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Armando del Rey, paracaidista, tras perder a sus cuatro amigos: “No sé si volveré a saltar, tengo antídotos para seguir viviendo”

La película ‘La Fiera’ narra la historia de cinco españoles enganchados al salto con traje de alas del que el entrevistado es el único superviviente tras perder a Manuel Chana, Álvaro Bultó, Darío Barrio y Carlos Suárez

Armando del Rey junto a Miguel Bernardeau, el actor que da vida a su personaje en el filme en una imagen cedida por la productora.Foto: nico de assas

Potente, la historia debía saltar a la gran pantalla: un grupo pionero de cinco amigos enganchados al salto con traje de alas que se desintegra en accidentes fatales. Hoy solo queda vivo Armando del Rey, que se considera “un superviviente, totalmente”. La película La fiera (dirigida por Salvador Calvo y producida por Atresmedia y Mod producciones), que se estrena el próximo 6 de febrero en los cines, recoge la trayectoria de amistad, pasión y duelo de Manuel Chana, Álvaro Bultó, Darío Barrio, Carlos Suárez y el propio Armando. En palabras del productor Fernando Bovaira, es una “película única en la historia de nuestro cine” y en boca de Armando, “un regalo”. Y se explica: “Cuando vi la peli me sobrecogió… no era casi consciente de todas las vivencias que he pasado, de ese cúmulo de desgracias a mi alrededor… qué aguante… Convivo con ello porque tengo el don de poder archivar las desgracias de mi vida para poder seguir adelante”, reconoce.

El último mazazo, terrible, cayó el pasado 1 de abril: Carlos, Armando y otros especialistas saltaron de un globo durante el rodaje de ‘La Fiera’ embutidos en sus trajes de alas. Era un salto seguro. Pero Carlos perdió la vida: ninguno de los dos paracaídas que portaba se abrió. En 2014, tras la muerte de Darío Barrio, Armando del Rey decidió dejar de saltar, decisión que mantuvo un año. Después, volvió al wingsuit —saltar solo armado con un traje con alas— pero abandonó para siempre el proximity: planear acercándose a los accidentes orográficos, esquivándolos a capricho, rodeando espolones, recorriendo canales, rozando árboles como un pájaro.

El proximity estaba matando a demasiada gente. Nueve años después, la voz de Armando suena al teléfono tan serena como entonces: “desde el accidente de Carlos no he vuelto a saltar, y puede que no vuelva a hacerlo jamás. No me creo que todos los de mi grupo se hayan matado, y mucho menos Carlos… lo cual me hace pensar que no estamos exentos de sufrir un accidente repentino y sin sentido. El 99% por no decir el 100% de los accidentes de paracaidismo tiene un culpable: el piloto. Hay un sistema de apertura automática y una anilla de reserva a la altura del pecho para tirar de ella como si no hubiese un mañana y accionar el paracaídas. Yo creo que ese día Carlos tuvo que sufrir una pérdida de conocimiento o algo así para que no pudiese tirar de la anilla. Carlos ya había tenido emergencias similares en pleno vuelo que resolvió… todo esto es un sinsentido. Esto te hace pensar: todo el que hace salto base sabe que puede haber un momento en el que falle algo y que aun habiéndolo hecho bien todo, teniendo una gran técnica, el factor suerte ha de estar de tu lado. A veces es cuestión de cara o cruz”, observa.

Armando del Rey necesita parar: “Apartarme, reflexionar, calmarme como cuando se fue Darío”. Pero no siempre ha sido así: “Con el accidente de Chana (en 2010) ocurrió lo contrario: fue el primer salto fatal de un amigo muy cercano y al día siguiente nos fuimos varios amigos a saltar porque era como que lo necesitábamos, algo muy raro”, reconoce.

Miguel Bernardeau, actor que encarna a Armando, asegura en la película que “se puede vivir sin saltar”. “Me creo esa frase. Si esta pregunta me la haces hace 15 años, te digo que no, que no puedo vivir sin volar… pero la vida son ciclos, se cumplen etapas y soy una persona que disfruto de muchas otras cosas como del surf, por ejemplo. Tengo antídotos. Esto me ha hecho tener que saltar menos estos últimos años, ponerme menos en riesgo. Tengo 55 años, pero creo que más que mi edad influyen los años que llevo practicando este deporte. Si llego a empezar a saltar hace cinco años ahora mismo estaría a tope, en lo más alto de mi pasión, y no podría dejarlo. Hace unos años coincidí en Noruega con el dueño de una de las fábricas de paracaídas más importantes del mundo y ahí estaba saltando de un acantilado a sus 70 años pasados”, expone Armando.

