El riesgo de falta de combustible amenaza al sector aéreo en puertas del verano
España escapa de momento a las señales de déficit de fuel, mientras se anuncia un racionamiento en aeropuertos italianos y las principales aerolíneas revisan sus estrategias por la guerra de Irán y las subidas de precios


La preocupación en el sector aéreo español se ha disparado ante la grave crisis energética internacional, la incertidumbre sobre el desenlace del conflicto en Oriente Próximo y la cercanía de un verano que se preveía récord de demanda. Se acumulan indicios que apuntan a un déficit de combustible de aviación en muy diversos mercados, lo que obligaría a racionamientos y a una batalla comercial sin precedentes por el fuel para aviación.
Ryanair ha adelantado la posibilidad de recortar producción si se prolonga la guerra en Irán más allá de este mes de abril; Volotea cancela ya algunos de los vuelos programados para próximas fechas, y este fin de semana se ha distribuido la primera nota oficial sobre restricciones de queroseno en Europa. El anuncio parte de la petrolera BP en Italia y activa la alarma en los aeropuertos de Milán Linate, Bolonia, Treviso y Venecia. Todo ello después de que los tanques de fuel estén bajo mínimos en distintos países de Asia por el bloqueo del Estrecho de Ormuz al paso de petroleros.
Tras un 2025 sobresaliente en resultados económicos, de la mano de una demanda fuerte, las compañías aéreas cierran un primer trimestre de 2026 afectado ya por el alza del precios del combustible, situación que no hace más que complicarse. “El transporte aéreo ha estado fuerte hasta el conflicto en Irán y hay temor sobre lo que puede pasar si continúa. La subida de precios está impactando en los márgenes y viene un periodo de demanda pico en el que el suministro de jet fuel podría no estar asegurado”, lamenta un directivo que pide anonimato desde una de las principales aerolíneas españolas.
Según ha podido saber EL PAÍS, el gestor aeroportuario Aena pasó revista antes de Semana Santa a cada uno de los puntos de la red española sin constatar problemas en el suministro de combustible. Esta semana, indican fuentes internas de la compañía, se lleva a cabo el mismo análisis para actualizar la información. Exolum, operadora del sistema de distribución de fuel desde las refinerías hasta las pistas, confirma que el suministro en los aeropuertos donde opera, tanto en España como en otros países europeos, “se mantiene con normalidad y con niveles de stock habituales”, afirman fuentes oficiales de la compañía.
“Desde el punto de vista del suministro, el sistema funciona con normalidad. Las refinerías están cumpliendo los planes de bombeo y tanto las entregas como las importaciones se desarrollan según lo previsto, sin incidencias relevantes”, añaden. Desde Exolum se pone de manifiesto que “la actividad de queroseno a 26 de marzo se sitúa por encima de la del año pasado”. España escapa, de momento, de la tensión que impera en otros países, como Reino Unido.
En el grupo IAG, propietario de las españolas Iberia, Vueling y Level, además de la británica British Airways y la irlandesa Aer Lingus, se sigue la situación al minuto. En el mercado se espera un anuncio suyo sobre expectativas debido a la exposición de Reino Unido a la crisis y al impacto que la escasez de fuel puede tener en las operaciones hacia Asia.
Un portavoz de Volotea insiste desde el miércoles en que la compañía está contactando con los pasajeros afectados por cancelaciones, que se han explicado por la subida de precios del jet fuel, “para que puedan reorganizar sus planes de viaje e informarles de las opciones disponibles, entre ellas, cambiar sus vuelos sin ningún coste adicional o solicitar el reembolso completo”. Desde la empresa se argumenta que los ajustes son necesarios “para garantizar la estabilidad operativa y poder seguir ofreciendo un servicio sólido, minimizando el impacto mientras dure el conflicto”. De momento está afectada una porción mínima (alrededor del 1%) de su operativa en Francia, Italia y España, sus principales mercados, hasta el cierre de la temporada de verano.
El transporte aéreo está en vilo desde el mismo momento en que Estados Unidos e Israel atacaron Irán, desencadenando inmediatos cierres en espacios aéreos de Oriente Próximo y una escalada en la factura por combustible. El índice Argus U.S. Jet Fuel explicita un encarecimiento del 135% en el fuel desde el 1 de enero, y el monitor sobre precios de la asociación de aerolíneas Iata indica que la subida en marzo ha sido del 104%. Las coberturas financieras sobre la cotización del crudo alivian en parte a las mayores aerolíneas europeas en un horizonte de meses, pero no ante problemas de repostaje por el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz.
En el caso de los aeropuertos servidos por BP en Italia, en los que se advierte de problemas de abastecimiento, se ha decidido priorizar el suministro hasta el próximo jueves a vuelos médicos, estatales y a los de más de tres horas de duración, mientras que el resto queda expuesto a limitaciones. El recorte en la oferta de vuelos de corto radio podría estar servido, aunque la autoridad italiana de Aviación Civil, ENAC, intenta tranquilizar al afirmar que las estrecheces están más relacionadas con la alta demanda de la Semana Santa que con la situación en Ormuz.
