La tragedia deportiva y política que sepulta a Italia en la irrelevancia del fútbol
El ministro de Deportes pide la dimisión del presidente de la federación tras la tercera ocasión sucesiva en que la Azzurra se queda fuera de la Copa del Mundo


Son múltiples los factores que empujaron a Italia al despeñadero que la dejó por tercera vez seguida sin Mundial. Al cabo de una interminable sucesión de tragedias políticas, administrativas y futbolísticas, todo se concentró, como siempre sucede, en un acto sobre la hierba. Corría el minuto 41 del partido decisivo contra Bosnia-Herzegovina, este martes en Zenica, cuando un balón dividido en el círculo central fue cabeceado por Demirovic a la espalda de los centrales italianos, a 40 metros de la portería de Donnarumma. Para que corriera Memic. Para que reaccionara Alessandro Bastoni, líder de la defensa de Italia, el más conspicuo de los representantes de la hornada de centrales italianos de la última década, ya maduro a sus 26 años y, sin embargo, incapaz de desarrollar la agresividad imprescindible de los marcadores que hicieron historia en una selección famosa por leyendas del cerrojazo, desde Burgnich a Cannavaro pasando por Costacuta, Baresi, Bergomi, Gentili o Chiellini. Lejos de cumplir, Bastoni llegó tarde. Mientras Clément Turpin, el árbitro, le mostraba la roja, los italianos caían en la cuenta de que su larga tradición de defensas inabordables había tocado a su fin. Estaban expuestos. Regalados incluso ante la Bosnia de Memic.
Fabio Capello lo advirtió en la estela de euforia que siguió a la victoria ante Irlanda del Norte en el primer partido de la repesca. “Con todo el respeto para Irlanda del Norte”, dijo el viejo sabio, “para hacer un juicio de Bastoni necesito un test más revelador. Lo seguro es que en este momento histórico no tenemos grandes marcadores”.
Si hay un profeta que anticipó la caída de una selección imprescindible para entender la cultura del fútbol, ese fue Capello. Después de la ida de los playoffs de dieciseisavos de la Champions, el técnico alzó la voz. El Galatasaray le había metido 5-2 a la Juventus, el Dortmund se había impuesto 2-0 al Atalanta y el Bodo había goleado al Inter 3-1 cuando el técnico publicó su manifiesto en La Gazzetta dello Sport. “Si nos han metido 10 goles en tres partidos es por algo”, señaló Capello. “Este es el fruto de lo que hemos sembrado en los últimos años. Antes construíamos defensores únicos. Hoy en las academias les piden jugar el balón pero no saben defender. Les falta atención. Se colocan pero no cubren. Y si se enfrenten a gente veloz y técnica se meten en grandes dificultades. El error se remonta a las escuelas: a los niños les impiden driblar, cancelan la fantasía, se trabaja solo sobre la táctica sin mejorar la velocidad. El nivel de los equipos de club se refleja en la selección nacional y viceversa”.
El desastre estaba más que anunciado. Desde que Italia levantó su cuarta Copa del Mundo en 2006 y Andrea Pirlo se presentó en la fiesta de la noche de la final con una camiseta estampada que rezaba No Pirlo No Pary, todo fueron malos presagios. Con el declive de Pirlo, último gran mediocampista italiano de una serie que hasta entonces siempre contó con grandes maestros, la selección se precipitó a un abismo. Fue eliminada en la fase de grupos de los Mundiales de 2010 y 2014 y, ya sin Pirlo, no clasificó para las ediciones de 2018, 2022 y 2026. En el túnel apenas brilló un suceso aislado: ganó la Eurocopa de 2021 en las condiciones excepcionales de la pandemia, después de eliminar a España en los penaltis en semifinales y de ganar la final ante Inglaterra, también en los penaltis, gracias al buen juego de un equipo cuyo máximo estratega fue Jorginho Frello, brasileño nacionalizado y nunca bien ponderado por la prensa autóctona.
El ministro de deportes, Andrea Abodi, se apresuró este miércoles a exigir la dimisión del presidente de la federación italiana de fútbol, Gabriele Gravina: “Es evidente que el fútbol italiano necesita reconstruirse y que este proceso debe comenzar con una renovación del liderazgo de la FIGC”.
Fracaso político
El derrumbe deportivo, como recuerda Enrico Curró, periodista histórico de La Repubblica, va indisolublemente unido al fracaso político: “Los malos resultados del fútbol contrastan con triunfos sin precedentes en el atletismo, los deportes olímpicos, el tenis, el vóley…”. Todos apuntan a Gravina, que era un recién llegado en 2021 y supo instrumentalizar el éxito de la Eurocopa sin haber tenido ninguna responsabilidad en la gestión deportiva. Su mandato coincide con la pérdida de rumbo. La consecuencia más perniciosa es que la Serie A no ha sabido promover a los jugadores seleccionables. La base de italianos se reduce. Si en la temporada 2005-2006 el número de extranjeros en la Serie A alcanzaba los 220, según Transfermarkt, hoy pasan de 350. Para muestra, el Como. Entre los 26 futbolistas que componen la plantilla revelación de la liga, los últimos tres puestos entre los menos utilizados corresponden a los tres italianos: Edoardo Goldaniga (104 minutos disputados); Lorenzo Bonsignori (12 minutos); y Alberto Cerri (seis minutos).
La adhesión inquebrantable de Gravina a Aleksander Ceferin, el presidente de la UEFA lejos de incrementar su poder empujó a la selección hacia un terreno de desventaja. En un periodo de gran tensión entre Ceferin y Gianni Infantino, el presidente dela FIFA, el equipo se quedó sin la protección institucional que gozó en otros tiempos. Según fuentes próximas a la federación, así fue como Italia se vio embarcada en un partido decisivo con un arbitraje que, puesto en las zonas grises, interpretó el reglamento a favor de Bosnia. Que Turpin fuera el mismo juez que arbitró el duelo que dejó fuera a Italia del Mundial de 2022, en Palermo ante Macedonia, abundó en la debilidad de Italia en un contexto que a priori le favorecía.
Pocas selecciones cuentan con más adeptos en Estados Unidos, sede de la comunidad italiana más prominente que existe fuera de Europa. A falta de más partidarios incluso Infantino, suizo de nacimiento, se considera medio italiano. Él tuvo suerte, sin embargo. Los niños italianos que nacieron después de 2014 no verán a su selección en un Mundial, como muy pronto, hasta 2030.
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