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Joan Romero, el profesor que escapó del campo por una beca y ahora las paga de su bolsillo: “La brecha hoy es poder hacer un máster”

El catedrático de Geografía Humana repasa sus casi 50 años como docente universitario tras hacer una donación para ayudar a estudiantes con pocos recursos

Joan Romero

La vida de Joan Romero estaba dirigida a trabajar en el campo. Su padre era el casero de un cortijo en Albacete y ni contaba con recursos ni tenía contactos. Pero el chaval “aprovechaba” para estudiar. Uno de esos maestros que pueden cambiar una vida insistió en el empeño de que debía continuar. Y finalmente, el chico que mostraba un temprano interés por la historia logró una de las escasas becas-salario de entonces, cumplió su sueño de ser profesor y se labró una trayectoria académica que se prolonga casi medio siglo.

El hoy catedrático emérito de Geografía Humana de la Universitat de València, de 72 años, no lo olvida. Romero anunció el pasado mes su decisión de donar 30.000 euros a la institución académica para financiar tres becas de excelencia para el próximo curso académico 2026-2027 con el propósito de que “el talento no se pierda por falta de recursos económicos”. “Soy agradecido y quiero contribuir a devolver, en la medida de mis posibilidades, lo que se me ha dado”, comenta el docente.

Hay otras razones, además de su biografía, que explican su determinación: “Desde hace un tiempo, compruebo que se va abriendo una brecha en mis clases con algunas personas que tienen una gran capacidad, un buen expediente, pero cuando llegan a cuarto, ya no pueden hacer el máster, porque no les da. La brecha hoy es pagar un máster”.

Una brecha que se ensancha cuando los estudiantes con menos recursos se han de desplazar de su domicilio familiar y deben afrontar el pago de la estancia en una ciudad universitaria, con los precios disparados en los alquileres de habitaciones en pisos compartidos o en residencias. “El problema entonces se agrava para esas familias. Si al menos puedo ayudar a tres de sus hijos o hijas...“, apunta sobre su iniciativa que ha llamado la atención en una sociedad muy poco acostumbrada a las donaciones al sistema universitario, a diferencia del modelo anglosajón.

Las ayudas se han diseñado para apoyar a estudiantes de nuevo ingreso que presenten las mejores calificaciones en las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), pero que pertenezcan a familias con bajos recursos económicos. La dotación cubrirá tanto los costes de la matrícula de grado como los de máster. Los beneficiarios serán alumnos matriculados en grados donde Romero ha impartido clase: Geografía y Medio Ambiente, Periodismo y el doble grado en Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración.

Romero pertenece a esa generación “de hijos de trabajadores que pudieron llegar a la universidad”, como otros colegas, gracias también al apoyo de sus familias, y en este sentido no se considera ninguna excepción. Vivió desde dentro la etapa del “gran salto de la democratización de la universidad española” en los años ochenta y la extensión de las becas. “Hubo un cambio espectacular: la universidad deja de ser elitista, las clases trabajadoras se incorporan y muchos acaban siendo profesores”, comenta en la cafetería de la facultad de Derecho de Valencia.

Conoce bien el mundo de la educación como docente investigador y también desde una perspectiva política. Fue secretario general técnico del Ministerio de Educación con Felipe González, y posteriormente, consejero de Educación en la Generalitat con Joan Lerma. Además, ejerció de secretario general del PSPV-PSOE entre 1997 y 1999, año en que abandonó el partido, tras una traumática experiencia orgánica, dedicándose por completo a la universidad.

“Veo que se está abriendo un brecha y el modelo empieza a deshilacharse con la entrada del mercado en la universidad. ¿Y dónde entra el mercado? Donde hay negocio: en residencias, en másteres y en algunos grados. Por ejemplo, en Medicina. Es cierto que es complicado ampliar las plazas de Medicina en las universidades públicas, pero no es menos cierto que como hay pocas, las universidades privadas ofertan las formaciones de medicina con precios que se van a más de 100.000 euros para hacer un grado. ¿Quién lo puede pagar? Solo unos pocos y por ahí el modelo se deshilacha“.

“Los poderes públicos", prosigue su análisis Romero, “tendrían que estar más atentos”. “Hay que hacer un mayor esfuerzo en becas, pero en becas buenas, reales, que no deben ser inferiores a 10.000-12.000 euros para que un chico o una chica puedan hacer un grado y pagarse el master o puedan pagarse un grado y la estancia, si no vive en el área metropolitana. Creo que las universidades públicas podrían tener residencias o buscar fórmulas flexibles con residencias privadas para favorecer a la población de rentas más modestas. Y en los masters, que se están yendo de las manos, se tendría que compensar de alguna manera a aquellos estudiantes sin recursos para poder cursarlos”.

La oferta de másteres privados ya es mayor que la de los públicos en España. Y el número de universidades privadas (46) está apunto de superar al de las públicas (50). Se está produciendo un vuelco. “Más allá de cómo se creen algunas de estas universidades privadas con requisitos tan flexibles que son academias con un poco más, está en peligro el modelo y la educación es el valor más democrático que existe”, advierte Romero. “Se debería revisar el modelo y requerir una mayor financiación del sistema público universitario español”, sostiene.

Enseñanza presencial

Defensor de la enseñanza presencial, se muestra crítico con la mercantilización de la enseñanza online y, al mismo tiempo, con “la rigidez” en la forma de actuar de las universidades públicas para afrontar los cambios de la sociedad y ajustarse a las necesidades del sistema productivo. “Creo que somos bastante buenos en explicar procesos y en criticar las cosas que ocurren fuera, pero a veces no somos suficientemente críticos para analizar nuestras propias dinámicas internas”, afirma sobre la falta de autocrítica que se le achaca a menudo al estamento académico. “La universidad española es como un gran transatlántico. Pasan los rectores y rectoras y el transatlántico apenas vira tres grados. Y la sociedad a lo mejor ha virado 25″.

También está cambiando el papel de preceptor, de auctoritas, de la universidad. Desprestigiarla renta, como demuestra la acción política de la ultraderecha y, en especial, de Donald Trump, presidente de EE UU. “Los cambios generales han hecho que la figura clásica del profesor, no digamos del intelectual del siglo XX, decaigan. Las redes sociales han cambiado el mundo y ahora un intelectual por muy prestigioso que sea puede ser contraargumentado en TikTok por un influencer de cualquier parte del mundo con mucha más audiencia. Esto no es una casualidad. La Internacional Reaccionaria, que tiene su base física en la Casa Blanca e intelectual en la Heritage Foundation, ha puesto en marcha una operación que consiste en deslegitimar aquellos grandes mediadores de las sociedades que son los que han conformado estructuras sociales democráticas. Me refiero a las universidades y los medios de comunicación tradicionales, que son sus verdaderos adversarios para diluir la democracia desde dentro. De modo que el conocimiento científico pasa a ser un argumento tan válido como cualquier otro, aunque este sea falso, pero circula por las redes sociales. Vivimos un momento autoritario, claramente”.

En este contexto, el “papel de la universidad es complicado, pero debe volver a lo básico”, opina. “Aún tiene sus altavoces y, aunque debemos ser modestos y reconocer que su influencia ya no es la misma que hace dos o tres décadas, no hay que olvidar que sigue formando a una parte de los ciudadanos. Y ese papel sigue siendo importante”.

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