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España supera por primera vez el medio millón de autónomos extranjeros: “No ha sido nada fácil”

Casi toda la creación de puestos por cuenta propia en el último año se debe a los afiliados foráneos, en mayor medida que entre asalariados. La principal comunidad es la china

Yosanna y Rosanna, en su negocio de Santander.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Rosanna Rosario es esteticista en Santander, donde gestiona un negocio de belleza junto a su sobrina Yosanna, manicurista. “Cuando llegué a España me dedicaba a cuidar personas mayores, pero vi que no era lo mío. Entré en el mundo de la belleza con mucho esfuerzo y estoy muy contenta. Puedo decir que no ha sido nada fácil”, relata esta mujer dominicana de 48 años. Como autónoma y extranjera, Rosario forma parte de un colectivo al alza en España. Los últimos datos de afiliación a la Seguridad Social muestran que los trabajadores foráneos por cuenta propia han superado por primera vez la barrera del medio millón. La cifra se ha más que triplicado en las dos últimas décadas, con avances especialmente intensos desde la pandemia.

Según los datos de febrero, hay 500.038 autónomos foráneos en España, personas que regentan sus propios negocios día a día. En el último año esta variable ha avanzado un 6%, mientras que el número de autónomos españoles solo ha crecido un 0,4%. Es un desfase superior al que se da en el mercado asalariado, en el que los extranjeros crecieron un 7% en el último año y los españoles, un 1,7%.

Así, de los 37.500 autónomos que ganó España en los últimos 12 meses, 28.500 son foráneos, el 76%. En los empleos por cuenta ajena, los extranjeros aportan el 60% de los nuevos puestos, mucho menos.

Celia Ferrero, vicepresidenta ejecutiva de la asociación de autónomos ATA (asociada a CEOE), explica que estos autónomos enarbolan el relevo generacional en algunos sectores que quedarían “muy debilitados” sin ellos. “Hay sectores, como el comercio, con un profundo problema de relevo porque los jóvenes españoles no quieren ser autónomos. Necesitamos mano de obra”. Subraya que la mayoría de comerciantes tiene más de 45 años y que sin los extranjeros se profundizaría aún más en la crisis estructural del sector.

Del vértigo de autoemplearse sabe Yosanna, la sobrina de Rosario y su compañera en el gabinete estético de Santander. “Yo tenía mucho miedo, lo veía muy complicado. Pero merece la pena. No es lo mismo perseguir tus sueños que los de otra persona”, cuenta esta mujer de 27 años. Hasta que dio el paso de emprender junto a su tía, trabajaba como asalariada en un negocio regentado por chinos, la nacionalidad que sobresale en las estadísticas de autónomos extranjeros. Son la comunidad más numerosa, con 69.000 afiliaciones, una primera posición llamativa al observar que entre asalariados son la undécima. Esto hace que del total de afiliados a la Seguridad Social de origen chino, el 54% sean autónomos, la proporción más alta entre las comunidades laborales significativas.

Jingfu Xu, secretario general de la comisión de juventud de la Asociación de Chinos en España, cree que tantos de sus compatriotas (él incluido, como abogado) son autónomos por “tradición cultural”. “Somos muy trabajadores y esa cualidad está muy valorada socialmente, creo que más que en España. Y tenemos menos miedo al riesgo, damos el primer paso con más decisión”, opina. Apunta otros posibles motivos: “El acceso al mercado laboral no es fácil para los extranjeros, sobre todo si buscas algo bien pagado. Creo que eso empuja a muchas personas a autoemplearse. Así es más fácil tener opciones de ganar más en el futuro”.

Alberto Riesco, profesor de Sociología de la Universidad Complutense que ha investigado el fenómeno del empleo autónomo extranjero, cree que es imposible analizarlo sin considerar las condiciones laborales: “Los agricultores, ganaderos, hosteleros o pequeños comercios tienen problemas para encontrar relevo. Son sectores con una rentabilidad muy baja, que por lo general implican una sobreexplotación del titular del negocio, echar muchas horas para obtener unos rendimientos que no suelen ser extraordinarios. Los autóctonos están abandonando esas actividades”.

Sostiene que hay muchos estudios, no solo referentes a España, que demuestran que los inmigrantes procedentes de países pobres tienden a cubrir los nichos laborales que dejan los nacionales. “No es que esos extranjeros quiten el empleo a los españoles, sino más bien que nosotros abandonamos ciertos sectores especialmente duros”, agrega Riesco. Y si por algo se caracteriza este modo de empleo es justo por eso: los autónomos trabajan más horas que los asalariados (42 horas semanales, frente a 35), con una protección social muy inferior y al final de la vida laboral suelen percibir pensiones menos cuantiosas.

“La población extranjera presenta mayores tasas de temporalidad y empleo en sectores de baja calidad laboral, lo que limita sus alternativas. En este contexto, aceptar jornadas más largas o asumir riesgos empresariales responde más a una estrategia de supervivencia e integración que a factores culturales", opina Virginia Navajas, doctora en Ciencias Económicas y profesora de la Universidad de Córdoba. Tras haber estudiado este fenómeno, precisa que “el proyecto migratorio suele implicar una fuerte motivación por mejorar la situación económica, lo que impulsa el autoempleo como vía de estabilidad a medio plazo”.

