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Uli Hoeness, presidente del Bayern: “Nosotros no miramos para arriba a ningún club, pero el Madrid es especial, por su historia y su aura”

El dirigente más longevo del fútbol europeo revisita el Bernabéu este martes y evoca el primer Madrid-Bayern, que él disputó como jugador hace 50 años

Uli Hoeness conduce el balón ante Sol, Benito y Pirri, durante la semifinal de Copa de Europa de 1976.imago sportfotodienst / Imago / ContactoPhoto (imago sportfotodienst / Imago / ContactoPhoto)

Uli Hoeness (Ulm, Alemania; 74 años), el último dirigente fundacional de la Copa de Europa que sigue en activo, aterriza hoy en Madrid para cumplir con el viejo ritual del equinoccio de primavera: enfrentarse al Real Madrid, esta vez en los cuartos de final de la Champions. El presidente del Bayern no se perdió ni una ceremonia. Ha encabezado la delegación del Bayern a Chamartín un total de 15 veces, 14 como directivo y una como futbolista, cuando el 31 de marzo de 1976 hizo el mismo viaje solo que en lugar de sentarse en el palco se puso la camiseta número diez y saltó al campo acompañado de Maier, Hansen, Horsmann, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Roth, Rummenigge, Dürnberger, Kapellmann y Müller. La semana pasada se cumplieron 50 años de aquella semifinal, primer capítulo del que probablemente sea el gran clásico continental y punto culminante en la carrera de Hoeness, que con solo 24 años alzaría su tercera Copa de Europa después de ganar la Eurocopa en 1972 y el Mundial en 1974.

Pregunta. Beckenbauer salía desde atrás, le daba un pase profundo a usted, que solía jugar en los carriles centrales, como hacía Tostão con Brasil; y usted controlaba y habilitaba con uno o dos toques a Gerd Müller, que era un delantero de desmarques más que de recibir de espaldas y aguantar la pelota. Con es jugada repetida 20 veces, sin prácticamente tirar centros, destruyeron al Madrid de Netzer. La cuestión es: si esa forma de jugar los llevó a la mayor gloria que conocieron, ¿por qué durante tantos años el Bayern se empeñó en fichar delanteros-tanque como Klose, Janker, Toni o Lewandowski, y jugó a colgarles centros? ¿Por qué tardaron tanto en fichar a un atacante como Harry Kane, que lee el juego como lo leía usted?

Respuesta. No se puede comparar realmente a los jugadores ni a las épocas. Beckenbauer fue único, igual que Tostão, y cuando pienso en Müller concluyo que no volverá a haber nadie como él. En aquel entonces jugábamos así porque podíamos y queríamos jugar así. Si miro al Bayern a lo largo de los años, siempre tuvimos nueves que marcaban goles, cada uno a su manera, desde Elber pasando por Makaay hasta Lewandowski. Y cuando ahora miro a Kane vuelvo a ver un nueve como no había visto nunca antes. Defiende, organiza, asiste, marca goles… Gerd vivía en el área; Harry ha desplazado el campo de acción del nueve hacia fuera del área, sin descuidar la esencia: marcar goles.

P. Usted como jugador convirtió al Bayern en el mejor equipo de Europa, y cuando se retiró lo transformó en una potencia financiera, levantó un estadio de referencia, y volvió a ganar tres Champions. ¿Se puede decir que estamos ante el Bernabéu alemán?

R. Agradezco las palabras, pero de ninguna manera quiero compararme con Santiago Bernabéu. El Real Madrid sigue marcando la pauta en el fútbol mundial hasta hoy. Empezando por sus grandes jugadores, desde Alfredo Di Stéfano, y gracias a Bernabéu. Lamentablemente no pude llegar a conocerlo de verdad; nos dimos la mano un par de veces. Fue un personaje imponente, increíble. Personalidades así viven para siempre. No se puede contar la historia de este club sin Bernabéu, y mire, el Bayern es uno de los clubes más grandes del mundo, pero el Madrid es el más grande. Personas como Bernabéu dejan un legado: el fútbol también necesitará en el futuro figuras así, quizá más que nunca, ya que los desafíos son cada vez más exigentes.

