Cort Nielsen estropea la epopeya del Lotto en la Volta
Después de una etapa entera en la fuga, Slock es absorbido a falta de un kilómetro por el pelotón


Fue un jaque en toda regla, una historia tan hermosa como imposible, una estrategia sensacional que se quedó en nada por bien poco, finalmente un quiero y no puedo que, sin embargo, no emborronó la maravillosa apuesta de Lotto, que se escapó con dos corredores al abrirse el telón de la etapa y que solo dio su brazo a torcer cuando faltaba un kilómetro, cuando Slock -ya no estaba Viestroffer, su compañero de fatigas-, derrotado, rendido, ahogado, levantó el pie ante la hambruna del pelotón. Faltó poco. Pero faltó. Y bien que lo celebró el bigotón Cort Magnus Nielsen (Uno-X), que puso el turbo en el momento idóneo, que encontró las piernas y los pulmones necesarios para llevarse el laurel en Banyoles, segunda etapa de la Volta. Una etapa de nuevo resuelta al sprint para desasosiego del Lotto, que se llevó la gloria, pero no la victoria.
La jornada comenzó en la pintoresca ciudad de Figueres, tierra del genial artista Salvador Dalí, donde los ciclistas se dieron un baño de masas, señal de que el cartel de carrera es de lo más magnético porque están todas las primeras espadas a excepción del todopoderoso Pogacar. Pero a la que se comenzó la carrera se acabaron las palmaditas en la espalda y las sonrisas, pues un ramillete de corredores saltó en busca de la jornada titánica, una fuga de pe a pa. Allá se coló Veistroffer como hiciera el día anterior, ocupado sumar puntos a su maillot de la montaña con el Alt del Purgatori por delante -y bien que se llevó el botín, hasta ahora ganador en todas las cimas y los sprints intermedios-, acompañado por Slock, Arriola-Bengoa (Caja Rural), Uriarte (Kern Pharma) y Samuel Fernández (Euskaltel). Era una aventura inverosímil, pero tanto les daba a los corredores, que al menos aparecían repetidamente en la televisión, el mejor de los reclamos para los patrocinadores.
Los planes de los dos escapados de Lotto, en cualquier caso, eran otros, por más que el pelotón no les diera apenas carrete, siempre controlador entre el fastuoso paisaje, de Peralada a Olot pasando por Besalú, localidades donde ya refulge el despertar de la primavera. Sabía la serpiente multicolor que era una etapa trampa, con muchos repechos, subidas y bajadas que podían hacer mella en las piernas, tramos de carretera estrecha donde los corredores no podían despistarse, preocupados todos en situarse en la parte delantera para evitar cualquier abanico o trecho por recuperar. Pero esa preocupación se multiplicó a falta de 45 kilómetros, cuando Slock y Viestroffer decidieron hacer la fuga de la fuga, ellos dos junto a un Uriarte que resistió hasta donde pudo, a 20 kilómetros del final. Justo donde la carretera ya no volvería apenas a empinarse, cuesta abajo entre curvas reviradas. Una emboscada que se cobró el fuerte topetazo de Uhlig (Alpecin) y que estiró al pelotón, que miraba con agitación cómo se acababa el asfalto frente a un Slock que pedaleaba más con el corazón que otra cosa. Eran, sin embargo, sueños de grandeza con final infeliz.
Resulta que a falta de un kilómetro le absorbió el pelotón, ya con el botón del hiperespacio apretado, todos los hombres-bala buscado su lugar para ampliar el fantástico palmarés de sprinters vencedores en Banyoles, como Erik Zabel (1999), Thor Hushovd (2008), Mark Cavensih (2010) y Alessandro Petacchi (2011), entre otros. Y aunque lo intentaron muchos, solo Nielsen y Isidore (Decathlon) sacaron los codos en los últimos metros. Y el triunfo fue para el bigotón –como lo es Dorian Godon, que venció en la primera etapa-, que elevó el puño con rabia y felicidad. Por detrás, impotentes, los del Lotto rechistaban y maldecían. La historia dorada se les escapó por los pelos, por un maldito kilómetro.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.



























