El traje con alas ha acercado al ser humano a la experiencia de ser un ave, con vuelos que pueden durar hasta cuatro minutos. ¿Cómo no engancharse? “Es imposible expresar con palabras una pasión como la de volar. Lo que se siente en lo alto de una pared momentos antes de saltar con un traje de nailon y un vacío terrible a tus pies es indescriptible. El vuelo que hicimos desde el Salto del Ángel en Venezuela, 1.000 metros de caída junto a la catarata más alta que existe, esa selva sin apenas hueco para aterrizar… es algo inhumano”, describe.

Armando asesoró a los guionistas de La Fiera. En su caso, era importante que la realización no obviara las motivaciones del grupo, su dinámica: “Es difícil explicar tanta fatalidad en el grupo que éramos. Después de perder a Carlos, empecé a pensar en que nos persigue una maldición. Fuimos un grupo de amigos que disfrutábamos al máximo de lo que hacíamos. Nuestros viajes consistían en reírnos, comer, caminar montaña arriba, saltar y volver a empezar. El salto era solo la guinda del pastel. Nos reíamos de nosotros mismos, a Álvaro le llamábamos Calleja para que todos le confundieran…. Era una alegría brutal, el grupo era como una bola de acero”.

Pero Álvaro y Darío se mataron en 2013 y 2014, respectivamente. “Y esa bola que parecía irrompible se rompió. Perdimos la alegría que nos caracterizaba. Pudo haber más muertos: otro amigo del grupo, Santi Corella, no se mató porque se retiró a tiempo. Después de la muerte de Álvaro, Santi y yo fuimos a saltar al Congost de Montrebei, a la pared de Cataluña, y no lo disfrutamos. Ese día, Santi dijo que ya no lo veía. Yo seguí porque estaba con Red Bull y me daban la oportunidad de hacer saltos impresionantes, lo que me permitió mantener cierta ilusión, la misma que experimenté cuando leí junto a Carlos el guion de La Fiera”, recuerda.

Una página web, BASE Fatility List, recoge todos los accidentes mortales registrados en el mundo del salto base y el vuelo con alas en un esfuerzo por extraer lecciones y señalar los fallos de los pilotos. A día de hoy, muestra 564 fallecidos, en un recuento que arrancó en 1981. Curiosamente, pese al conocimiento creciente, 2024 fue el segundo año con más fallecidos registrados: 33, a 4 del récord registrado en 2016. “Nosotros empezamos a saltar cuando los trajes volaban poco y desde entonces este deporte se ha desarrollado. Cuando innovas en un deporte aeronáutico de estas características, los accidentes son habituales. La prueba es que todos los pioneros han fallecido. Ahora hay mucha tecnología, conocimiento, información, pero nosotros lo hacíamos a la torera. Las muertes de 2024 se explican porque todo es muy accesible hoy en día y eso hace que haya mucha más gente que antes saltando. Y muchos saltando por encima de sus posibilidades: muchas descripciones de los accidentes revelan fallos humanos. Además, siempre piensas que no te va a tocar a ti”, recuerda.

Un runrún de desaprobación persigue a cualquiera que practique un deporte extremo. También a Armando: “Ya sé que la gente no entiende que adoremos la vida y la expongamos, pero prefiero vivir 30 años como un rey que 100 como un vasallo. Está claro que hay un punto en el que te dices que te da igual tener un accidente porque disfrutas tanto que no te importa. Si te tienes que poner a pensar en la familia, en las responsabilidades, en todo… no haríamos nada. Y no es egoísmo, es simplemente que esta es mi vida. Para mí es más fácil porque no tengo hijos, una familia creada. Si la tuviese, quizá obrase de otra manera… no lo sé”.

Armando fue campeón del Mundo de saltos con BMX en 1996. Practicaba en el pantano de San Juan, colocaba una rampa al borde del agua y saltaba con la bici forrada de cámaras hinchadas sujetas por cinta americana. Así aprendió a hacer mortales, backflips, rotaciones… algo que le estresa menos que su trabajo en un negocio familiar, el Corral de la Morería, estrella Michelín desde 2018: “a los famosos que vienen a comer y ver el espectáculo, les digo que soy paracaidista… y no me creen”.

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Sobre la firma

Óscar Gogorza
Periodista especializado en actividades de montaña y escalada, escribe para EL PAÍS desde 1998. Coordina el blog 'El Montañista'. Dirigió la revista' CampoBase' durante una década y es guía de alta montaña UIAGM.
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