Falta saber, por tanto, si la crisis va a durar días o se extenderá durante semanas, e incluso dejará aviones en tierra el próximo verano. “Confiamos en que la guerra termine antes de eso [por las restricciones en el suministro] y que los riesgos desaparezcan”, dijo el pasado miércoles el consejero delegado del grupo Ryanair, Michael O’Leary, en una entrevista concedida a Sky News.
Esta crisis ya es la más preocupante para el sector aéreo desde la pandemia, entre cancelaciones de vuelos afectados por el cierre de espacios aéreos, la subida de costes y ahora el riesgo de sequía de queroseno. En una primera fase de esta situación de apuro han sido las aerolíneas asiáticas, las primeras en notar la carencia de combustible, quienes han tirado de la demanda en otros puntos del globo incidiendo en la escalada de precios.
En cuanto a la escasez, Reino Unido y su principal aeropuerto, Londres-Heathrow, han quedado expuestos por su dependencia del carburante de Oriente Próximo y de Estados Unidos, el primero bloqueado y el segundo comprometido en gran parte para el consumo interno estadounidense. Además de este aeropuerto, en el sector también se consideran de alto riesgo, en lo que respecta al suministro de fuel, otros importantes hubs europeos como el de Fráncfort; se están dando recortes de vuelos en los países escandinavos, principalmente por parte de SAS, y están en alerta aeropuertos en Australia como los de Melbourne y Sídney; los de Delhi y Mumbai en la India; el de Hong Kong, y los de Corea del Sur, entre otros.
“Lo que comenzó como una interrupción del suministro en Oriente Próximo se está convirtiendo en una crisis estructural global, y se está moviendo rápidamente”, ha escrito el analista del sector aéreo Alex Macheras en una tribuna publicada por el periódico catarí Gulf Times. “Ningún país europeo tiene mayor exposición a esta crisis que Reino Unido, y ningún aeropuerto europeo es más vulnerable que Londres Heathrow”, añade.
Escudos
Entre las mayores aerolíneas europeas de red, Lufthansa, Air France o British Airways están pendientes de que cada una de sus operaciones hacia la región Asia-Pacífico puedan mantenerse al depender del llenado de los depósitos de sus aviones al otro lado del mundo. Respecto al precio, la asociación de aerolíneas Iata estima que las principales referencias del Viejo Continente tienen cubiertas sus necesidades de combustible a precio fijo en un 65% al 80% del consumo previsto en los próximos 12 meses. El blindaje se arma con derivados financieros y estrategias de cobertura (hedging), fundamentales en un contexto de crisis energética. Pero no hay garantías sobre la disponibilidad del fuel necesario pese a que la mayoría cuenta con importantes contratos de suministro.
La low cost Ryanair tiene cubierto a 67 dólares por barril el 80% de su consumo estimado hasta marzo del próximo año. Su problema, por tanto, es si tendrá acceso al jet fuel suficiente para sostener la programación. En el caso del grupo IAG, sus aerolíneas están protegidas ante la volatilidad de los precios hasta en un 75% del consumo en este 2026, reduciéndose en los dos siguientes ejercicios hasta caer al 20% en el tercero. El holding que dirige Luis Gallego inició 2026 con una estimación de coste por combustible de 7.000 a 7.400 millones de euros, teniendo el 62% cerrado a precios fijos.
El grupo Air France-KLM decidió retocar su política de cobertura de combustible al inicio del presente ejercicio, antes de la guerra en Irán, ampliando sus coberturas de precio garantizado de seis a ocho trimestres, y saltando del 68% del consumo anual estimado al 87%. Lufthansa, por su parte está cubierta para los próximos 24 meses con una combinación de coberturas basadas en el crudo y el gasóleo, con un nivel del 85% al comienzo de este año año y del 29% para 2027. Más expuestas están aerolíneas nórdicas como SAS y Norwegian, y las referencias estadounidenses y latinoamericanas, entre las que no se acostumbra a contratar coberturas de precios.
El director general de Iata, Willie Walsh, advirtió el pasado 12 de marzo en un evento público que el precio de los billetes subiría hasta un 9% por el encarecimiento del petróleo, que entonces rondaba los 100 dólares por barril de Brent. La cotización en este arranque de semana alcanza los 109 dólares. La expectativa inicial de Iata puede quedarse corta.
El transporte aéreo tiene en el combustible entre un 25% y un 30% de sus costes de explotación y absoluta dependencia respecto a la disponibilidad de combustible. De momento, Iata no ha publicado revisión alguna sobre las expectativas de negocio: 41.000 millones de dólares en beneficios netos globales gracias a un incremento del 4,4% en el tráfico. Si hace medio mes la situación no era de pánico, tal y como señalaba Willie Walsh, la cercanía del verano y las alarmas sobre escasez de fuel han elevado considerablemente la preocupación.
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