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José Manuel Cordero, economista de la educación: “El uso intensivo de la tecnología no contribuye a que los niños mejoren en lectura, matemáticas ni ciencia”

El investigador de la Universidad de Extremadura dirige un proyecto sobre el impacto de los dispositivos digitales en el rendimiento escolar

José Manuel Cordero en su despacho de la Universidad de Extremadura, en Badajoz, el 22 de enero de 2026.mai saki

José Manuel Cordero (Badajoz, 47 años), profesor de la Universidad de Extremadura, ha centrado su carrera profesional en la Economía de la Educación. Ahora dirige un proyecto, financiado por la Fundación BBVA, que analiza el impacto de la tecnología en el rendimiento educativo de niños y adolescentes, utilizando la información que proporcionan las grandes evaluaciones internacionales, como los informes PIRLS (sobre primaria) y PISA (secundaria). La entrevista se realiza por videollamada.

Pregunta. La parte del proyecto que ya ha concluido, focalizada en el alumnado español de 10 años, concluye que el uso intensivo de la tecnología en el aula tiene, con carácter general, “una influencia limitada o incluso negativa” en el desarrollo de la comprensión lectora. ¿Es así?

Respuesta. Sí, aunque la magnitud es pequeña, hacer un uso intensivo para determinadas tareas no está contribuyendo a la mejora de este aprendizaje. Cuando hablamos de uso intensivo, es prácticamente todos los días o varias veces a la semana.

P. Para tareas de lectura observáis “efectos consistentemente adversos” incluso en grupos de alto rendimiento.

R. Está en la línea con lo que señalan otros estudios, que apuntan a que la lectura no es igual cuando se hace en papel que en estos dispositivos. Y tampoco beneficia a los estudiantes que obtienen mejores resultados.

P. En el alumnado de nivel socioeconómico y cultural más alto, sí detectáis cierto beneficio cuando los dispositivos se utilizan para buscar información en la escuela. ¿A qué lo atribuye?

R. La interpretación que hacemos es que los estudiantes con un mayor capital cultural previo utilizan más estas herramientas en casa, y luego les sacan más partido cuando las usan en clase para actividades abiertas de búsqueda de información. Esto hace pensar que habría que adaptarse a las características del alumnado para conseguir que aquellos que no están tan familiarizados con su uso puedan llevar el mismo ritmo en el aula.

P. También parece haber una excepción al efecto general cuando el alumnado de origen desfavorecido utiliza aplicaciones específicas para la mejora de la escritura o la comprensión lectora. ¿Aquí sí se observa cierto efecto positivo?

R. Sí. Es un ejemplo de que las medidas que se concentran en los estudiantes de entornos más desfavorecidos pueden mejorar la equidad y la igualdad de oportunidades.

P. ¿Habéis analizado el efecto del uso de tecnología por parte del profesorado?

R. Encontramos una relación algo positiva, aunque la magnitud no es muy relevante, en el alumnado cuyos profesores utilizan más la tecnología para buscar información o preparar informes. Al final, lo importante en todos casos no es tanto los dispositivos sino para qué se utilizan.

P. ¿Y cuándo los chavales la utilizan en casa?

R. La información de que disponemos sobre el uso en el aula la proporciona el profesor, y se refiere a la frecuencia. Sobre el uso en casa, la información la dan los estudiantes, y lo que se les pregunta es si se consideran capacitados para buscar información en internet, identificar si una fuente de información es fiable, saber crear informes... Lo que vemos es que los alumnos que dicen estar capacitados obtienen mejores resultados, que sí se aprecia un efecto más positivo en comprensión lectora. Es verdad que puede haber un cierto sesgo, en el sentido de que quienes dicen estar capacitados para estas cosas son buenos estudiantes.

P. ¿Y respecto a otros usos de la tecnología en el hogar?

R. Entre aquellos que se declaran capaces de utilizar aplicaciones para crear o compartir vídeos, el efecto es más bien negativo. Nuestra intuición es que, aunque se les pregunta por su uso con fines educativos, es posible que en realidad sean más para ocio. O, simplemente, que ser capaz de crear y compartir vídeos no mejora tu comprensión lectora. En secundaria, donde el Informe PISA nos da información sobre el uso de los dispositivos tecnológicos para actividades recreativas, ya tenemos algunos resultados que apuntan a que utilizar dispositivos tecnológicos con gran intensidad en casa para jugar u otras formas de ocio no contribuye en nada a que mejoren.

P. ¿No puede tener la tecnología efectos positivos en competencias distintas a la lectora?

R. En el último informe PISA [que mide el rendimiento en matemáticas, ciencia y lectura], Cataluña obtuvo muy malos resultados. Pero en ICILS, que es otra evaluación internacional centrada en competencias digitales en secundaria, que se publicó poco después, Cataluña es la que tiene los mejores resultados de España. Al buscar las causas, se ve que es una de las comunidades autónomas que más ha incidido en esta competencia, con programas específicos para mejorarla tanto en los estudiantes como en los profesores.

P. Y por la información que tienen hasta ahora, ¿cuál es el efecto en matemáticas o ciencia?

R. Está en línea con el que vemos en comprensión lectora. La tendencia general es que, en el hogar, cuando los estudiantes declaran estar capacitados para utilizar los dispositivos, también obtienen mejores resultados en matemáticas y ciencias. Y en el aula, en cambio, un uso más intensivo no contribuye a una mejora del rendimiento en cualquiera de esas competencias.

P. En los últimos años, España ha destinado mucho dinero a dotar a los centros educativos de recursos tecnológicos. ¿Ha sido un error?

R. Este tipo de inversiones vienen de antes. La pandemia las reforzó porque puso de manifiesto que muchos alumnos tuvieron problemas para seguir las clases online. Y se pusieron en marcha iniciativas para mejorar la dotación de los centros y para que, en caso de necesidad, los estudiantes de menor nivel socioeconómico puedan acceder desde su hogar a las clases. Pero prácticamente desde principios de siglo se ha ido haciendo un esfuerzo inversor muy importante. Estamos en una situación en la que, en general, los centros tienen unos recursos en consonancia con los que puede haber en otros países de la Unión Europea. Y en lo que habría que poner el foco es en el uso que se hace de ello. Un debate diferente es si ha tenido sentido gastar tanto dinero si los resultados nos dicen que ese uso intensivo no contribuye tanto al aprendizaje. En todo caso, yo creo que había que modernizar las instalaciones e incorporar las herramientas. Y ahora la cuestión es intentar sacarles partido.

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