Valverde lo hace todo y el Real Madrid abrasa al Manchester City
En un equipo repleto de bajas, el uruguayo destapa su versión más salvaje e impulsa con un ‘hat trick’ en 42 minutos la goleada al cuadro de Guardiola que no encontró respuesta a su intenso despliegue


Y sí, la Champions transforma al Madrid. O el Madrid se transforma, escribe y reescribe la historia de la Copa de Europa cuando parece que ya lo ha contado todo. De todas las formas. Incluso contra el Manchester City, el equipo ante el que ejecutó la insólita remontada de 2022, el mismo al que tumbó dos años más tarde en la tanda de penaltis en el Etihad. Siempre se puede esperar algo más del Madrid. A veces en seis minutos de añadido para una remontada, a veces en 42 para tres goles de Valverde el día que les faltaba casi todo en la delantera, una ventaja enorme con la que afrontar la vuelta del próximo martes en Inglaterra. Con el Madrid, cualquier Madrid, se debe esperar lo inesperado aunque hasta que suene el himno en el estadio el ánimo del personal ande renqueante, con el orgullo tocado tras perder contra el Getafe, después de ganar al Celta in extremis con un gol con rebote también de Valverde en el 95. Incluso si quien visita es el temido, odiado, respetado Guardiola. O precisamente cuando se cruza él, antagonista de tanta batalla de reguero humeante y hermoso.
El Real compareció transformado, con un aplomo que no se esperaba después de las desorientaciones recientes que desembocaron en patinazos ligueros. Pero Arbeloa, exégeta del alma del Madrid, ha buceado en el vestuario hasta dar con los rescoldos de esas memorables noches gloriosas que parecían fuera del alcance de este grupo. De allí extrajo, por ejemplo, a Thiago, titular en el gran clásico europeo de estos tiempos recién aterrizado del Castilla con 18 años por delante de las muelas de Camavinga. Tampoco tembló en el apabullante escenario de la Copa de Europa. Tanto, que casi la pifia en su área cerca del final. Derrochó energía cuando tenía la pelota y cuando la perseguía, a menudo ayudando a Trent y Valverde a frenar a Doku.
Porque por la banda del belga discurrió la primera fase del plan de Guardiola. El extremo trataba de castigar la endeblez defensiva de Trent. Pero el Real aguantaba con el espíritu gremial de las noches extremas, muy junto, muy controlado. Doku lo intentaba, pero salía poco de ahí. Y al otro lado se levantaba la presencia gigante de Mendy vigilando a Savinho. El francés es una roca. Hasta que se derrite, cosa que sucedió al llegar al descanso. Pero hasta entonces, todo, no solo él, le funcionó al Real con una solidez pétrea.









El City, menos agresivo, tocaba como de costumbre, porque el City siempre toca, ordena su mundo alrededor del balón. Aunque lo manejaba de manera más morosa, menos dañina pese a pisar pronto el área de Courtois. También por la consistencia del equipo de Arbeloa. Los partes médicos anunciaban que solo le quedaba eso, resistir el vacío de las siete bajas, el boquete de la ausencia de Mbappé, Bellingham y Rodrygo que los dejaba sin pólvora.
O no. Porque es la Copa de Europa, ¿verdad? Siempre aparece algo especial. Para el truco de esta noche iba a necesitar el pie izquierdo de Courtois y el espíritu salvaje de Valverde. El portero insistió con varios saques a la derecha hasta que el uruguayo domó uno con un regate a O’Reilly y se plantó en el área de Donnarumma. Superó al meta con un delicado autopase y embocó a puerta vacía. Se podía leer como una continuación de lo que hizo en Vigo. Allí empezó a levantar a un equipo en las raspas y alargó el impulso al Bernabéu. Luego marcó desde la izquierda tras un pase filtrado de Vinicius. Y luego, atravesando por el centro. Controló con un sombrero prodigioso un pase de Brahim y marcó el tercero, su primer hat trick, en una cita que se anunciaba escarpada.
El City se vio 3-0 en otra noche que debía de sentir como inexplicable. No encontró razones ni respuestas. Siguió buscando la velocidad de Semenyo, Savinho y Doku, la contundencia de Haaland, pero el Madrid no solo no se agrietaba, sino que disfrutaba del espacio. Hacia allí puso a correr Güler a Vinicius, que alcanzó el área y cayó derribado por Donnarumma. Pero el brasileño desperdició el 4-0 con otro penalti con saltito que atrapó el italiano.

El City seguía empujando, pero el entramado del Real lo soportaba todo. O lo arreglaba Courtois. Como el despiste de Pitarch en el área. O’Reilly tiró a bocajarro y el belga sacó una pierna que pareció extensible. Cuando el Madrid se reencuentra con la Copa de Europa, no queda más que contemplar.
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