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Bachiller Sabuco: así trabaja un instituto que confía en su alumnado

Un instituto público situado en el casco histórico de Albacete convirtió el agua en eje de un congreso de estudiantes y en pretexto para investigar, explicar y discutir problemas reales

El instituto público Histórico Bachiller Sabuco de Albacete presenta una experiencia muy inspiradora: la celebración, en marzo de 2025, de un congreso de estudiantes, titulado: “El agua como fuente de conocimiento. Exploraciones educativas”. Fue una obra colectiva que movilizó a 420 estudiantes de ESO y Bachillerato y a 35 docentes.

José Eduardo Córcoles, profesor de Geografía e Historia, comenta: “Para mí fue muy alentador ver cuántos compañeros se implicaban. Todos los departamentos didácticos estuvieron representados. Me sentí muy orgulloso de la actitud y del trabajo de los estudiantes. Ellos fueron, de verdad, los verdaderos protagonistas”.

Como coordinador del congreso y convencido del valor de investigar la práctica, el profesor Córcoles subraya la decisión del instituto de vincular enseñanza, investigación y divulgación: “En mi centro, como en otros de secundaria, se tiende más a enseñar a investigar que a enseñar a presentar y divulgar los resultados. Esa parte se suele dejar para la universidad. Con esta experiencia empezamos a pensar que no debía ser así”.

La preparación de los trabajos expositivos y talleres implicó a más del 60% del claustro y, el día de la celebración, casi la totalidad del profesorado asumió tareas de preparación de espacios, presentación y resolución de imprevistos.

El proyecto se abrió también a otros sectores de la comunidad educativa. Familias y otros agentes comunitarios colaboraron para que el congreso funcionara como un evento real, no solo como una actividad interna. “Organizar un congreso con la participación de tantos estudiantes no es nada fácil, y no es algo que puedan hacer solo dos profesores, se necesita a buena parte de la comunidad”, afirma Córcoles.

El instituto pasó de impulsar un proyecto puntual a actuar como nodo articulador de familias, empresas e instituciones. Una red que fortalecía el sentimiento de comunidad en torno a un bien común: la formación de los estudiantes. El resultado fue un congreso sólidamente organizado, de gran valor formativo.

Resulta llamativo que un instituto situado en pleno centro de la ciudad, con las limitaciones de espacio público y de habitabilidad que eso implica, mantenga viva una comunidad tan activa, capaz de llenar de vida un edificio del 1931. “Alguien tiene que tirar hacia delante, pero que des un primer paso y te sientas tan bien acompañado, es un orgullo”, manifiesta Córcoles.

Fue gratificante observar la reacción de los estudiantes, mezcla de sorpresa y orgullo, ante las muestras de interés de las autoridades por su trabajo. Una buena manera de comprobar que lo que hacen en el instituto importa. Julián, alumno de 1º ESO, que presentó un trabajo sobre las civilizaciones del agua, dice: Me sentía muy importante. Al principio no quería hacerlo, pero ahora siento que me han escuchado”.

El alumnado asumió distintos roles, y uno de los más demandados fue el de periodista encargado de cubrir lo más relevante del congreso.

Del aprendizaje investigador a la divulgación: un congreso escolar en torno al agua

El proyecto buscaba incorporar al currículo un marco metodológico de aprendizaje autónomo, indagador y activo, que favoreciera el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la resolución de problemas y la divulgación científica.

La temática escogida reunía dos rasgos esenciales. Su carácter transversal permitía trabajar desde Geografía, Biología, Física, Química, Literatura o Arte y practicar un enfoque interdisciplinar. Al mismo tiempo, al ser un recurso esencial en el entorno, permitía conectar los aprendizajes con la vida cotidiana.

El proyecto contemplaba dos grandes operaciones, una primera, de trabajo investigador, en la que el alumnado estudió el agua aplicando el método científico; y una segunda, de desarrollo de formatos de comunicación y divulgación, dedicada a la preparación del congreso.

