas de memoria, lo que permite tener más tiempo para el aprendizaje individualizado. En la educación superior se está usando para crear unas evaluaciones basadas en la creación. Y es que la IA cambiará la forma de evaluar a los estudiantes, como realizar diferentes tipos de producción, como crear una canción sobre algo concreto o pedir un informe oral. Porque entonces puedes saber que el alumno no está usando la IA.

P. ¿Y los riesgos? Supongo que hay muchos.

R. Sí, muchos. Hubo una escuela en California, donde algunos estudiantes crearon deepfakes [imágenes creadas con IA] de sus compañeros. La dirección no sabía qué hacer y crearon un protocolo de respuesta similar al que se utiliza con un incidente de ciberseguridad. Al final, los dos alumnos fueron expulsados y no se pudieron graduar por lo que habían hecho. Creo que la clave está en reconocer los riesgos y tener un plan para poder gestionarlos cuando ocurra un problema.

P. ¿La IA también puede crear estudiantes gandules?

R. No me gusta pensar así, pero eso plantea una cuestión muy interesante. En un momento se propuso que las habilidades de los alumnos del siglo XXI se debían centrar en la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración, la comunicación y la resolución de problemas. Esas siguen siendo las habilidades en las que realmente tenemos que centrarnos, independientemente del tipo de herramienta que llegue a nuestras aulas. Por eso, si vamos a utilizar la IA, tenemos que saber qué es lo que está introduciendo el humano; y sobre el resultado, no hay que copiarlo, sino examinarlo y ser críticos. Pero es lo mismo que cuando usamos Wikipedia u otras fuentes, hay que analizar las fuentes de referencia, y así estamos fomentando ese pensamiento crítico y ese tipo de habilidades en general.

P. ¿Y qué mecanismos tenemos para garantizar que un trabajo es del alumno y no de la IA?

R. Precisamente, voy a empezar a trabajar con el ministerio español sobre las directrices que hay que establecer para que los estudiantes y los profesores puedan utilizar la IA. Y una de las preguntas que surge constantemente es si, al utilizar una herramienta de este tipo, hay que informar a los demás de que se ha utilizado, igual que se citan las fuentes al final de un trabajo. En Australia empezaron a utilizar un semáforo con cinco niveles, y según el color se indicaba al alumno si en una tarea no podía usar la IA, o si la podía usar solo al principio para generar ideas… Así se establece un sistema con diferentes niveles de uso.

P. ¿Cuál es la edad adecuada para introducir la IA?

R. Muchas aplicaciones en la Unión Europea requieren que seas mayor de 13 años, así que es muy importante que alfabeticemos en IA a edades mucho más tempranas. En infantil, los alumnos ya están aprendiendo patrones o seriaciones, como azul-rojo-azul-rojo. Una vez que aprenden esos patrones, también se puede introducir un algoritmo, que también es un patrón. Y a una edad temprana también se puede modelar a los alumnos en el uso responsable de la tecnología para cuando ya tengan edad de usarla.

P. En España ahora se está produciendo un movimiento restrictivo de la tecnología en las escuelas. ¿Cómo se combina esto con la educación digital?

R. Este es un debate que también se produjo con la entrada de la tecnología educativa a principios del 2000, y se trata de no sustituir simplemente lo que normalmente se hace en el aula, sino en cambiar realmente la forma en que enseñábamos y aprendíamos. Yo tenía niños pequeños en clase y utilizábamos un modelo basado en la investigación. Hacíamos una gran pregunta y luego ellos utilizaban diferentes recursos, ya fuera tecnología o libros, para encontrar la respuesta. Y creo que ahora es igual. Si solo se trata de sustituir una hoja de ejercicios en papel por una digital, no está bien. Pero si fuera algo que realmente cambiara la forma en que aprenden, es una experiencia muy diferente.

En los años 60 y 70 ya existían sistemas de tutoría inteligente, una especie de IA prehistórica"

P. ¿Los profesores ya están preparados para la IA?

R. Esa es otra pieza del sistema. Una parte de ese asesoramiento sobre futuras normativas es ofrecer formación continua al profesorado, porque no se trata solo de aprender cómo funciona una herramienta y luego desearles buena suerte. Se trata de hablar sobre cómo integrar la tecnología y la IA de forma responsable, y darles apoyo continuo para casos, por ejemplo, en el que un alumno haya creado algo inapropiado. También en otras oportunidades, como planificar las lecciones o cómo diferenciar a los alumnos en función de sus niveles de capacidad.

