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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Hubo sorpresa de España en el Eurobasket, pero mala

Más allá de la derrota, para lo que no estábamos preparados era para asistir a una actuación tan deficiente en el juego y sobre todo en el espíritu

España Georgia Eurobasket
Juanma Iturriaga

¿Y si nos vuelven a sorprender? Así titulaba hace 48 horas mi artículo previo al inicio del Eurobasket. Pues después de ver la puesta en marcha del equipo español hay que reconocer que lo hizo. Pero desgraciadamente no en el sentido que quería dar con mis optimistas palabras. La sorpresa no vino porque nuestros chicos tuvieran la capacidad de, a través de un buen trabajo colectivo, multiplicar virtudes y esconder las evidentes limitaciones que padecen. Tampoco por saltar a la pista confiados en sus posibilidades y dispuestos a todo, sabedores de que los partidos se disputan en la cancha, no en los medios o las redes sociales. O por ver cómo en las dificultades aparecía ese orgullo competitivo, marca de la casa y heredado de la gran generación anterior que hasta ahora, independientemente de los resultados, nunca nos había abandonado.

Nada de eso ocurrió, sino más bien lo contrario. Más allá de la derrota, que siempre entra dentro lo posible con la igualdad que reina en estos tiempos, para lo que no estábamos preparados era para asistir a una actuación tan deficiente en el juego y sobre todo en el espíritu. Todo lo que intuíamos que podía causar problemas los causó. De Larrea y Saint-Supéry parecieron lo que son, dos chavales en proceso de maduración y, al menos por lo mostrado en el primer acto, superados por los acontecimientos. Se esperaba que en algún momento Scariolo optase por Brizuela a los mandos, pero tampoco estaba Darío en uno de sus mejores días. Ni él, ni ninguno de sus compañeros, que entraban y salían sin dejar rastro, cada vez más empequeñecidos hasta parecer un equipo colegial enfrentándose a los veteranos y desinhibidos georgianos. Aldama, nuestro supuesto buque insignia, fracasó por partida doble, pues se le exige rendimiento y liderazgo, y lo mismo se puede decir de cualquiera de los más veteranos, llamados a encabezar la renovación en la que se encuentra la selección.

Dentro de este listado de adversidades, hubo dos cuestiones que mostraron con palmaria evidencia que nuestros problemas iban más allá del puro desacierto. Por un lado, los rebotes, un calvario de principio a fin. Aun asumiendo que los aros es una zona de sufrimiento por cuestiones puramente físicas, también hay que resaltar que su captura tiene mucho que ver con el deseo, y si no que se lo pregunten a Felipe Reyes. Los números en este apartado fueron terribles. Georgia robó 16 ofensivos para un total de 46 por 9 los españoles para completar 29. ¡17 menos! Así no hay quien gane un partido.

Si debajo de lo aros nos masacraron, en la línea de tiros libres nos autolesionamos en demasía. Para un equipo agarrado por alfileres, que no terminaba de cogerle el hilo al partido y que sufría en ambos lados de la pista, los fallos en los tiros libres hacen mucho daño, pues dañan la autoestima más allá del simple hecho de perder unos pocos puntos.

Total, que entre unas cosas y otras España completó una actuación desangelada, por debajo de las peores previsiones en lo que se refiere a lo técnico y táctico, y a distancia sideral de esas características tan señaladas que nos iban a hacer competitivos. No hubo acierto, ni tampoco liderazgo. Se sufrió, pero mansamente, sin rebelión ante lo que estaba ocurriendo. Para completar lo inesperado, el equipo español se entregó sin estridencias cometiendo un último error. El despreciar el basketaverage al que siempre hay que prestar atención (recordemos que hace un año, en los Juegos de París, nos fuimos a casa por este motivo).

De golpe y porrazo, los tres partidos que iban a servir para entrar en calor se han convertido en un engorro, empezando por el enfrentamiento ante Bosnia, a la que España está obligada a ganar si no quiere hacer historia de la mala. Llegados a este punto y después de este baño de realidad, todo empuja al pesimismo si la selección no es capaz de sorprendernos de nuevo, pero esta vez para bien.

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Sobre la firma

Juanma Iturriaga
Columnista en EL PAÍS desde 1985. Exjugador profesional de baloncesto. Medalla de plata olímpica en Los Ángeles 84. Conferenciante, articulista, presentador y colaborador en diversos medios de prensa, radio y televisión.
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