Los profesores de la enseñanza pública harán con una IA oficial la primera evaluación de los alumnos
El Gobierno destina 140 millones de euros a crear una herramienta para reducir la labor burocrática que soportan 575.000 profesores

Un nuevo chatbot “oficial y soberano” del Gobierno ayudará al profesorado de la enseñanza pública realizando la primera versión de las evaluaciones de los alumnos, las adaptaciones curriculares de los chavales que las necesitan, y otros documentos que los docentes tienen que redactar a lo largo del curso, además de facilitarles la creación de actividades para el aula. El llamado Programa de Inteligencia Artificial para la Educación cuenta con un presupuesto de 140 millones de euros y, según han adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del mismo, se pondrá en marcha entre este año y el siguiente. El objetivo es aliviar a los profesores de la carga burocrática, que ha aumentado a raíz de la reforma educativa y se ha convertido en una de las principales causas de su malestar según reflejan tanto las encuestas de los sindicatos de enseñanza como los estudios oficiales. El plan incluye un plan para formar a los docentes en la materia.
La actual ley educativa, la Lomloe, hizo más compleja la enseñanza, al exigir a los docentes una mirada más individualizada hacia sus alumnos; que tenga en cuenta, por ejemplo, las necesidades de apoyo educativo que presentan muchos de ellos a la hora de diseñar el trabajo en clase. También hizo más difícil el proceso de evaluación. El profesorado debe tener ahora en cuenta numerosos ítems, ponderados de forma diversa, a la hora de calificar a los estudiantes cada trimestre, un proceso que la mayoría de docentes consideran muy engorroso. El nuevo chatbot, al ser una herramienta oficial -no se comercializará ni podrá utilizarse fuera del ámbito de la enseñanza pública-, permitirá que los profesores vuelquen en él los datos del alumnado (sin incurrir en problemas de protección de datos) a la hora de hacer una primera versión de la evaluación, que deberán supervisar antes de que convertirla en definitiva.
También les servirá para crear la primera versión de los informes individuales que deben redactar sobre los alumnos al final de cada ciclo o etapa educativa, las adaptaciones de los contenidos del curso para aquellos estudiantes con necesidades específicas, las memorias anuales que elaboran los centros, y otros documentos administrativos que deben producir regularmente profesores y directores.
Al igual que otros asistentes de IA de campos específicos, como la medicina, uno de los rasgos del chatbot impulsado por los ministerios de Educación y Transición Digital será el uso de fuentes de información verificada, oficial y actualizada (como la maraña de normativa educativa estatal y autonómica, en la que muchas veces no es fácil moverse). La herramienta también ayudará a los docentes a generar actividades para el aula -unidades didácticas, situaciones de aprendizaje…-, y a diseñarlas de acuerdo con el llamado Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), es decir, con distintos formatos y niveles de exigencia para adaptarse a la diversidad de los chavales en las aulas.
El Programa de Inteligencia Artificial para la Educación también tendrá una pata destinada a las familias, que consistirá en la creación de otro asistente virtual (chatbot) oficial dirigido a orientarles con los trámites ante las consejerías de educación y los centros educativos, así como a proporcionales información específicas sobre las escuelas (las enseñanzas que ofrecen, su horario…). La herramienta, señalan fuentes conocedoras del proyecto, está pensada para guiar a progenitores y alumnos en los procesos de matriculación, la solicitud de becas y los trámites de homologación de títulos.
La creación de una herramienta oficial de inteligencia artificial oficial para los docentes fue anunciada por el presidente Pedro Sánchez en septiembre -en el mismo acto en el que adelantó la rebaja de la ratio de alumnos por clase y de las horas lectivas del profesorado-. El objetivo, según indicó entonces el Gobierno, es que el profesorado no consuma tantas energías con el papeleo y pueda centrarse en enseñar y atender al alumnado. Queda por ver en qué se concreta, y cómo es recibida por los 576.000 profesores de la enseñanza pública.
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