Tabaco y trabajo
Cada vez que leo declaraciones públicas del doctor Rodrigo Córdoba, presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, me sorprendo más. La última vez, en su periódico (2-12-05), respecto a la noticia de la OMS y los fumadores, la libertad y la tolerancia, decía: "Una empresa tiene derecho a preferir a los no fumadores". Claro, y sólo a blancos. Y sólo a hombres. Y no contratar judíos.
El planteamiento erróneo no es el derecho a contratar a quien prefiera, sino si es moral descartar a un colectivo humano que es capaz de hacer su trabajo como cualquier otro. Pero también dice: "Imaginen a un fumador en una empresa que vende tratamientos antitabaco". Será que él conoce bien ese tipo de empresas y le parecerá coherente esa boutade, pero nosotros tenemos una idea de la libertad más amplia que el doctor Córdoba: en las oficinas del Club de Fumadores por la Tolerancia trabajan dos fumadores de puros, dos fumadores de cigarrillos, cuatro ex fumadores y seis no fumadores. Quizá el buen doctor sugiera que hay que despedir a estas personas en un ejercicio de coherencia del tipo "imaginen a un no fumador trabajando en el Club de Fumadores". Nosotros no juzgamos a la gente por sus hábitos, ni por sus creencias, ni por su raza, ni por su sexo, sino por la calidad de su trabajo.
Sí estoy de acuerdo con él en que no se puede entrar en la conducta privada. Por eso, esta ley que a él le gusta tanto, a mí me parece deplorable, extremista y fundamentalista, porque yo sí creo en la libertad de las personas (ejercida con responsabilidad y con respeto hacia los demás), y porque si no se puede entrar en la conducta privada para impedir la discriminación laboral del fumador, mucho menos se puede inmiscuir el Estado en la decisión privada de fumar o no fumar, al menos, mientras se pueda habilitar salas específicas para fumadores donde se respetan los derechos de todos.
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