El alumnado presentó sus investigaciones en formato ponencia, taller o póster ante un foro integrado por otros estudiantes, profesorado y familias. Se desarrollaron más de 60 investigaciones, de las cuales cerca de 50 fueron ponencias. La organización se apoyó en acreditaciones y agrupamientos internivelares de 15 estudiantes que mezclaban alumnado de distintos cursos.

Para muchos, todo aquello suponía entrar en un terreno desconocido de aprendizaje y creación. “En los primeros momentos, cuando se dio a conocer al alumnado la iniciativa, algunos estudiantes preguntaban sonriendo: ‘¿Qué es un congreso, profe?’ En realidad, pocos sabían lo que era. Pocos reconocían que, en su familia, alguien hubiera asistido a alguno; no sabían explicar en qué consistía”, comenta Córcoles.

María, de 4º de ESO, dijo la víspera que no quería exponer porque le daba vergüenza. Al terminar, salió del aula con una sonrisa: había superado el miedo escénico y comprobado que podía defender una posición ante otros.

En el trasfondo de todo esto hay una manera concreta de entender la educación y la tarea docente.

Conocimiento, interpretación y poder. Claves para una ciudadanía crítica

La educación tiene sentido cuando ayuda a abrir horizontes. En uno de los talleres del congreso sobre agua y agricultura en un escenario de cambio climático, uno de los estudiantes pregunta: “¿Cómo se podrían regar las plantas usando menos agua y sin que se sequen? Y si cada vez hay menos agua por el cambio climático, ¿qué podemos hacer para seguir teniendo comida en un futuro?”

Aprender a formular buenas preguntas es esencial para su formación como personas críticas y autónomas y para desvelar el sentido y las consecuencias de una determinada realidad. Educar es enseñar y aprender a emanciparse, desmontar prejuicios y ensayar una libertad que se construye paso a paso, a veces con dudas, a veces con torpeza, casi nunca sin conflicto.

De ahí que el aprendizaje no pueda ser lineal, sino complejo. En cada campo de conocimiento coexisten diversas corrientes de pensamiento y paradigmas que interpretan la realidad de formas diferentes. Es una tarea esencial, si la educación pretende formar a la ciudadanía, abrirse a discursos diversos.

Para avanzar en esa dirección, es preciso cultivar la escucha y el respeto y tomar conciencia de la dimensión interpretativa, relacional, y política de cualquier afirmación. De ahí el valor de aprender a contrastar datos y resultados de la investigación para desvelar intereses egoístas, argumentos débiles o efectos mínimos que se convierten en grandes titulares al servicio de ciertas narrativas sobre creencias interesadas.

En este marco, el enfoque interdisciplinar deja de ser accesorio y se hace imprescindible: poner a dialogar a quien trabaja con datos, a quien observa paisajes y a quien estudia biografías. Para desplegar acciones de cierto calado necesitamos algo más que un agregado de distintos campos artísticos, humanísticos y científicos.

Todo esto apunta a la idea del conocimiento como construcción social y a la necesidad de marcos metodológicos que hagan de la duda y la curiosidad actitudes básicas y favorezcan una defensa fundamentada y colectiva de conceptos, problemas e hipótesis, más próxima al debate vivo que a una lección cerrada.

El recurso del que se valieron en el instituto Histórico Bachiller Sabuco para llevar esta concepción a la práctica fue la preparación y celebración del congreso de estudiantes: “Los pasillos del centro parecían los de un instituto universitario. Decidimos trabajar con la acepción más activa y transformadora de la condición de aprendiz”, recuerda Alfonso Cebrián Rey, uno de los docentes impulsores.

Desde esta argumentación de fondo se entienden muchos de los propósitos del proyecto: aplicar el método científico para detectar problemas del entorno, formular hipótesis y proponer soluciones, fomentar el trabajo interdisciplinar e internivel y favorecer un clima de colaboración y convivencia en el centro. En palabras de Cebrián: “El trabajo internivelar e interdisciplinar era otra de nuestras prioridades al diseñar el congreso”.

