A la luz de las velas.
En el kilómetro 42 de la carretera de Burgos, atravesado por la nacional, se encuentra El Molar, uno de los puntos claves del recorrido nocturno de la zona de la sierra norte. Su mayor atractivo son las famosas cuevas situadas en lo alto del municipio, a modo de fortaleza, desde donde se divisa el casco antiguo. Las cuevas, habilitadas para bodegas, son en su mayoría de particulares, excepto El Matador y La Parrilla, abiertas al público los viernes y fines de semana. Aunque puede agotar tu paciencia conseguir un tablero y dos banquetas de madera para tomar una frasca de vino peleón, chuletitas de cordero a la brasa, chorizos, morcillas, una ración de queso o una ensalada para desengrasar, que es lo que admite el menú, allí nadie protesta por la espera y muchos no abandonan el local hasta las cuatro de la madrugada, hora aproximada de cierre. Las grandes tinas, las paredes de piedra, las vigas exteriores de madera y los huecos naturales de la cueva son el escenario natural donde se sitúan las 25 o 30 mesas que tiene el local, alumbradas por velas. Tras la cena, los más jóvenes tienen varios locales donde tomar la penúltima. Kopas o El Puntito sirven cubatas a 400 pesetas, y los clientes prefieren ocupar las aceras aunque los locales estén vacíos. Sólo una recomendación, paciencia y no llevar una copa de más para poder acceder a las cuevas, cuya única entrada es un angosto camino sin asfaltar por el que apenas entra un vehículo.-


























