Toda mi carrera luché contra los grandes y apoyé a los pequeños. Muchos hacen lo contrario. Creo que cuando estás arriba tienes que dar. Así es como se desarrolla un club, así es como se desarrolla cualquier comunidad, no solo en el deporte

P. Tenía 24 años en aquella semifinal de 1976. Tres temporadas después colgaría las botas y se haría director general del Bayern. ¿Cómo llevó una metamorfosis tan prematura? ¿Siendo jugador en activo ya tenía una idea de que quería ser directivo?

R. Sufrí una lesión de rodilla muy grave en la final de la Copa de Europa de 1975. Los médicos me dijeron bastante pronto que me quedaban pocos años en activo. Observé mucho por encima del hombro a nuestro entonces director general Robert Schwan y, cuando en 1979 me convertí casi de la noche a la mañana en mánager, afronté todo paso a paso. En mi primer día me senté unas horas en mi despacho, con un teléfono mudo delante de mí, y luego me fui a casa [risas]. Estaba claro: ¡teníamos que ponernos en marcha! En 1979 la principal fuente de ingresos era la venta de entradas. Teníamos que independizarnos de eso. Volé a Mánchester para visitar al United, que en aquel momento era la referencia de la explotación comercial. Fui a San Francisco para ver a los 49ers, y vi cómo allí los adultos con traje compraban artículos de aficionados por la mañana de un día laborable. En aquella época, nosotros en Múnich teníamos un pequeño quiosco con una bufanda y una insignia, y me quedó claro: en términos de márketing, teníamos que llegar a donde estaban los grandes clubes de la NFL. Toda mi carrera fue aprender haciendo, recorriendo el mundo con los ojos abiertos y, sobre todo, luchar contra los grandes y apoyar a los pequeños. Muchos hacen lo contrario. Creo que cuando estás arriba tienes que dar. Así es como se desarrolla un club, así es como se desarrolla cualquier comunidad, no solo en el deporte.

P. ¿Qué estrategias propias del Madrid cree que podrían importarse al Bayern y cuáles no? ¿Hay algo que diferencie esencialmente a las culturas de estos dos clubes?

R. El Bayern no tiene que mirar hacia arriba a ningún club. Hay cuatro o cinco clubes en Europa que están a la par, pero el Real es, insisto, algo especial. Por su mitología, por su historia, por su aura, es absolutamente extraordinario. Sería completamente falso decir que es un club como cualquier otro. El Real es un primus inter pares. El respeto mutuo es grande. Todos apreciamos enormemente a figuras como Florentino Pérez. Los duelos de 1976 son partidos para la historia. Cuando el Real y el Bayern se enfrentan el mundo del fútbol está pendiente. Que después de 50 años sigamos así, lo dice todo.

En los últimos 15 años hemos establecido un estilo que entusiasma más a los aficionados que en los años 80 o 90. Van Gaal nos llevó a otro nivel; Heynckes y Guardiola lo desarrollaron aún más

P. ¿Se infravaloró la calidad del Bayern de los 70? Después de la final del 76 el presidente de Francia, Giscard d’Estaing, fue a recibir al Saint Etienne, el derrotado, al aeropuerto de París, y a ustedes que ganaron no les hicieron ni una fiesta en la plaza del Ayuntamiento de Múnich. L’Equipe dijo que la victoria supuso “el triunfo implacable del realismo alemán”. ¿Usted qué cree?

R. Que todo el mundo está de acuerdo cuando, por ejemplo, se dice que Beckenbauer jugó un fútbol maravilloso. Tenía una ligereza… Hoy también flotaría sobre el césped. ¡Tan malos no éramos! Pero si miramos al Bayern de los últimos 15 años hemos establecido un estilo que entusiasma más a los aficionados que en los años 80 o 90. Louis van Gaal nos llevó a otro nivel en cuanto a presentación en el campo. Jupp Heynckes y Pep Guardiola lo desarrollaron aún más, y ahora tenemos a Vincent Kompany, que es la envidia toda la Europa futbolística. Tiene todo bajo control, dentro y fuera del campo. Un entrenador así lo quiere cualquier club.

P. ¿Cómo definiría el estilo del Madrid? ¿Hay algún hilo conductor entre la forma de jugar del equipo de Netzer, Pirri y Amancio, y este de Valverde, Vinicius y Mbappé?