P. ¿La IA ha llegado demasiado rápido? ¿Se siente la sociedad sobrepasada?

R. Mucho. Hace dos años un director de una editorial en Estados Unidos que trabaja en planes de estudio me preguntó: “¿Podemos apretar la pausa hasta que todos los demás se pongan al día?”. Y yo le respondí: “Ojalá pudiéramos. Pero eso ya no es una realidad”. En los años 60 y 70 ya existían sistemas de tutoría inteligente, una especie de IA prehistórica, pero la IA generativa en la que nos encontramos hoy en día ha avanzado muy rápido. También estamos viviendo un momento de gran expectación en que todo el mundo intenta ponerse al día y decir: “Estamos usando IA, sí, lo estamos haciendo”. También hay rumores de que 2026 será el año en que estalle la burbuja de la IA y creo que será interesante para nosotros averiguar si ese será el caso en la educación. Porque no va a desaparecer, solo que quizá el entusiasmo y el fervor que la rodean disminuirán bastante.

P. Como en otras ocasiones, la normativa llega lentamente.

R. Como asesora política puedo decir que efectivamente es así. A los responsables políticos les insistimos en que tienen que ser mucho más ágiles, porque la tecnología cambia muy rápidamente. Y no se trata de crear una normativa y guardarla en una estantería durante años. Es algo que hay que revisar con bastante regularidad, como mínimo trimestralmente, creando un comité o un grupo de trabajo.

P. ¿Tenemos que preocuparnos por el control de las grandes empresas privadas sobre la IA y su entrada en las escuelas?

R. Las grandes compañías ya están presentes en las escuelas, pero con la IA en la educación se han creado barreras de seguridad, lo llamamos jardín amurallado, de modo que la información permanece dentro del sistema escolar.

P. ¿La protección de datos está asegurada?

R. Hay ciertos tipos de protocolos para anonimizar datos personales. Y también hay que formar a los profesores para, por ejemplo, no incluir el nombre completo de un alumno, su fecha de nacimiento ni datos específicos.

P. ¿Le preocupan las políticas de Donald Trump en el ámbito educativo?

R. Muchísimo. En enero de 2025, durante las dos primeras semanas tras la toma de posesión, hubo varias personas que fueron cesadas, especialmente en el Departamento de Educación. Y en marzo, cerraron la oficina que yo dirigía. Así que la Oficina de Tecnología Educativa ya no existe. Es muy duro, sobre todo porque proporcionaban orientación a todo el país y ahora esa responsabilidad recae en los estados, lo que es preocupante. Mientras, siguen desmantelando el ministerio: han despedido a más del 50% del personal.

En la década de 1970, cuando se creó el Departamento de Educación, fue por los derechos civiles. Entonces, en el sur profundo de los Estados Unidos no se proporcionaba un acceso equitativo a la educación a los estudiantes de color. Cuando la responsabilidad recaiga en los estados, veremos más desigualdades y es posible que algunos estudiantes no tengan acceso a la educación pública. Y eso me aterra. Personalmente, intento luchar como puedo desde aquí, pero me mudé a Barcelona porque soy una persona queer y Estados Unidos no es seguro en este momento.

P. ¿Por qué ese desmantelamiento? ¿No quieren la equidad?

R. Eso es parte de ello. Consideran que el Departamento de Educación, a nivel federal, estaba impulsando una agenda progresista, que era demasiado liberal y que no se ajustaba a los valores cristianos tradicionales en las escuelas, a pesar de que existe una clara separación entre Iglesia y Estado.

P. Aquí tenemos un serio problema con la equidad y la diversidad en las aulas. ¿Cómo puede ayudar la IA a los maestros en la atención a los alumnos con necesidades?

R. Una de las primeras cosas para las que hemos utilizado la IA es para traducir del idioma del alumno recién llegado al nuestro. Es una forma fácil y nos permite asegurarnos de que el alumno siga el contenido de la clase sin la barrera lingüística. Otra cosa son los estudiantes con necesidades, ya sean cognitivas, físicas, autismo… Yo tengo TDAH, no lo supe hasta mucho más tarde. Creo que si hubiera tenido apoyo cuando estaba en la escuela, me habría ayudado mucho. En este caso, se trata de cambiar la enseñanza en función de lo que el niño necesita y también darles diferentes opciones sobre cómo presentar las tareas, ya sea escribiendo o cantando una canción. Hay múltiples medios de representación.

P. ¿Cómo imagina la clase del futuro? ¿Con o sin profesores?

R. Con profesores, siempre. No creo que la tecnología vaya a sustituir a los profesores porque hay ciertos aspectos de las relaciones humanas que nunca podrá sustituir. La tecnología sí puede ayudar con las habilidades básicas, como leer y escribir, para luego adquirir esas habilidades del siglo XXI, como la creatividad, la colaboración, el pensamiento crítico. ¿Y qué podríamos hacer? ¿Que los niños estén menos horas en clase? ¿Y fuera de ese horario podrían hacer prácticas? ¿Ir a una empresa a formarse? Por supuesto, dependerá de cada etapa, pero creo que hay muchas oportunidades. Veo un buen equilibrio entre la tecnología y los seres humanos, por supuesto.

P. Es muy optimista.

R. Gracias, eso es lo que me dijo una vez el presidente Biden en la Casa Blanca.

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