| 1 | 2 | 3 | 4 | T | |
|---|---|---|---|---|---|
| OLY | 27 | 19 | 13 | 28 | 87 |
| BAR | 13 | 24 | 27 | 11 | 75 |
El Barcelona cae con la cabeza alta ante el Olympiacos
Aunque el equipo de Xavi Pascual, todo carácter, recuperó una desventaja de 17 puntos, acabó cediendo frente a un rival de infinitos quilates (87-75)


El Barça ha recuperado brío y color con Xavi Pascual en el banquillo, un discurso que ha servido para repatriar a los jugadores azulgrana al país baloncesto. Con él, el equipo ha borrado del diccionario la palabra rendirse y es un competitivo ante cualquier rival, también frente a un Olympiacos formado por una constelación sin igual. Aunque ninguno como Vezenkov, al que se le cuentan los partidos malos de los últimos años con una mano. Es un espectáculo a la vieja usanza, sin aspavientos ni tatuajes, tampoco brincos descomunales o movimientos eléctricos. Le vale con un pequeño gesto de cadera o con un pasito al lado inesperado para descontar rivales, con un ligero movimiento de la esa zurda de oro para llenarse las manos de puntos. Edén para el Olympiacos y cadena perpetua para los rivales. Y si a eso se le añade Milutinov o Dorsey, también Fournier, Ward y un Tyreque Jones que ante el Barça estaba de dulce, no hay contrincante que se le resista, por más que, en contra de toda lógica, el equipo ha alcanzado la Final Four en los últimos cuatro años sin el premio definitivo. Aunque el Barcelona estuvo cerca de explicar lo contrario, un ejercicio de resistencia sensacional que solo se diluyó en el último cuarto.
Shengelia robó el balón, corrió, saltó y encestó. La perfección hecha jugada y también el supuesto fin del Barcelona porque el Olympiacos decidió ponerse el mono de trabajo. Una canasta en contra sirvió de acicate para Vezenkov, el Prometeo del baloncesto europeo. Es el jugador búlgaro una oda al baloncesto, que no necesita ni medio centímetro para armar el tiro, tampoco para hacer chof. Triple, bandeja, salto y adentro, trituradora también para el conjunto azulgrana, que encajó 13 puntos de carrerilla. Porque Prometeo también juega con Epimeteo, su hermano, un Milutinov que no deja ni las migajas bajo el poste, que baila y pica, que ni siquiera la presencia de Vesely delante le inquietó. Y aunque el Barça trató de recomponerse con un triple de Satoransky y alguna carrera de Parra, el Olympiacos siempre tiene el mazo ganador; le sobran cromos y talento -ya son 19 jugadores los que ha utilizado Bartzokas en el curso-, recursos y baloncesto. Como Dorsey, que juega al sprint, que anota casi sin querer. Demasiado para digerir, por lo que el cuarto se cerró con un sonoro 27-13.
Con todo de cara, el Olympiacos bajó de intensidad en la circulación del balón y por momentos se despreocupó del partido hasta que Brizuela se rebeló. Irreverente como es en la pista -lo contrario que fuera de ella, donde sus modales son ejemplares-, la Mamba Vasca mantuvo a los azulgrana en pie, dianas desde la periferia. También Shengelia y Punter pidieron turno y firmaron un segundo cuarto a la altura (46-37) para después poner las tablas 46-46. Hicieron posible lo imposible, devolver el duelo a la casilla inicial tras perder de 17 puntos. Y aunque el Olympiacos no estaba para pulsos, pues le tenía ganas al Barcelona y cualquier canasta valía para festejar, para elevar los decibelios y la comunión con la grada, el equipo de Pascual se lo creyó. Incluso fue el turno de Clyburn -que regresaba al parquet después de un mes parado, de 14 partidos en la rebotica- ya que sus triples que bajaban con nieve, canastas revitalizantes para autografiar un tercer cuarto para enmarcar (59-64), toda vez que dejaron al equipo heleno con 13 puntos. Ver para no creer.
Siguió Clyburn entonado para poner por delante al Barça, pero la réplica fue de Tyreque Jones, un ciclón, el Hércules de la canasta, el jugador que con sus mates y bramidos de celebración recuperó el infierno de La Paz y la Amistad de El Pireo. Eso, claro, y un poco más de Vezenkov que fue mucho (a contar, por ejemplos sus 12 rebotes y 20 puntos), dejaron al Barça congelado, incapaz de sumar un punto en cuatro minutos. Una tara irreparable frente al equipo de dioses griegos que le impidió vencer -aunque se llevó el basketaverage particular-, pero no proclamar que tiene baloncesto y carácter para medirse con cualquiera.
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