La manzana de la discordia

El núcleo del desacuerdo es el carácter formal del acuerdo bilateral. Moscú quiere un Tratado "legalmente vinculante". Considera papel mojado cualquier otra opción, y alega estar escaldado porque, cuando la unificación alemana, Occidente se comprometió políticamente a no ampliar la OTAN, algo que el presidente de Georgia, Edvard Shevardnadze, ha desmentido.
La OTAN recela de un instrumento que la ate de pies y manos con una Rusia inestable. Le ofrece un acta "de carácter político". Firmada por los jefes de Estado de los Dieciséis, ya sería "garantía suficiente". Argumenta que los acuerdos de Helsinki, base de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa, han sido eficaces sin ser legalmente vinculantes". Y flexibles, porque alumbraron la OSCE.
Y añade que la ratificación parlamentaria de un Tratado (jurídicamente vinculante) sería larga y difícil, tanto en el Senado norteamericano, como en la Duma rusa. El acuerdo Unión Europea-Rusia de 1995 aún no ha sido ratificado por todos los Parlamentos nacionales de los Quince. Y un Tratado sería por fuerza más restrictivo y menos ambicioso que un Acta política.
Rusia minimiza el problema, ya que los Dieciséis también deberán pasar por sus Cámaras el Tratado de ampliación al Este. Pero esta operación -replica Bruselas- no supone tocar la sustancia del Tratado de Washington que fundó la OTAN, sino sólo el número de sus socios.


























































