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Este Rafa (Jódar) también sabe remontar

El madrileño se rehace de un mal inicio contra De Jong (2-6, 7-5 y 6-4, en 2h 31m) y abordará al octavo del mundo, De Miñaur. Es su primer triunfo en la Caja Mágica

Jódar celebra un punto durante el partido contra De Jong, este miércoles en la Caja Mágica.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

El joven Rafael Jódar, 19 años, sufre de lo lindo y reclama al fisio para que le masajee las pantorrillas en la recta final del partido contra el holandés Jesper de Jong. Son ya 35 en esas piernas este año, el primero entre la élite, y ese cuerpo todavía juvenil debe acostumbrarse todavía a la tralla continuada. Empieza mal el español, otra bocanada de aire fresco, pero reacciona y la grada (un tercio del aforo) se lo guarda en la memoria: ahí abajo hay un buen tenista. Son ya 27 victorias en esta temporada de los descubrimientos, la primera en el barrio de San Fermín, y el chico lo celebra: “Hey, Jude! ¡Vamos!”. Aplaude el madridista Bellingham y él apunta ya al viernes: el 2-6, 7-5 y 6-6 (en 2h 31m) le guía hacia el pulso con el octavo del mundo, Alex de Miñaur.

De un escenario a otro, de Barcelona a Madrid, dos realidades radicalmente diferentes; dos escenarios muy distintos, dos atmósferas que poco tienen que ver y dos Jódars. De aquel libre y que gozaba sobre la arena del Godó hace solo unos días, a este otro que hoy sufre en las profundidades de la Caja Mágica, marco siempre complejo y aún más para los españoles, para los jóvenes y todavía más para los debutantes. Nunca fue sencillo adaptarse ni cogerle el pulso a un torneo que se le atragantó, por ejemplo, a la ahora directora Garbiñe Muguruza; también a otro madrileño, Martín Landaluce, quien hace tres años —tenía 17— sucumbió a Richard Gasquet y a todo lo que implica un debut.

Jugar en casa, arma de doble filo para cualquiera. Lo comprueba ahora Jódar, el mismo que recientemente triunfó en Marrakech y asombró en el Godó, con una serie de ocho victorias seguidas, y que ahora siente los temblorcillos. Desde el principio, cuesta arriba. Lejos de las buenas sensaciones de la semana pasada en Pedralbes, muchas dificultades con el servicio —solo un 44% de saques dentro en la primera manga— y desorden en el peloteo; a remolque de un De Jong incisivo que olfatea esos nervios y que ataca con fiereza los segundos del español. “¡Respira!”, intenta animarle un aficionado tras cuatro quiebres. Pero, incómodo todo el rato, él no termina de coger el buen rumbo.

La foto llama la atención. A un costado, en el box, su padre trata de sugerirle pistas rodeado de asientos vacíos y chapas metálicas, con la discreción habitual. En contraste con otros jugadores que copan sus banquillos, Jódar (37º) se ciñe exclusivamente a las directrices de su progenitor, al que tampoco le agrada lo que ve. Ese golpe de derecha y de revés, tan pulcro hace nada, se estrella con frecuencia contra la red (12 errores de entrada) y el envío profundo vuela excesivamente largo. Madrid, algo diferente. Más difícil de lo normal controlar la bola. Un newton extra significa el fallo. Lo recordaba el día anterior un tal Jannik Sinner, que al parecer algo sabe: “Este torneo es uno de los más exigentes”.

La impresión del número uno coincide con la de la totalidad del circuito, consciente todo el mundo de la complejo y lo tramposo de la altura y el marco. Lo sabe también el novel Jódar, que no solo tiene proyección sino también agallas. Visto lo visto, no se le da tampoco mal lo de remontar. El madrileño calibra de nuevo y poco a poco, a tirones y sin que De Jong le permita disfrutar, va corrigiéndose y ganando espacio. Al quinto intento se anota el segundo set y equilibra el duelo, y a pesar del retroceso en el definitivo —del 3-1 favorable al 3-3—, se impone otra vez. Aprieta los dientes, marca de la casa, y saluda a esa grada que ahora disfruta de otro refrescante talento. Madrid abraza a su Jódar.

“Las cosas no han empezado muy bien, pero he salido de ahí, me he dado una oportunidad y esta vez ha salido cara”, apreciará luego ante los periodistas, a solo media hora de la medianoche. “Él [De Jong] estaba haciendo las cosas muy bien y al final, no estás solo en la pista. Hay un rival que lo quiere hacer tan bien como tú. He aceptado la situación, he podido seguir y el tercer set se ha decidido por detalles”, prorroga antes de referirse a la presencia de Bellingham, su ídolo futbolístico, antes de regresar al hogar. “Que alguien como él venga a verte jugar significa mucho. He visto todos sus partidos desde pequeño. Es mi futbolista favorito”, cierra el protagonista del día.

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