Sólo a Berlín le agrada el Tratado de Niza

El principal contenido del Tratado de Niza aprobado ayer en toda la UE es el nuevo reparto de poder que habrá en la Unión una vez incorporados nuevos socios. Por primera vez en la historia de la UE, Alemania tendrá más peso que ningún otro país en el Consejo, el centro de toma de decisiones. Niza rompió así el pacto en el que se basó el nacimiento de la UE: el equilibrio de fuerza entre París y Berlín. En diciembre de 2000, cuando se firmó el Tratado, de la ciudad francesa sólo se fue contento el canciller Gerhard Schröder. Los demás, como la Comisión o la Eurocámara, lo criticaron, pero sobre todo los dirigentes de países pequeños, como Irlanda, que resultaron perjudicados.
En el Consejo, los países más grandes (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) tienen hoy 10 votos cada uno (España, ocho). El más pequeño, Luxemburgo, tiene dos. Tras la ampliación, los grandes tendrán 27 y el más pequeño, tres. Por tanto, el desequilibrio se agranda. Pero, además, cualquiera puede pedir que, tras aprobar algo en votación, se compruebe que la decisión está apoyada por el 62% de la población total de la UE. Es ahí donde Alemania (el más poblado, con 82 millones) logró su ventaja sobre Francia en el Consejo.
En el Parlamento Europeo, Berlín agrandó su poderío sobre todos los socios. En una Eurocámara que pasará de 626 representantes a 732, Alemania mantendrá sus actuales 99 escaños, pero todos los demás perderán (Francia, por ejemplo, de 87 a 72) para dejar asientos a los que llegan del Este. Irlanda tiene 15 y tendrá 12.
En el caso de la Comisión, Niza no garantiza que en el futuro todo país tenga a un comisario de su nacionalidad, lo que molestó igualmente a los pequeños. En Irlanda, no obstante, fue más polémica en la campaña la parte del Tratado que convierte en operativa la fuerza militar de intervención de la UE, algo que los partidarios del no interpretaron como el fin de la neutralidad.
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