La hambruna que viene
Por el estrecho de Ormuz transitan el 35% de los fertilizantes fundamentales para la agricultura


La consecuencia más dramática de la guerra ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán es la hambruna que provocará en África y Asia por la falta de fertilizantes tras el cierre del estrecho de Ormuz. Este corredor estratégico permanece bloqueado por Teherán desde el 28 de febrero, salvo 24 horas durante el pasado fin de semana, como respuesta a la agresión injustificada. La guerra ha causado ya más de 6.000 muertos, la mitad en Irán y 2.290 en Líbano.
Aunque la atención está fijada en la crisis energética por el cierre de una vía por la que circulan el 20% del petróleo y del gas natural mundial, el mayor riesgo es humanitario y deriva de la falta de fertilizantes. Por el estrecho de Ormuz transitan el 35% de los fertilizantes fundamentales para la agricultura. Su carencia puede provocar una caída de los rendimientos del 50% de la producción de cereales en las principales regiones de África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El análisis del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, (WFP por sus siglas en inglés) indica que más de 45 millones de personas podrían verse afectadas por la inseguridad alimentaria aguda o una situación aún peor si el conflicto no termina a mediados de año y los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100 dólares por barril. El precio del barril se ha situado en una media de 121 dólares por barril en abril, tras alcanzar un máximo de 138 dólares el pasado día 4. Antes del conflicto, unas 318 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria, según Naciones Unidas.
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, ha advertido de que una interrupción prolongada del comercio a través del estrecho de Ormuz podría provocar una “catástrofe” alimentaria a nivel global. El tiempo corre, porque todo lo que se relaciona con el sistema agroalimentario está vinculado al calendario [de las temporadas de siembra] de cultivos”.
El ingeniero agrónomo Pablo Resco Sánchez, responsable de Estrategia Agroalimentaria en Plataforma Tierra, (Grupo Cooperativo Cajamar) ha recordado que “sin fertilizantes nitrogenados sintéticos, la agricultura mundial perdería una parte decisiva de su capacidad productiva: las estimaciones más citadas sugieren que hoy sostienen la alimentación de cerca de la mitad de la población mundial y que, sin ellos, las cosechas globales serían aproximadamente la mitad de las actuales”.
Por Ormuz transita el 43% de las exportaciones mundiales de urea y el 44% del comercio global de azufre.
La fabricación de fertilizantes nitrogenados sintéticos (nitrato, amoníaco y urea) requiere una gran cantidad de energía que se obtiene principalmente con la quema de gas natural. Debido al bajo precio del gas en Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos estos países se han convertido en los grandes productores de fertilizantes nitrogenados. El problema es que mientras la Agencia Internacional de la Energía toma medidas (liberación de reservas) ante la falta de petróleo no existe ningún organismo que prevea la carencia de fertilizantes.
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