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El juego infinito
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Continuidad, un lujo imposible en el Real Madrid

Hay escalas de tensión y la que ejerció el ambiente sobre Xabi Alonso llegó hasta límites intolerables

Real Madrid

Durante varios meses, el “partido a partido” de Simeone, era el plazo que se le concedía a Xabi para sobrevivir. “Si gana sigue, si pierde cae” parecía ser el mantra con el que aprendió a convivir él y la desconcertante opinión pública, que miraba el espectáculo de supervivencia con perplejidad. La muerte de un moribundo no debería sorprender a nadie, pero cayó Xabi Alonso tras la Supercopa y pareció que nadie lo esperaba. La historia no se entiende mientras está sucediendo y, en el territorio del fútbol, todo el tiempo están pasando cosas. Analizar con perspectiva es un lujo casi imposible. Más aún en el Madrid, donde las noticias se atropellan.

Suponíamos que, tras la Supercopa, Xabi seguía caminando sobre arenas movedizas, pero que perder con honor le permitiría mantenerse un tiempo más. Pensamiento fallido porque, en el Real Madrid, perder y honor son verbos que no deben conjugarse juntos. Pesada condena y principal motivo de su competitividad.

Xabi vivió su experiencia en el Madrid con incomodidad. El arte de esquivar la presión que suele ejercer Florentino no la manejó con la soltura que yo imaginaba. Ni siquiera cuando encadenó varios triunfos seguidos, al comienzo de la Liga, se sintió seguro. Sus decisiones se debatían, algunos jugadores se rebelaban y el club, en voz baja, sembraba dudas sobre el rumbo, la relación con ciertos jugadores o la preparación física. La presión mediática actuaba como reflector, pero el peor ruido del Madrid viene de sus pasillos: comentarios, trascendidos, advertencias. Cualquier entrenador que pretenda interpretar lo que escucha antes de lo que ve, se confunde, si no enloquece. La tensión inherente al cargo, se me dirá. Pero hay escalas de tensión y la que ejerció el ambiente sobre Xabi llegó hasta límites intolerables. Por reflejos, cansaba hasta a quienes seguíamos las noticias.

El final de la relación incluyó la coletilla “de común acuerdo”. Una forma elegante de decir: ni el club ni el entrenador aguantábamos un día más. Gran contraste con la ilusión que provocó la llegada de Xabi. Había alcanzado tal prestigio internacional, que los clubes se lo rifaban y su condición de indiscutible le sirvió para firmar un contrato de tres años. Una promesa de estabilidad que el Madrid siempre anhela, pero le cuesta conseguir. Quiere continuidad, pero vive de la inmediatez de los resultados. Es tan grande la presión que llega un momento en que el club, para acabar con la antropofagia, se termina comiendo al caníbal.

El Madrid llamó a filas a Álvaro Arbeloa, soldado del club y amigo de Xabi Alonso, para darle a esta historia una dosis más de novelesca complejidad literaria. Si nos concentramos en lo futbolístico, conoce los intestinos del monstruo, tiene tranquilidad, como demostró en sus primeras comparecencias públicas, y ninguna experiencia a este nivel. Con esas armas, le tocará domar un tigre distinto cada día en el circo futbolístico más difícil del mundo. En Albacete habrá entendido que los tigres sacan las garras desde el primer día.

La afición mira lo ocurrido con memoria y estupor. Las altas expectativas creadas por Xabi se agotaron en tiempo récord y no sabemos si, con este diseño de plantilla, podrá remontar Arbeloa. No me extrañaría que el Bernabéu, antes de renovar las ilusiones, pase factura a los jugadores, porque es un estadio que tiene exigencia alta e indignación fácil. Ellos tienen la palabra, los jugadores los hechos.

Aunque la importancia de los entrenadores va en aumento, cuando empieza el partido se acaban las palabras. El fútbol es acción. Y los verdaderos dueños del juego son los futbolistas. Muchachos, este cuento se acabó. Ahora les toca a ustedes.

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Sobre la firma

Jorge Valdano
Jorge Valdano es columnista de EL PAÍS y comentarista de Mediapro para Movistar. Exjugador de fútbol, campeón del mundo con Argentina en 1986, también fue entrenador. Ocupó la dirección deportiva y la dirección general del Real Madrid en dos etapas en el club blanco, donde fue además futbolista y técnico. Ha escrito varios libros.
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