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John Deere: el gigante de los tractores tropieza con la geometría del caos

El líder mundial de maquinaria agrícola prevé que la guerra arancelaria tenga un impacto de unos 1.200 millones de euros en sus resultados

John Deere

Desde hace un tiempo, hablar del efecto mariposa es un cliché que se utiliza para explicar casi todo lo que sucede en el mundo. El término es relativamente joven y rompió con siglos de pensamiento científico tradicional que creía que el universo funcionaba como un reloj predecible. En los años sesenta, Edward Norton Lorenz descubrió que variaciones mínimas —como una partícula de polvo sobre la Torre Eiffel— hacían enloquecer al clima, lo que fundó la teoría del caos. No es desorden, sino una sensibilidad extrema en la que leyes simples generan complejidad infinita, justo como sucede con los aranceles de Donald Trump. Esta perturbación proteccionista, por ejemplo, ha asfixiado primero al campo, obligando a los agricultores a abandonar la compra de maquinaria nueva y refugiarse en el alquiler ante el alza de los costes de producción. El golpe ha alcanzado a la industria, donde gigantes de la maquinaria agrícola, como John Deere, anticipan un año complejo, con perspectivas menos halagüeñas y llenas de incertidumbre. La geometría del caos.

“Una decisión impulsiva, tomada por muy pocas personas o incluso por una sola, puede desenca­denar enormes disrupciones en las cadenas de suministro, las materias primas y el comercio internacional”, dice Eduardo Martínez de Ubago, director de Negocio de John Deere Ibérica. En EE UU y Canadá, de donde proviene un 60% de los ingresos de la compañía, los agricultores están teniendo problemas de liquidez debido a los precios débiles de varios cultivos como la soja y el maíz. El año pasado, a medida que Washington intensificaba la disputa comercial, Pekín empezó a cortar importaciones de soja americana (sustituyéndola por la brasileña). Ello creó un superávit y una caída en los precios, que se han recuperado un poco conforme China reanudó las compras a finales de 2025.

Dicho escenario presionó a los productores con problemas de liquidez a retrasar el reemplazo de equipos como tractores y cosechadoras. A John Deere esto le ha pasado factura. Las decisiones arancelarias le han costado 600 millones de dólares (unos 200 millones por trimestre) en el ejercicio fiscal de 2025, según ha reconocido públicamente la firma. Este año, la sangría no parará. La compañía espera que el impacto en el año fiscal 2026 sea de unos 1.200 millones de dólares. Los ingresos netos anuales para este ejercicio fiscal estarán entre 4.000 y 4.750 millones de dólares, por debajo de las estimaciones de los analistas de 5.330 millones de dólares, según Reuters. “La volatilidad en empresas muy grandes hace mucho daño”, recalcó Martínez de Ubago. El golpe en el balance global es nítido, pero desde John Deere se afronta con serenidad.

El bache está digerido y, lo que es más importante, comunicado a los mercados, reconoce el directivo español. El paisaje que describe, sin embargo, va más allá de un chaparrón. El cambio se percibe como una corrección significativa tras un ciclo de bonanza. El sector de productos agrícolas y, por arrastre, el de maquinaria, venían de años de fortaleza. Ahora toca ajustar las velas. Martínez de Ubago reconoce que cualquier turbulencia en la cuenta de resultados de sus clientes, los agricultores, se traslada sin filtros a las fábricas de la compañía. El mapa de John Deere, a pesar de ello, presenta una anomalía positiva en este lado del Atlántico. Mientras el mercado global se contrae, España parece vivir en una realidad paralela. “2025 fue un año muy bueno”, recalca. “Hemos tenido una de las dos mejores cosechas desde hace muchos años. Una cosecha histórica de cereal”, afirma. A diferencia de otros mercados en los que el pesimismo ha calado hondo, en España la situación de la ganadería de carne y leche también atraviesa un momento de calma.

A pesar de que los precios internacionales del grano no son boyantes, el volumen de la producción ha compensado la ecuación, permitiendo que el sector cierre un ejercicio sólido, con la única excepción de zonas puntuales de viñedo. Esta bonanza local refuerza la posición de España en el tablero. En la clasificación europea, el mercado nacional se ha consolidado en un cuarto puesto tras Alemania, Francia y el Reino Unido. “España sigue siendo un mercado muy importante, especialmente debido al peso de los cultivos extensivos, en los que la maquinaria tiene un mayor valor económico”, abunda Martínez de Ubago. El objetivo de la firma es seguir creciendo, pero poniendo mucha más tecnología al servicio de sus usuarios. “Invertimos más de 2.000 millones de dólares al año en innovación y desarrollo”. La clave de esta inversión reside en la metamorfosis del sector, donde más allá de la maquinaria de lo que realmente se habla es de agrotecnología.

Un factor clave

La capa digital se ha convertido en el factor determinante para la supervivencia financiera de las explotaciones, ya que permite optimizar cada insumo. Martínez de Ubago detalla que la agricultura de precisión no es un lujo estético, sino una herramienta que genera ahorros directos del 10% en semilla y del 15% tanto en fertilizantes como en fitosanitarios y combustible, lo que mejora de forma inmediata la rentabilidad. “La capa tecnológica es lo más importante porque es lo que permite a nuestros clientes ganar más dinero”, explica. Esta visión busca superar la barrera del tamaño de la explotación para que la tecnología deje de ser patrimonio exclusivo de los grandes terratenientes. Según indica, el objetivo es que el agricultor medio y el pequeño puedan acceder a estas herramientas, elevando el nivel de profesionalización del sector en su conjunto. Un tractor, por muy avanzada que sea su transmisión, sigue siendo una máquina convencional hasta que incorpora el guiado automático y el control de secciones que evitan solapes innecesarios.

La estrategia de la compañía se basa en un mensaje de pragmatismo: no es imprescindible renovar toda la flota para entrar en la nueva era. Martínez de Ubago subraya que estos sistemas pueden integrarse incluso en tractores de hace 20 años, lo que permite una transición tecnológica más amable para el bolsillo del productor. Sin embargo, el horizonte que la empresa traza va mucho más allá del mero guiado por satélite. El tractor del futuro se perfila como una unidad autónoma y electrificada, un sistema que no solo prescinde del conductor, sino que también dispone de una capacidad de decisión propia. “El tractor del futuro será autónomo y altamente electrificado. No se trata solo de que se mueva sin conductor, sino de que sea capaz de tomar decisiones y ejecutar trabajos complejos”, adelanta Martínez de Ubago.

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