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La economía de Estados Unidos se aísla de las turbulencias

Los gravámenes comerciales, la inteligencia artificial y la asequibilidad son las tres fuerzas que condicionan la actividad del país en el primer año de Trump

Trump, el pasado mes de abril, en la Casa Blanca, el día en el que anunció aranceles a decenas de países.

Donald Trump viajó esta semana a Detroit, el corazón industrial de Estados Unidos, para presumir de la marcha de la economía. Allí, rodeado de empresarios afines, alardeó de su política: “Mi palabra favorita de todas las del diccionario es ‘arancel’. Me ha encantado durante 40 años. No existe ninguna palabra igual. Pero recibí muchas críticas. Me dijeron: ¿Qué pasa con tu esposa, tus hijos? ¿Qué pasa con la religión y Dios? ¿Qué pasa con Jesús? Así que dije, está bien, es mi quinta palabra favorita”, dijo medio en broma, medio en serio.

Los aranceles han marcado el primer año del segundo mandato de Trump en la Casa Blanca. Desde que volvió a sentarse en el escritorio Resolute, que preside el Despacho Oval, amenazó con aranceles indiscriminados para reducir el enorme déficit comercial de Estados Unidos, pero también para obtener ingresos con los que financiar el pertinaz déficit público del país y las rebajas fiscales que aprobó en su “ley grande y hermosa” ―sí, así la denominó―.

El pasado 2 de abril, una jornada que bautizó como el Día de la Liberación, aprobó aranceles recíprocos, aunque no lo son, a todos los países del mundo. Los mercados, el único resorte que aún es capaz de frenarlo, dictaron sentencia. Durante una semana registraron fuertes pérdidas y el bono estadounidense se disparó. Trump no tardó en suavizar la andanada comercial y abrir una ronda de negociaciones con sus socios.

Pronto se dio cuenta de que también podía usar los aranceles con fines políticos y durante ese primer año se ha dedicado a amenazar tanto a sus socios como a los países rivales que no hacen lo que él quiere. Este mismo sábado, sin ir más lejos, amenazó con imponer aranceles a los siete aliados de Dinamarca que complican sus planes de anexionarse Groenlandia.

Pero muchas compañías estadounidenses se dieron cuenta enseguida que eran ellas las afectadas no solo los países en los que recaían los aranceles. Son los empresarios locales los que tienen que pagar los gravámenes a la importación cuando compran productos de China, Francia o Canadá. Así que un grupo de empresas, agrupadas en torno a la plataforma We pay the tariffs los llevó a los tribunales. El Supremo tiene que decidir estos días si la vía empleada por Trump, la Ley de Emergencia, de 1977, prevista para otros casos, es adecuada para justificar estas medidas. Se trata de una de las decisiones más transcendentales para la economía del país. Si el tribunal considera que Trump se extralimitó en usar esa norma, la Administración estadounidense tendría que devolver alrededor de 140.000 millones de dólares (unos 120.000 millones de euros) en tasas cobradas ilegalmente.

Pese a las dudas expresadas por el Supremo sobre la legalidad de los aranceles, el presidente estadounidense lleva semanas lanzando mensajes sobre los beneficios de estos impuestos a la importación y advirtiendo del “desastre para el país” si el tribunal falla en su contra.

Los aranceles, junto con la inteligencia artificial (IA) y la asequibilidad, son las tres fuerzas que han impactado sobre la economía estadounidense durante el primer año del segundo mandato de Trump.

En los últimos meses, martillea con lo bien que va la economía. Saca pecho y, casi en cada intervención pública, fanfarronea de que Estados Unidos está bajo su mandato en el mejor momento de su historia. “En cuestión de meses, en gran parte debido a los ingresos por aranceles hemos reducido el enorme déficit comercial en un 62%. La gente está atónita”, proclamó en Detroit en una intervención algo desordenada, en la que le costaba mantener el hilo del discurso. En realidad, la economía del país crece a un ritmo sostenido tras un inicio de año renqueante. La Reserva Federal (Fed) calcula que la actividad progresó cerca de un 1,7% durante el año pasado, pero pronostica que el producto interior bruto (PIB) se acelerará este año un 2,3%, una vez que se vayan diluyendo los efectos de los aranceles.

“Las preocupaciones económicas siguen siendo predominantes, y la evaluación pública ofrece poco aliento al presidente. Solo el 27% califica el estado de la economía como excelente o bueno, en comparación con el 72% que lo evalúa como regular o malo”, señala William A. Galston, investigador principal del área de gobernanza de Brookings Institute. “Los votantes creen cada vez más que Trump se centra en las prioridades equivocadas, dudan de que sus políticas económicas estén ayudando y lo culpan a él —no a Biden— por el empeoramiento de las condiciones".