A estos propósitos se suman los de dotar al alumnado de herramientas para identificar sesgos cognitivos y desinformación, promover su creatividad, autonomía y sentido de responsabilidad social y establecer un marco de colaboración con otras instituciones de la comunidad educativa que enriquezcan la experiencia de aprendizaje.

Entre otros agentes, el AMPA jugó un papel clave como dinamizadora de procesos de evaluación participativa. Consiguieron, también, la colaboración de la universidad, centros de investigación, administraciones y organizaciones sociales.

El proyecto se ocupó, además, del aprendizaje de la divulgación mediante el uso de distintos lenguajes, formatos y herramientas de comunicación, tanto virtuales como presenciales, e implicó a las familias no solo como público, sino como parte de la conversación educativa.

En conjunto, se trata de una apuesta ambiciosa por formar ciudadanos que piensan y discuten sobre bienes comunes, abiertos a discursos diferentes y que buscan, junto a otros, formas más justas de organizar y construir la vida en sociedad.

La ejecución: desde la pregunta científica a la ponencia pública

La puesta en marcha del congreso exigió una fase colectiva de diseño: definir el tema, distribuir los trabajos entre docentes y estudiantes y coordinar a los departamentos para aportar miradas interdisciplinares sobre el agua.

En octubre de 2024 se acordaron los formatos de presentación de las investigaciones. Siguió otro momento de difusión con concursos de logotipos y carteles, comunicaciones a las familias, difusión en redes y contactos con organismos y empresas.

En una fase posterior, ya centrada en la organización del congreso, se detallaron las modalidades de participación: ponencias en salas paralelas, pósteres en los pasillos, talleres externos e internos, actuaciones grupales y exposiciones fotográficas.

Por último, se fijaron los tiempos de exposición, el uso de herramientas TIC y la programación. Algunos títulos de ponencias y talleres son ilustrativos de la amplitud de la actividad investigadora: desde estudios sobre la concentración del oxígeno en las fuentes y estanques de los parques de Albacete, la relación entre la dureza del agua y el consumo de agua embotellada, los riesgos de inundación, la huella hídrica o la presencia del agua en la literatura y en el arte, propuestas teatrales como El agua nos salvará, musicales como Bridge over Troubled Water, hasta Poemas del Agua, interpretados por estudiantes del programa de diversificación.

La catástrofe que se cuenta y la esperanza que se practica: cuando todo “va mal” pero en las aulas pasan otras cosas

El relato de que nuestro sistema escolar es una catástrofe ocupa titulares, tertulias y mensajes furibundos en redes sociales. Utilizan esta imagen para reclamar recetas selectivas y autoritarias. No tienen en cuenta a los que más sufren sus consecuencias, el alumnado con menos recursos.

Si estudiamos la historia con perspectiva, comprobamos que en otros momentos de crisis hubo personas y movimientos que eligieron no engañarse. Tras la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, corrientes artísticas como el surrealismo y, en educación, la escuela nueva, miraron la realidad de frente, la denunciaron y, al tiempo, mantuvieron una tenaz esperanza en el cambio.

Frente a la visión derrotista, la respuesta pasa por vivir la profesión con rigor y compromiso y seguir abriendo caminos de aprendizaje para todos. Lo que hemos narrado del instituto Bachiller Sabuco va en esa línea: no son grandes gestas, son acciones concretas, tiempos compartidos entre docentes y estudiantes, pasillos llenos de actividad y una discreta alegría cuando las cosas salen bien.

Estas escuelas existen hoy y ‘Escuelas en red’ quiere hacerlas visibles. Falta reforzar los movimientos que las sostienen y conectan y anclar la teoría crítica de la educación en la práctica de quienes trabajan en aulas cada vez más exigentes. Se necesita el apoyo de las administraciones, con decisiones que mejoren las condiciones de los centros y del trabajo docente, respalden las iniciativas comprometidas, más allá de las erráticas y cómodas políticas de premios al “mejor”, y alimenten la confianza en el cambio en lugar del miedo y la resignación.

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