El último y peligroso reto de Alex Honnold: escalará en Taiwan un edificio de 508 metros en solo integral y en directo para Netflix
El deportista estadounidense, célebre tras escalar sin cuerda El Capitán y ganar un Oscar con el documental ‘Free solo’, se enfrenta este sábado al rascacielos Taipei 100 y abre el debate sobre la ética de una emisión por televisión de su intento


No será el primer ser humano que escale un edificio, un rascacielos en este caso. Tampoco será la primera vez que el asunto se emita en televisión. Pero el hecho de que el protagonista sea Alex Honnold (Sacramento, EE UU, 40 años), que vaya a escalar sin cuerda, es decir en solo integral, y que Netflix sea el canal emisor, ha disparado el morbo, enarcado cejas y suscitado no pocas preguntas. En la madrugada de este viernes al sábado, a las 2.00 horario peninsular español, el estadounidense Honnold se medirá en directo al Taipei 101 (por su número de plantas), un edificio de 508 metros de altura situado en la capital de Taiwán y que hasta 2009 fue aplaudido como el más elevado del planeta. Ahora parece pequeño si se compara con el nuevo monstruo sito en Dubai, el Burj Khalifa, de 828 metros. Para el público no iniciado, el asunto puede parecer un ejercicio de suicidio en directo. Para la comunidad escaladora, se trata solo de ver cómo Honnold se pasea en el plano vertical y se embolsa una millonada (no se ha revelado cuánto cobrará). El escalador trascendió las fronteras del mundillo de la escalada tras escalar sin cuerda la ruta Freerider al Capitán, en el californiano valle de Yosemite, protagonizando el documental Free solo premiado con un Oscar en 2019. Las imágenes disparaban inevitablemente el sudor incluso en las manos más frías. Fue la escalada de su vida, de una vida íntimamente relacionada con la escalada sin cuerda, ejercicio para el que no basta con poder hacerlo: hay que atreverse a hacerlo.
De la capacidad de Honnold para enfrentarse a situaciones de peligro extremo surgieron mitos casi legendarios: su cerebro no era capaz de generar la alerta del miedo, se dijo. Así, un escalador fuerte como él pasó a ser una suerte de marciano incapaz de percibir el freno del terror. Pronto se encargó de desmentir tal extremo: llevaba tantos años escalando sin cuerda y había pasado tanto miedo que, simplemente, había aprendido a manejarlo. Para no perder el control. Para saber siempre dónde estaba su límite y tratar de no ir más allá. Pero la historia de los escaladores sin cuerda recuerda a muchos que se fueron mientras realizaban modestos ejercicios de escalada sin cuerda, como John Bachar, una de las grandes referencias de Honnold en su niñez. Un pequeño agarre que se rompe, un pie que pierde su adherencia de forma inexplicable, un canto húmedo, el vuelo demasiado cercano de un ave… sobran las causas para precipitar el desastre.
El Capitán mide casi 1.000 metros y en Freerider Honnold se enfrentó a un largo de dificultad 7 c, para una escala de dificultad en roca que alcanza el 9 c. En el Taipei 101, la dificultad estimada no pasa del 6 b, pero a diferencia del granito de El Capitán, el edificio siempre es vertical: “Muchas paredes que parecen verticales en realidad no lo son, o no lo son todo el trazado. En cambio, el edificio es vertical de principio a fin, y eso es interesante, diferente, luego emocionante”, declaró recientemente Honnold a Netflix. El escalador ha escalado ya partes del edificio de vidrio, acero y hormigón autoasegurado a una cuerda, sin usar siquiera pies de gato y calzando zapatillas de aproximación. Será una escalada técnicamente sencilla, pero sumamente repetitiva y, según sus propósitos, “físicamente exigente”, pese a que el escalador podrá reposar en las terrazas que existen para separar como anillos las diferentes zonas del edificio.

Alain Robert, conocido como el Spiderman francés, ya escaló el Taipei 101 en 2004, cuando ni siquiera estaba acabado. Tuvo que usar la cuerda porque aquel día llovía y el edificio aún acumulaba mucha suciedad. Robert, un fortísimo escalador de roca con solos integrales en vías de 8b de dificultad, se labró una carrera escalando los edificios más emblemáticos del planeta, casi siempre sin permiso: acabó más de un centenar de veces detenido y unas cuantas en el hospital. Sus deslices en el ejercicio sin la cuerda le han causado tantas fracturas que ni siquiera es capaz de enumerarlas. A veces, no solo se le permitió escalar un edificio, sino que su performance fue emitida en directo, igual que las ascensiones en roca de algunos pioneros en Estados Unidos en los años 70 del siglo pasado.
Netflix no inventa nada nuevo, pero luce como emblema de la globalización del streaming al alcanzar una audiencia brutal poco o nada avisada: si algo falla, los espectadores verán la muerte en directo de una persona. Algunas voces señalan la posibilidad de que la emisión genere un efecto de imitación. No parece probable. El porcentaje global de escaladores que practican el solo integral es ínfimo, sencillamente porque todos entienden que las probabilidades de sufrir un accidente son elevadísimas. Y la inmensa mayoría de los que se empeñan en probar la sensación de fluir sin cuerda lo dejan, asustados por lo que acaban de hacer. Conviene no banalizar lo que hará Honnold esta madrugada: si el reto deportivo es inferior a lo que acostumbra, sigue siendo un ejercicio que muy pocos escaladores de élite podrían acometer, y cuando despegue del suelo no solo arrancará un show, sino que se jugará en directo su vida. El alpinista y escalador alemán Alex Huber, también un escalador acostumbrado a prescindir de la cuerda, recuerda que “será una hazaña impresionante, pero muy alejada de lo que significa la escalada”.
Honnold declaró semanas atrás que siempre había soñado con escalar un gran edificio, pero no ha trascendido si fue él quien insistió en escalar el Taipei 101 en directo, o si solo aceptó una idea de Netflix, quien en este caso convierte en mercancía un ejercicio que conlleva la posibilidad de asistir a una muerte en riguroso directo. Netflix ejerce de productor (junto al escalador) de un ejercicio de riesgo extremo, normalizando una situación que también coloca al espectador como cómplice.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































