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Cartas al director

Morirá en la cárcel

Leo con estupor la carta de Miguel Imbermón Moyano desde la cárcel de Soria (EL PAÍS, 19 de abril pasado). ¿Carta? "Perdón, o es verdad" -son sus palabras-, se trata de su testamento. Él se mira en el agravio comparativo de Mario Conde. Normal, aunque quizá hubiera sido más pertinente que lo hubiera hecho con aquellos presos de ETA que, enfermos terminales como él, son puestos en libertad. Al fin y al cabo, es su derecho, el de todo ciudadano español que se encuentra n su situación. Lástima que el paraguas de la Constitución sólo proteja a los que sujetan su mano, a los que se sirven de él como instrumento de poder, manipulándolo y negándolo contra los demás. El abogado, el político, el etarra, todos tienen y ejercen sus derechos y, de paso, los derechos e los otros. Esos otros, como los drogadictos (en Portugal ya son enfermos), los pobres, los emigrantes -algunos triplemente marginados- a los que el bendito paraguas no alcanza a proteger. Ante casos como el de Miguel Imbernón, uno se pregunta para qué tanto hablar de derechos, para qué financiar tribunales pomposamente apellidados. Desde luego, no parece que nada de esto sirva para que un hombre -preso en Soria, enfermo de sida- pueda bien morir-

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