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Djokovic y la media hora que soñó con el 25: “Esto es alentador, pero insuficiente para mí”

El serbio aprecia haberse quedado “a dos sets” del gran récord histórico y asocia su descenso en el segundo y el tercero a una pérdida de “energía” por “razones físicas”

Djokovic felicita a Alcaraz durante la ceremonia final en la Rod Laver Arena del Open de Australia en Melbourne

Novak Djokovic se acostumbró rápido a ir a contracorriente, porque en realidad nunca lo ha tenido fácil. Ahí queda su niñez, los vestigios de la Guerra de los Balcanes y luego, ya como tenista, estrella rápido, fue pintado como el malo de la película. El serbio, una suerte de Joker, ha tenido que lidiar con el estigma durante gran parte de su carrera, pero ahora, conforme pasan los años y va acortándose su mecha, incluso los detractores no escurren el reconocimiento. Imposible no hacerlo. Más allá de los trofeos y la retahíla de récords, se expresa un mito que todavía hoy compite de forma romántica y reconoce a los de su estirpe.

“Carlos es un jugador extraordinario y merece todos los elogios. Es un joven con valores, con una familia maravillosa y ya es una leyenda de nuestro deporte, dejando una huella enorme en la historia. Con solo 22 años, ya es impresionante. Lo tiene todo y, además, es una gran persona. Con siete Grand Slams y todos los títulos que ya ganó, seguirá avanzando”, exponía el de Belgrado, rendido ante un tenista “inteligente y versátil” que sabe “siempre adaptar sus tácticas según las sensaciones del rival”. Así es y así se las gasta Alcaraz. Lo definía Juan Carlos Ferrero hace no tanto, en Nueva York, septiembre: “Camaleónico”.

A pesar de un inicio muy optimista para él, Djokovic sabía que tarde o temprano el español “iba a elevar el nivel”. Y así fue. Tiene Alcaraz herramientas para todo y continúa ganando jerarquía. A la excelencia técnica y la riqueza táctica que temporada tras temporada continúa incorporando, el murciano ha añadido ese aura que redimensiona a los competidores por naturaleza. “Te obliga a jugar tu mejor tenis para poder ganarle”, decía el balcánico. “Y eso hice durante un set, pero luego [tras esos 33 minutos] las cosas cambiaron y él mereció la victoria”, agrega. Efectivamente, una recesión en su juego de la que le costó recuperarse. Para cuando lo hizo, iba a remolque.

La energía y el nivel del campeón de 24 grandes se redujeron de forma drástica durante dos parciales, y aunque se revolvió en la recta final, no encontró la llave de regreso. En consecuencia, el sueño de atrapar su 25º grande y lograr el récord de todos los tiempos —emparejado todavía con la australiana Margaret Court— se disolvió, aunque no se marcha de vacío, dice. A sus 38 años, Djokovic ha conseguido estar presente en otra gran final —el curso pasado no disputó ninguna, pero sí llegó a las semifinales de los cuatro majors— y rebatirle al número uno, después de haber vencido al dos, Jannik Sinner.

Naturalidad

“Sí, me decepcionó cómo me sentí en el segundo y tercer set, porque hasta ahí me encontraba muy bien. Pero así es el deporte: las cosas cambian. Si analizas lo ocurrido durante estas dos semanas, estar a dos sets de ganar un título es un logro enorme para mí”, apreció. Con 4-4 dispuso de una bola de rotura que desperdició con un mal derechazo. Y, a veces, “uno o dos golpes deciden un partido”. “Tengo muchos 'qué habría pasado si…' en la cabeza”, agregaba el serbio, que evitó hablar de “cuestiones físicas” porque “resta méritos al ganador”. Ahora bien, en el turno de preguntas de los reporteros de su país, deslizó problemas que afectaron a su rendimiento.

“Pasaron ciertas cosas relacionadas con mi salud que provocaron ese cambio repentino de energía y sensaciones en la pista”, dijo. Pero rechazó concretar: “No puedo. No quiero. Lo siento”. En cualquier caso, Nole abandonó de madrugada las instalaciones del complejo habiendo dado un paso más. Después de haber batido a Alcaraz en los cuartos de Melbourne, el resto de 2025 fue la prolongación continuada de un estado de impotencia que ahora se atenúa ligeramente tras lo sucedido de nuevo en Australia. Difícil no, lo siguiente. Sin embargo, ahí está y ahí sigue. Guerreando un día más, por si las moscas.

Extraño eso de verle como aspirante, y no como referencia. Un estatus nuevo que ha aprendido a manejar con naturalidad y que resulta inevitable por el giro lógico de la historia; se fue una era, permanece él —lujosa representación de esos años dorados— y no asoma mejor alternativa que la suya entre el grupo de jóvenes que han ido incorporándose a la planta noble del circuito. Aún se les espera. “Reconozco que sienta bien no ser siempre el máximo favorito”, señalaba, al mismo tiempo que su vena más auténtica salía a relucir. Lo acepta, que no baja los brazos. Lo intentará: “Esto es alentador, pero insuficiente para mí”.

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