Las inversión productiva, presa de la incertidumbre
Las empresas invierten menos que hace un lustro y acumulan 379.000 millones en depósitos


La economía española sigue viviendo un momento dulce, y es muy probable que los datos de actividad y del mercado laboral que se darán a conocer esta semana avalen la sensación de resistencia ante los desvaríos globales. La transición de un sistema multilateral basado en reglas a otro gobernado por las asimetrías de poder y las demostraciones de fuerza bruta han traído consigo un parón del motor exterior de la expansión, pero los hogares siguen consumiendo y las administraciones ejecutando con holgura el remanente de fondos europeos todavía disponibles.
La anomalía viene de la inversión privada, caracterizada por una atonía que no encuentra explicación fácil (mientras que la tardía recuperación de la inversión residencial, elemento nuclear de la crisis de vivienda, tiene causas conocidas). La economía ha crecido un 10% desde el trastorno de la pandemia, en tanto que la inversión empresarial ha caído un 3,4%, descontando la inflación (comparando la media de los tres primeros trimestres de 2025 con el mismo periodo de 2019).
Un repunte es perceptible, pero la sensación de debilidad no se disipa: la inversión empresarial se ha incrementado en los últimos dos años a un ritmo inferior al PIB, cuando una relación inversa, es decir, de amplificación del ciclo, era lo lógico habida cuenta del vigor de la expansión. En la expansión anterior a la crisis sanitaria, la inversión privada creció un 20% más que la economía, y una elasticidad de magnitud similar se observa también en los momentos expansivos en el conjunto de la UE.
Además del tirón de la economía, la política económica ha sido propicia a la inversión. El programa Next Generation prometía un potente efecto tractor de los fondos europeos, al tiempo que el BCE ha abaratado el precio del dinero, facilitando el acceso al crédito de empresas y hogares. Pero el doble impulso fiscal y monetario ha redundado en un incremento del ahorro, mermando los recursos disponibles para potenciar la capacidad productiva del país. Las empresas han optado por desendeudarse, y por acumular nada menos que 379.000 millones de euros en efectivo y depósitos. Es decir, la liquidez acumulada asciende a cerca del 23% del PIB, un punto y medio por encima de la media de lo que va de siglo, algo que puede sorprender: el efectivo y los depósitos entrañan una rentabilidad cuasi nula, inferior en muchos casos al rendimiento observado de la inversión productiva.
Semejante volumen de liquidez no solo obedece a las necesidades de tesorería, también traduce la cautela del tejido productivo, en un entorno marcado por la incertidumbre. Invertir es apostar por el futuro, pero el horizonte está plagado de incógnitas. Las alianzas que habían asegurado una cierta previsibilidad parecen volatizarse, al tiempo que aflora la dependencia tecnológica, energética y militar de Europa. La prudencia es, por tanto, comprensible, pero las empresas españolas parecen más proclives a ese comportamiento que sus homólogas europeas: éstas realizan un esfuerzo de inversión mayor, y su deuda se aligera con más lentitud que en España.
Todo ello apunta a la existencia de factores internos de incertidumbre. La sucesión de prórrogas presupuestarias tiene el inconveniente de generar dudas acerca del marco tributario y legal que prevalecerá en los próximos años, pudiendo ser visto como un riesgo. Otro freno nace de la complejidad de los trámites de solicitud de los fondos europeos, así como de la lentitud percibida en relación a su desembolso. Por otra parte, el clima de incertidumbre puede pesar más en las iniciativas de las pequeñas empresas, que son las que componen el grueso del tejido productivo español, y que se enfrentan a dificultades específicas para acceder a fuentes de financiación estable. El fondo de inversiones recientemente anunciado por el Gobierno debería abordar estos frenos para animar la inversión empresarial, eslabón débil del ciclo expansivo. La previsibilidad es tan importante, sino más, que el dinero prometido.
Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En X: @RaymondTorres_
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