La economía hubiera ido mejor en 2025 sin el cierre del Gobierno que golpeó la actividad durante el último trimestre del año. Durante ocho semanas, los republicanos y los demócratas no lograron ponerse de acuerdo en el Senado para aprobar una extensión de los presupuestos, lo que bloqueó las cuentas públicas y condenó a cientos de agencias públicas al cierre durante 43 días entre octubre y noviembre, el más largo de la historia. Decenas de miles de funcionarios se quedaron sin cobrar. El consumo y la inversión se paralizaron durante esos días. Aún así, el cierre de 2025 mostró una economía que recobró el pulso y que se está acelerando.

Pero este crecimiento es desigual. “Los clientes más adinerados parecen seguir gastando y comiendo fuera con frecuencia, mientras que los consumidores de bajos ingresos definitivamente parecen estar reduciendo sus gastos, comiendo fuera con menos frecuencia o son más sensibles a los precios”, explica el dueño de un restaurante de Montana.

Es lo que los economistas llaman crecimiento en forma de K. Las familias con mayores ingresos, las que han podido ahorrar e invertir en Bolsa, y tienen una vivienda, están experimentando la sensación de riqueza gracias al auge de Wall Street, que está en máximos, enfebrecido por la inversión de las tecnológicas en IA, y el calentamiento del mercado inmobiliario. Estados Unidos es el país desarrollado con más participación de los hogares en la renta variable. Casi un 60% de las familias tiene inversiones en acciones en un año en que el índice industrial S&P 500 cerró con una revalorización de casi el 17%, y el índice tecnológico Nasdaq sumó un 20%, encadenando tres años de fuertes ganancias.

La desmesurada inversión en inteligencia artificial también está condicionando la economía. Las grandes tecnológicas se han lanzado a una carrera para el desarrollo de esta tecnología. Han comprometido inversiones milmillonarias, de más de 350.000 millones durante el último año en centros de datos, plantas energéticas para alimentarlos y chips para que los computadores puedan procesar el lenguaje de la IA. Esta vorágine inversora ha disparado la valoración de las acciones tecnológicas. Compañías como Nvidia, el más avanzado fabricante de microchips, han aumentado su valoración un 40% en los últimos 12 meses. Este auge desorbitado de la inversión en IA ha disparado el temor a una burbuja y está empañando el resto de la economía. Buena parte del crecimiento económico del país en los dos últimos trimestres se debe al tirón de la IA. Un fenómeno que resta visibilidad al comportamiento del resto de la economía. Por ejemplo, el comercio minorista perdió empleo el año pasado algo que ha alertado a los economistas.

“El sólido crecimiento de la economía, gracias a la inversión en inteligencia artificial, dificulta aún más el reconocimiento de estos perjuicios desconocidos”, escribe Adam S. Posen, presidente del Peterson Institute. “No debería sorprender que los efectos paralizantes de los aranceles y las deportaciones en la toma de decisiones de empresas, hogares e inversores tarden en reflejarse en las estadísticas gubernamentales”, sostiene, al tiempo que advierte de que se producirá un aumento de la inflación y caída de la inversión por el aumento de la incertidumbre con Trump.

“Hasta ahora, los mercados financieros y las grandes empresas tecnológicas han redoblado sus esfuerzos en la IA, invirtiendo enormes cantidades de dinero y capital humano. Sin embargo, ya hay indicios de que la IA podría no lograr todo lo que esperamos. También hay indicios de que, en algunos casos, la IA puede desorientar, descualificar y perjudicar a las personas. Además, existen datos que muestran que el desarrollo actual de la IA conlleva enormes costos ambientales. Esto no significa necesariamente que la burbuja esté estallando, pero es posible que no esté creciendo mucho”, sostiene Angèle Christin, investigadora principal del departamento de estudios de IA en Stanford.