José María Arranz, catedrático de Economía de la Universidad de Alcalá, ve ese autoempleo como un primer paso necesario para muchos de ellos: “Es una manera rápida de integrarse en el mercado laboral, a diferencia de esperar a que una empresa les contrate en el régimen general con un contrato”. Asimismo, subraya que este modelo en algunas ocasiones evita posibles barreras administrativas, como la dificultad para homologar de títulos. “Si no encuentras nada, es normal refugiarse en el empleo autónomo. Es una forma poder de quedarse en España, de tener un medio de vida“, opina María José Landaburu, secretaria general de la asociación de autónomos Uatae (vinculada a CC OO).

Desigualdad geográfica

Pero emprender proyectos por cuenta propia también implica muchas veces tener un colchón económico que no está al alcance de todos los migrantes, como subraya Lerdys Saray Heredia, autora del artículo Peculiaridades del trabajo autónomo desarrollado por extranjeros en España y profesora de Derecho internacional privado de la Universidad Miguel Hernández. “Los migrantes de países cuyas economías son menos desarrolladas (norte de África y Latinoamérica) se encuentran en una posición de desventaja frente a migrantes procedentes de países cuyas economías son más fuertes y encuentran en España un destino de inversión”, opina esta especialista.

En ese club, además de China, Heredia incluye a las principales economías occidentales, una reflexión que se hace palpable en los datos oficiales: el 41% de los afiliados británicos a la Seguridad Social son autónomos, en línea con el 38% de los alemanes o el 35% de estadounidenses. Entre ellos están Jay Chretien (54 años) y Leanna Fugate (56), que gestionan juntos un hotel rural en un pueblo de Pontevedra, cerca de la frontera con Portugal. “Muchos de los pasos para abrir un negocio en España eran similares a los de Estados Unidos, pero aquí el proceso era mucho más largo. Ahora que estamos operativos, la experiencia ha sido fantástica”, indica Chretien.

Este estadounidense cree que “el menor coste de la vida” en España respecto a los países más avanzados de la OCDE influye “significativamente” en el aumento de autónomos extranjeros como él. Fugate abunda en esa idea: “Cada vez hay más trabajos realizados por autónomos, especialmente en el mundo digital, y es lógico que, si puedes trabajar en cualquier parte del mundo, lo hagas en un lugar donde tus ingresos te permitan una vida cómoda. Todos los demás expatriados autónomos que hemos conocido en los últimos tres años encajan en esta categoría”.

El reverso de esas situaciones son los extranjeros procedentes de países más pobres que España, que por norma general entran el mercado asalariado y, en particular, a las actividades con peores condiciones laborales. El promedio de afiliados foráneos autónomos ronda el 16%, una proporción parecida a la de españoles, pero muy superior a la de los países extracomunitarios con más peso en el mercado laboral español —marroquíes, colombianos y venezolanos—, todos ellos con entre un 8% y un 9% de autónomos.

Muchos de esos latinoamericanos eran repartidores de comida por cuenta propia para plataformas como Glovo. “Es un trabajo durísimo, que requiere muchísimas horas y muchas ganas. Lo hago para enviar dinero a mi familia”, cuenta Alejandro, venezolano que ahora es asalariado, gracias a la presión de las Administraciones públicas a las compañías de reparto de comida para que contraten a sus riders. Reconoce que ahora tiene más derechos laborales, pero que prefería ganar más dinero: “Eso es lo que yo necesito”.

También es venezolano Roberto León, intérprete de 42 años. Explica que eligió ser autónomo en vez de asalariado, inicialmente, porque no conseguía ofertas que le satisficiesen: “Casi tuve que reducir mi perfil a graduado de bachillerato. Y ni así me daban los puestos a los que aplicaba, me decían que estaba sobrecualificado. Eso me entristeció mucho”. De nuevo, la barrera a la que se enfrentan muchos extranjeros para acceder a los puestos mejor remunerados. “España es un país muy difícil para emprender”, opina.

Por sectores por cuenta propia, los extranjeros se dedican principalmente a la hostelería y el comercio: el 37% se enmarcan en estas actividades (justo las que emplean principalmente a la mayor comunidad, los chinos), frente al 30% de españoles. Pero también tienen una presencia significativa en algunos empleos cualificados (4,9% en información y comunicación, frente al 2,8% de españoles), donde sobresalen los autónomos procedentes de países occidentales, según los especialistas.

“La política del estado español en materia migratoria”, abunda Heredia, “ha dado un giro importante para atraer la migración cualificada y a quienes pueden invertir en nuestro mercado creando empresas y puestos de trabajo”. Navajas cree que este impulso ampliará, poco a poco, la presencia de autónomos extranjeros en actividades cualificadas: “Es previsible una mayor diversificación sectorial y una progresiva normalización de estas trayectorias, a medida que aumenta el tiempo de residencia y se consolidan los procesos de integración social y económica”.

“Está viniendo gente muy cualificada, lo que acelera su presencia en sectores técnicos, atraídos por la calidad de vida y jurídica de España. Por ejemplo, en el sector inmobiliario, para vender a sus propios nacionales”, sostiene la representante de ATA. “Ahí, en el empleo cualificado, sí se da una competencia más clara con los trabajadores autóctonos, por los puestos de más calidad, frente a los procedentes de países ricos. Son precisamente a los que no se suele llamar inmigrantes”, finaliza Riesco.

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