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La subida del gas y el riesgo de nuevos aranceles amenazan la tregua de la inflación

La senda de normalización de los precios se enfrenta a la ira proteccionista de Trump y las potenciales represalias europeas

La pax monetaria se enfrenta a sus primeras embestidas del año. En el guion de 2026 no aparecía como amenaza central un regreso de los aranceles. Mucho menos que su vuelta estuviera ligada a la ambición expansionista de Estados Unidos en Groenlandia. Aunque tras la tormenta que desataron las tarifas en abril, y dada la fragilidad de la palabra de Donald Trump, no era tampoco un escenario descabellado que volviera a usar el comodín proteccionista, como tampoco lo sería una nueva marcha atrás, la enésima, del presidente de EE UU, un factor de incertidumbre constante para la economía global.

La amenaza de gravámenes adicionales del 10% por parte de Washington a productos de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, el Reino Unido, los Países Bajos y Finlandia a partir del 1 de febrero —ampliables al 25% desde junio si no hay avances—, unida a la respuesta que prepara la Unión Europea, y al repunte de alrededor del 30% en lo que va de año del precio del gas natural en el mercado holandés TTF, han alterado un comienzo de año que se antojaba plácido para el Banco Central Europeo. La inflación en diciembre quedó justo por debajo del objetivo, en el 1,9%, y los tipos de interés están instalados en un cómodo 2%.

No se puede decir, sin embargo, que ambos fenómenos vayan a ser suficientes para provocar una reactivación inflacionista. El gas natural partía de un umbral de precios muy bajo, y su rápida progresión lo ha devuelto a niveles de agosto, por encima de los 35 euros por megavatio hora, pero todavía casi un 30% abajo respecto a los niveles de enero de 2025.

Norbert Rücker, director de Investigación Económica del banco suizo Julius Baer, cree que detrás de la violenta subida del gas natural puede estar una mayor prudencia entre los inversores que apostaban por su caída, que temen haberse pasado de frenada. “La intensidad del repunte de precios de los últimos días apunta a una oleada de toma de beneficios en el mercado de futuros, sobre todo porque el sentimiento había sido bastante bajista anteriormente”, señala. Otro analista, Juan Ignacio Crespo, ve natural su evolución al alza, pues acerca al gas europeo a la convergencia de precios con el gas de Estados Unidos, del que se desligó el pasado agosto.

La Unión Europea empezó el invierno con las reservas de gas ligeramente por encima del 82%, la cifra más baja desde el inicio de la crisis energética y la segunda menor en una década. Aunque el porcentaje pueda parecer elevado, estaba diez puntos por debajo de la media histórica, en una serie que empieza en 2011, lo que no ha ayudado a mantener bajo su precio. Su evolución conforme avanza la etapa de frío y calefacciones no se ha recuperado: la cifra se ha rebajado al entorno del 50,4% de capacidad, inferior al 61,7% de hace un año.

Represalias

En cuanto a los aranceles, el BCE ve riesgos bidireccionales para la inflación. En su última reunión, repitió el mensaje habitual de que la inflación podría ser menor si el aumento de los aranceles estadounidenses reduce la demanda de exportaciones de la zona euro. De hecho, las primeras estimaciones de los economistas de Bloomberg sugieren que los aranceles de Trump, incluyendo las tasas existentes y el 10% adicional, podrían reducir las exportaciones de los países afectados hasta en un 50% respecto a sus niveles previos a 2025.

Sin embargo, las represalias comerciales que prepara Bruselas no figuraban entonces en el radar de Fráncfort, y tienen potencial para empujar los precios al alza en el continente. La propia Christine Lagarde ha advertido en múltiples ocasiones de que es la aplicación europea de aranceles de respuesta a Trump, y no los que aplica Washington, lo que puede elevar la inflación europea.

La última vez fue en septiembre, cuando afirmó que la mayoría de modelos del Eurobanco contemplaban que, en caso de que se aplicasen aranceles recíprocos, aumentarían los costes de importación y las cadenas de suministro resultarían afectadas, provocando un aumento de la inflación a corto plazo. Esa posibilidad ha dejado de ser ficción: la Unión Europea se plantea golpear con aranceles por valor de 93.000 millones de euros a productos estadounidenses si Trump no rectifica.

Agathe Demarais, experta en geoeconomía del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), un centro de pensamiento paneuropeo, cree que la intimidación de Washington hace aguas: el hecho de que Trump no haya extendido los aranceles a toda la UE deja margen para que las empresas los esquiven. “Las amenazas arancelarias de EE UU se dirigen únicamente a seis países de la UE, lo que significa que no serían difíciles de eludir dentro del Mercado Único (Bélgica limita con Francia, Alemania y los Países Bajos)”.

E insiste en la idea de que los grandes perjudicados serán los propios ciudadanos norteamericanos. “Los aranceles estadounidenses suponen un impuesto para sus propias empresas y consumidores: los importadores estadounidenses absorben el 96% de los costes arancelarios”, señala. El golpe inflacionario a la UE, por tanto, vendría únicamente de la cuantía de las represalias comunitarias a EE UU.

Dados los precedentes de cambios de opinión de Trump, los mercados no terminan de creerse que la situación degenere en una sacudida de entidad que obligue a los bancos centrales a recalcular sus movimientos de tipos de interés. Las Bolsas europeas se tiñeron de rojo tanto el lunes como el martes —entre ellos los fabricantes de champagne francés, amenazados por Trump con un arancel del 200%—, pero no ha habido un crash de las proporciones del pasado abril, cuando se desató la guerra comercial, y los principales índices siguen cerca de máximos históricos. El euríbor tampoco refleja aún miedo a alzas de precios que eleven las cuotas hipotecarias, y los futuros no descuentan ni bajadas ni subidas de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo este 2026.

España, más resguardada

En el caso específico de España, Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, cree que es pronto para extraer conclusiones, pero mientras considera que el impacto para España de una escalada arancelaria sería relativamente reducido por la poca exposición a EE UU, sí ve más motivos de inquietud en el ámbito energético. “El gas es lo que más puede preocupar, porque representa el 1% del IPC, e influye en la formación del precio de la electricidad, lo que podría hacer aumentar la inflación en algunas décimas, aunque el gas cotiza de forma muy volátil, y si bien se ha encarecido de forma abrupta, también puede bajar igual de rápido”, puntualiza.

Para el economista Javier Santacruz, estas noticias negativas pueden retrasar la normalización de los precios en España, donde la inflación cerró diciembre en el 2,9%. “Tanto el gas como los aranceles cruzados a muy corto plazo reducirán las posibilidades de que la tasa de inflación frene, sobre todo para España, que la mantendrá por encima de lo que esperábamos. No creo que acelere la inflación, pero sí entorpecerá que la tasa se desacelere”, augura.

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