Cuatro de cada diez hogares no perciben el efecto riqueza por el bum bursátil. Sufren sin embargo la presión de los precios y tienen dificultades para llegar a final de mes. La asequibilidad (affordability, en inglés) se ha convertido en la otra palabra del año. La crisis del coste de la vida irrumpió en el debate público en el último tramo del año. El nuevo alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, ganó contra todo pronóstico las elecciones del pasado noviembre enarbolando la bandera de la asequibilidad. Los demócratas se han aferrado a este argumento como ariete contra Trump. El debate ha atravesado Estados Unidos de norte a sur y de este a oeste. “Una de nuestras principales prioridades en esta misión es promover una mayor asequibilidad. No, esa es una palabra que usan los demócratas”, indicó el presidente republicano el pasado martes en Detroit. “En las próximas semanas, presentaré aún más planes para ayudar a recuperar la asequibilidad. Y, de nuevo, recuerda que esa es una palabra falsa de los demócratas. Los precios eran demasiado altos. Ellos causaron los altos precios”.

Lo cierto es que la escalada de precios no termina de cesar. La inflación cerró el año pasado con un 2,7%, solo dos décimas menos que hace un año, cuando el promotor inmobiliario reconvertido en político juró el cargo. Los hogares no acusan tanto la subida de este año, como la acumulación de los incrementos desde 2022 cuando estalló la crisis inflacionaria.

“En las últimas semanas, las percepciones de asequibilidad parecen haber moldeado la política de la administración estadounidense”, reflexiona Paul Donovan, economista jefe de UBS. Este economista repasa las promesas que está haciendo Trump para bajar los precios: ha retrasado o rebajado aranceles sobre productos alimentario, presiona para bajar el precio del petróleo, la vivienda... “pero esto tiene implicaciones en el crecimiento económico y aún más en el déficit fiscal”, advierte.

Los expertos apuntan que tras la subida de aranceles en abril esperaban más tensiones en los precios. El FMI explica que la resiliencia de la economía estadounidense se debe a que las empresas se anticiparon e hicieron acopio de suministros antes de la entrada en vigor de los aranceles. Esa táctica les permitió diferir el impacto a lo largo del año. Las empresas demostraron su flexibilidad absorbiendo buena parte del aumento de costes con los márgenes. La otra explicación es que tras la amenaza inicial, Trump moduló los aranceles para casi todos los países. “Ayudaron a frenar la inflación y ayudaron a reducir el déficit presupuestario federal en un asombroso 27%”, dijo el presidente como si los gravámenes fueran el bálsamo de fierabrás.

Para afrontar la crisis del affordability, Trump ha lanzado una cruel campaña de hostigamiento contra el presidente de la Reserva Federal. Le exige que rebaje los tipos de interés de forma más agresiva, para que se abaraten las hipotecas y que las familias y las empresas soporten menos intereses y tengan mejor acceso al crédito. Pero Powell, que esta semana ha denunciado las amenazas judiciales de la Administración Trump, prefiere ser prudente para evitar que se desboque la inflación.

Eso sí, el mercado laboral registró en 2025 el menor ritmo de creación de empleo en un año sin recesión, con solo 584.000 puestos de trabajo más frente a los más de dos millones del año anterior. La explicación de este pobre desempeño se debe al programa de recortes de la Administración que Trump encargó a Elon Musk. Durante los primeros meses de esta legislatura, el magnate tecnológico estuvo al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) con el encargo de meter la tijera en la administración pública. Durante estos meses el Gobierno federal perdió más de 220.000 funcionarios entre despidos y bajas.

El otro motivo de la anemia del mercado laboral durante el año pasado tuvo que ver con las campañas lanzadas por el inquilino de la Casa Blanca contra los inmigrantes. Ha ordenado deportaciones masivas, con más de 600.000 personas expulsadas del país; ha exigido al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) redadas indiscriminadas contra inmigrantes sin papeles. Ha endurecido la concesión de visados y ha suprimido acuerdos para refugiados.

“Estamos viendo que la gente se está ajustando el cinturón, cambiando los productos que compra, comprando menos, etc. Así que, claramente, es un hecho (la economía en forma de K)”, dijo Jerome Powell, presidente de la Fed a finales de diciembre. “También es evidente que el valor de los activos, las viviendas y los valores es alto, y que tienden a estar en manos de personas con mayores ingresos y patrimonio. La mayor parte del consumo lo realizan personas con más recursos. ¿cuán sostenible es esto? Lo mejor que podemos hacer es tener estabilidad de precios y un mercado laboral sólido", dijo el responsable de la política monetaria que Trump quiere echar. De momento la economía crece, pero la creación de empleo es débil y la inflación es persistente.

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Sobre la firma

Jesús Sérvulo González
Corresponsal en Washington. Ha sido redactor jefe de Economía y Negocios. Antes, contó las consecuencias de la crisis financiera y de los años de los ajustes presupuestarios. Aprendió el oficio durante su paso por la información local de Madrid.
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