No conviene subestimar al Madrid
Hemos tenido otra prueba más de la ilógica del fútbol y de la lógica del Real Madrid. De esa mezcla, provocada por los locos de afuera del campo y los de dentro, nacen noches inolvidables


Subestimar al Madrid es una mala idea. En esta ocasión el golpe sobre la mesa fue mayúsculo, porque no lo esperábamos. Nos aferrábamos a cosas de orden antiguo: al compromiso histórico, a los valores esenciales donde habita la identidad. Y debe ser verdad que en todo eso hay un poder secreto.
Hemos tenido otra prueba más de la ilógica del fútbol y de la lógica del Real Madrid. De esa mezcla, provocada por los locos de afuera del campo y los de dentro, nacen noches inolvidables. El equipo venía de grandes desilusiones. El suelo de la desgracia parecía no tener fin: diseño de la plantilla discutible, lesiones interminables, resultados decepcionantes… Sin embargo, apareció una virtud admirable: el equipo no se dejó atravesar por el miedo.
Faltaban grandes figuras y visitaba el Bernabéu un equipo temible. Aun así, una construcción colectiva con espíritu amateur fue suficiente para poner las bases y para ir afianzando el partido. Luego Valverde, en noche memorable, incendió el Bernabéu que, una vez más, no creía lo que estaba viendo. Definitivamente, las alegrías no son todas iguales. Las inesperadas hacen historia.
No es la primera vez que el City se ve intimidado por el escenario. Pero en esta ocasión ocurrió algo sorprendente. Pep Guardiola, es un genio que nos enseñó a pensar siempre en el juego, antes que en los goles. Por esa razón, suele llenar el campo de centrocampistas para ejercer un dominio a veces abusivo. Según esta ley, los goles son una consecuencia. Si los convertimos en único objetivo equivocamos los caminos, los tiempos. Pero en esta ocasión, la alineación se llenó de delanteros, que generaron peligro en los primeros minutos. Pero cuando el partido se afianzó, el Madrid empezó a marcar diferencias mostrándose como un equipo incansable, decidido y eficaz. Luego, amansado por la fatiga, supo replegarse y, en un ejercicio solidario pocas veces visto esta temporada, llegó hasta el final sin sufrimiento.
Con Vinícius tirado a la izquierda y Brahim a la derecha, el área no está ocupada. Solo las llegadas de los centrocampistas pueden atenuar ese vacío. Y ahí apareció Valverde como una tormenta tropical. Arrancaba desde muy atrás, con una zancada poderosa y natural, como si corriera cuesta abajo atravesando grandes espacios que él convierte en pequeños.
En el primer gol su marcador y el portero del City calcularon mal. Valverde con precisión milimétrica, se fue de los dos y, con ángulo cerrado, puso el 1 a 0 con pierna derecha. En el segundo su desmarque fue en diagonal y la cruzó, inalcanzable para Donnarumma, esta vez con la izquierda. El tercero fue una obra de arte. Los espacios se achicaron, pero recibió un globo, lo convirtió en sombrero y resolvió con una pegada impecable. Hacía tiempo que no veíamos algo así y el Bernabéu se vino abajo haciéndole justicia a un jugador de rendimiento altísimo desde hace mucho tiempo. Noche de recompensa.
No se me olvida que el City es un equipazo y que, a la vuelta, tendrá derecho a réplica. Pero el Bernabéu ya tiene otra prueba de su poder.
Los triunfos claros del Madrid y del Atlético, más el empate agónico del Barça, fortalecen a la Liga. En esta primera jornada la Premier sufrió un pequeño desastre: dos empates y tres contundentes derrotas.
No discuto su competitividad. La Premier es un campeonato exigente que asegura partidos intensos. Pero no parece un país que ame un fútbol diferente, artístico. Cada vez se ven más jugadores físicos, reaparecen marcas personales que creíamos olvidadas y existe un empeño constante por fabricar córneres como si fueran penaltis… .
Quizás les convenga mirar hacia la Liga, que ni olvida la eficacia ni descarta la belleza.
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