El Papa dice que hay que aceptar el dolor como designio divino
La plaza de San Pedro del Vaticano se llenó ayer de enfermos en sillas de ruedas que acudieron pese al intenso frío matinal a la misa oficiada por el Papa, momento culminante del Jubileo de los enfermos que concluirá hoy en Roma. Juan Pablo II, que apareció en discreta forma física, pidió a ancianos, jóvenes y adultos aquejados por minusvalías o enfermedades diversas un esfuerzo de comprensión respecto de sus limitaciones físicas. "Hay que aceptar el dolor y la enfermedad porque forman parte de los designios de Dios", dijo el Pontífice ante la multitud que no superaba las 30.000 personas, una cifra muy inferior a las previsiones de hasta 70.000 personas de los organizadores.Karol Wojtyla, en su homilía, reconoció también la legitimidad moral de "luchar contra la enfermedad, porque la salud es un don de Dios". El Papa se refirió también al significado cristiano de la enfermedad, que procede del misterio de la Encarnación y encuentra explicación en la muerte de Cristo en la Cruz. "Desde entonces, cualquier sufrimiento ha adquirido un sentido, que lo hace particularmente precioso". Wojtyla recordó también a los que gozan de buena salud de la obligación que deben asumir de atender a los que padecen.


























































