Ir al contenido
_
_
_
_
ALINEACIÓN INDEBIDA
Opinión

El insólito caso de la rodilla de Mbappé y saber dónde duele

Suerte que al francés no le dolía un dedo del pie porque eso hubiera multiplicado por 10 las posibilidades de errar con la articulación diagnosticada

Kylian Mbappé celebra el pase del Madrid ante el Manchester City.AFP7/Europa Press

Hay algo profundamente tranquilizador en el hecho de que al mejor futbolista del planeta le duela una rodilla y le exploren la otra. Uno pensaba que el caos era patrimonio exclusivo de las clases trabajadoras, de la vida cotidiana del mileurista. Que solo nuestras prendas favoritas encogen y solo nuestros GPS de opción recomendada por Amazon nos dirigen de cabeza al pantano, pero resulta que no. La confusión también alcanza a los más privilegiados y, por extensión, a esos templos de la ciencia deportiva donde un ejército de batas blancas es capaz de perderse entre dos rodillas como quien se hace un lío entre babor y estribor. O entre arriba y abajo. Suerte que a Kylian Mbappé no le dolía un dedo del pie —o de la mano— porque eso hubiera multiplicado por 10 las posibilidades de errar con la articulación diagnosticada.

No faltará quien quiera ver en este incidente una especie de retrato generacional más allá del esperpento médico. Vivimos en la época del desastre permanente, del malentendido diario, un tiempo donde el dolor no siempre está donde a uno le duele, sino donde se sospecha que debería encontrarse. Nos pasa a todos porque la teoría dice que le puede pasar a cualquiera, pero no debería pasarle al Real Madrid. No al club quirúrgico, milimétrico, donde todo está medido al detalle salvo, parece ser, la pierna que le duele a su estrella: si los americanos de la NFL fliparon con el despliegue tecnológico del Bernabéu —o eso nos contaron— puede que terminen haciendo camisetas con esto.

La vergüenza casi siempre invita a mirar hacia delante, pero es echando la vista atrás como uno puede llegar a comprender el origen de algunos males, como si la rodilla de Mbappé no fuera un simple lunar aislado. Aparece entonces la figura de Jude Bellingham, jugando entre algodones durante meses con un hombro que debía entrar y salirse del sitio como un interruptor averiado. Y aparece la lesión de Rodrygo Goes, que jugó con molestias en la rodilla hasta que su cruzado y su menisco dijeron basta, lo que no impidió que los galenos del club lo mantuvieran sobre el terreno de juego media horita más, quizás para asegurarse de que las piezas magulladas estaban bien rotas.

La semana pasada, en Mánchester, le llegó el turno a un Thibaut Courtois que se lesionó durante el calentamiento y tuvo que ser sustituido al descanso, como si esta fuese la temporada en la que el Real Madrid haya acumulado más partes médicos sospechosos que alineaciones reconocibles. Al frente de los servicios médicos del club se encuentra Nico Mihic, un viejo conocido de la afición blanca por dos motivos: fue despedido hace un par de temporadas por la desconfianza que sembraba entre los jugadores y recuperado tras mostrar su faceta de servil tertuliano al deslizar ciertas sospechas sobre el máximo rival en una entrevista. Un perfil curioso: mitad bata blanca, mitad altavoz. Porque aquí ya no se trata solo de una rodilla, sino de entender qué papel juega quien firma el diagnóstico. De saber si ha venido para curar, para comunicar o para algo más difuso, ese terreno siempre pantanoso donde la ciencia médica se mezcla con el relato.

Quizás todo quede en una anécdota, un error administrativo o una torpeza de las que se lavan en casa, como la ropa sucia. Pero entre la rodilla equivocada y los mensajes a terceros, uno empieza a sospechar que en este juego siempre hay alguien que tiene muy claro lo que decir, aunque a veces no acierte del todo dónde duele.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_