Alcaraz vence a Hanfmann y alcanza la tercera ronda de Australia
El español supera al alemán por 7-6(4), 6-3 y 6-2 (en 2h 44m) y se enfrentará el viernes a Zheng o Moutet


El gesto de Yannick Hanfmann lo dice todo. Esa cara, un poema. Muy frustrante eso de hacer un primer set prácticamente impecable, valiente, decidido e incluso durante buena parte llevando la iniciativa, y que aun así resulte insuficiente. El sopapo que recibe el veterano alemán es importante. Lo intenta, pero nada de nada. Lo comentaba Daniil Medvedev dos días antes: “Probablemente, ahora mismo no haya nadie que pueda desafiar a Alcaraz y Sinner con regularidad. Pero un partido…”. No es el caso. Voluntarioso y elegante en la pegada, el rival termina cayendo a plomo y el número uno cierra el episodio otra vez brazos en alto, felizmente adentrado en la tercera ronda del torneo.
El 7-6(4), 6-3 y 6-2 (tras 2h 44m) revela una victoria aparentemente cómoda, sin rasguños, limpia. Otra más al casillero. Sin embargo, atrás quedan 78 minutos de indigestión y de no terminar de encontrarse, los que invierte el murciano en destrabar el primer parcial, deshacerse de una pegajosa sensación de malestar y expulsar un par de gritos en forma de diablo: “¡Vamooooooooos! ¡Vamoooooossssss!”. Hasta ahí, curvas. Unas cuantas, además. Y síntomas. Muy raro eso de que a Alcaraz se le caiga la raqueta —quinta extremidad para él— mientras hace un molinillo cuando aguarda al saque del adversario, o que la bola se resista a montarse en su cordaje cuando la recibe rodando por el suelo.
Es un día nuboso y desapacible en Melbourne, donde, ya se sabe, el tiempo va y viene cuando le apetece. Ayer era verano, hoy cercano al otoño. Predominio de chaquetas en la procesión hacia el torneo por Flinders Street y fresquito en la grada de la Rod Laver Arena. Sopla un viento más bien frío, a bandazos, y la atmósfera contagia al juego errático de Alcaraz durante casi una hora, ya sea con la derecha o el revés, también con el saque. “¡No meto una!”, se dirige a su banquillo. Efectivamente. Pero “tranquilidad”, le corresponden. “Seguimos trabajando con serenidad, ¿eh?”. 1-3 abajo y Hanfmann pegándole a la bola que da gusto, dibujando tiros a lo Del Potro.
El alemán, veterano ya, 34 años y largo recorrido, supo de Alcaraz hace seis años, cuando se lo encontró en un challenger en Sevilla y perdió contra un chaval que venía fuerte, pero que en el fondo no dejaba de ser eso, un chaval. “¿Cómo he podido perder?, pensé entonces”. El tiempo le ha ido dando la respuesta. Hoy por hoy, ese crío está en la cima y a su inigualable talento le ha añadido la virtud de que saber manejarse en partidos ásperos como este. Oficio y más oficio para, por fin, sacar adelante un primer set en el que al alemán (102º del mundo) le han penalizado un par de dobles faltas en el desenlace. Ahí, zona terminal, Alcaraz se desenvuelve como pez en el agua.
En ocasiones, no hay mejor medicina para él que la risa. Y llega esta cuando se dispone a servir y el aficionado grita: “¡Carlos Nadal!”. No entiende nada, pero ríe, se relaja, se libera. Atado el set, su tenis cobra naturalidad y contrarresta la atrevida réplica de Hanfmann, ni un paso atrás este. Ahora bien, el físico paga la factura. Se le bloquea el cuádriceps izquierdo y luego le duele el abdominal. Se trata, pues, de que el español mantenga el buen hacer y redondee finalmente una victoria que le sabe bien. “Sabía que él iba a jugar bien”, apunta; “ha sido más duro de lo que esperaba al principio, no sentía la bola tan bien como me hubiese gustado, su bola venía como una bomba”.
La estadística transmite corrección. Prevalecen esos 41 tiros ganadores, aunque falta engrasar la maniobra matizada del saque, tipo Djokovic; esto es, con la pelota más alta al inicio, pegada al arco de la raqueta, y mayor fluidez en el gesto posterior del lanzamiento y el impacto. “Mucha gente ve el ranking, ve que soy número uno y que juego contra el número 100, y piensa que va a ser fácil. Pero no lo es. Cada partido es distinto, el estilo de los jugadores es distinto. Hay algunos que te vienen bien y estás cómodo, y con otros no. Yannick tiene un estilo con el que no me sienti muy cómodo. No ha sido fácil, tampoco por las condiciones”, argumenta el de El Palmar.
Logrado el objetivo, el viernes se medirá con el francés Corentin Moutet, beneficiado por el abandono de Michael Zheng. Imprevisible el francés, 34º del mundo y zurdo; capaz de lo mejor y lo peor. El compromiso le exigirá de temple, de ahí la intención de pasar otra vez por el campo de golf. “Mañana entrenaré un poco, pero luego jugaré, eso seguro”, dice. “El otro día tuve la suerte de jugar con Roger [Federer]. Su juego es tan bonito como su tenis. No me sorprende, es increíble, todo lo que hace lo hace con estilo. Tiene un swing bonito, juega muy bien. Lleva un par de años jugando y su nivel es muy bueno; yo llevo cinco y me ganó…”, se despide.
Y antes de abandonar la central, se acuerda de la tragedia ferroviaria y firma en la cámara: “Mucho ánimo por lo que está pasando en España”.
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