R. Tiene éxito. Ese es el estilo del Madrid. Desde hace décadas, siempre ha tenido en sus filas a los jugadores que, en cada época, reflejan el mayor factor glamour posible, y siempre se trata del éxito. Creo que nuestros dos clubes se parecen de muchas maneras. En el Bayern, el éxito deportivo está siempre en el centro.

P. En 1976 el Bayern ganó su tercera Copa de Europa seguida. Nadie ha vuelto imponer una hegemonía igual. Sin embargo, en la cena que siguió a la final el presidente Wilhelm Neudecker dio un discurso casi fúnebre. Se quejó de la situación financiera insostenible por los elevados salarios de los jugadores. ¿Cómo recuerda aquello?

R. También hay que decir verdades incómodas. El tiempo dio la razón a Neudecker. La Champions no se volvió a ganar hasta 25 años después. Cerrar los ojos no ayuda a nadie y ese peligro es especialmente grande en el momento del éxito. El Bayern siempre ha llevado una gestión económica sólida; ese es nuestro credo. Queremos ser autónomos y seguir nuestro camino sin un inversor externo. Las palabras de Neudecker son hoy más actuales que nunca: todos estamos llamados a detener la espiral de las sumas inmensas que se gastan. Demasiado dinero sale del circuito del fútbol y va a parar a los bolsillos de ciertos agentes. Se cometen excesos que están convirtiendo al fútbol en un paciente y si no tenemos cuidado el diagnóstico será: incurable. Los grandes jugadores valen lo que cuestan, eso está fuera de duda. Pero necesitamos regulaciones para proteger la competencia internacional y la esencia del deporte.

Mi estrategia para construir un equipo ganador es, en primer lugar, crear una identidad. Que jugadores de todo el mundo encuentren un hogar en el Bayern

P. Hay muchas maneras de construir un equipo ganador en la Champions. ¿Cuál es su estrategia en un momento en el que el peso económico de la Premier amenaza con monopolizar las finales?

R. Crear una identidad. Jugadores de todo el mundo encuentran un hogar en el Bayern. Franck Ribéry veía Múnich como una estación de paso y se quedó diez años; Arjen Robben celebró con nosotros sus mayores éxitos después de su etapa en el Chelsea y el Real; Robert Lewandowski se convirtió aquí en mejor jugador del mundo; la lista es interminable. Todo el mundo sabe que en el Bayern se pueden alcanzar las metas más grandes. Eso no se puede comprar con dinero. Pregúntele a Harry Kane si se arrepiente de haber venido a Múnich. Creo que todos conocemos la respuesta. En cuanto a la idea de crecer gastando en fichajes… el Bayern siempre actuará con prudencia en lo económico. Para jugadores del calibre de Kane siempre estaremos dispuestos a gastar dinero. Pero debemos llevar aún más talentos como Jamal Musiala, Aleks Pavlovic o ahora el joven Lennart Karl al primer equipo. Esta temporada, Kompany ha utilizado a más jugadores jóvenes que nunca. Ese será nuestro camino.

P. Los grandes clubes de Inglaterra, Francia e Italia han sido adquiridos por capitalistas estadounidenses o príncipes del Golfo Pérsico, y el Barça y el Madrid, que han firmado grandes contratos de crédito con Goldman Sachs y JP Morgan, se plantean privatizarse. ¿Cómo hará el Bayern para seguir siendo mayoritariamente de sus socios?

R. Es indispensable que un club conserve aquello que lo ha definido desde siempre. En el Bayern quienes marcan el rumbo siempre han sido personas que ponen el fútbol en el centro. Competimos en la élite pese a no habernos hecho dependientes de inversores externos. Somos un modelo de lo que es posible cuando se actúa con sensatez. Al mismo tiempo, no podemos ser ingenuos: el fútbol alemán nunca podrá cerrar la brecha con la Premier en lo que respecta a la comercialización televisiva. Tenemos que estar despiertos.

P. ¿Cómo ve el fútbol europeo?

R. Amo el fútbol y siempre lo amaré. Disfruto de los partidos de la Champions. El nuevo formato ha aportado emoción y ha puesto fin a las conversaciones sobre una Superliga. En lo fundamental siempre soy optimista.

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