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Cómo Simone Biles usó su experiencia para guiar la terapia de Ilia Malinin

La campeona de gimnasia se puso en “modo protector” para ayudar al patinador hundido a superar la crisis tras su fracaso en la competición olímpica

lia Malinin, durante la actuación del viernes 13.Natacha Pisarenko (AP)

Simone Biles aplaude compasiva a Ilia Malinin, que abandona hundido la pista de hielo en la que ha caído. El as norteamericano, de 21 años, termina octavo la competición que nadie dudaba, tampoco él, de que le iba a encumbrar por encima de las estrellas. Los periodistas que llevaban tiempo ensalzando al dios de los cuádruples como el Simone Biles del patinaje no sabían qué acertados habían estado con la comparación hasta el momento más bajo del deportista norteamericano predestinado para convertirse en el rey de los Juegos de Milán-Cortina, y hasta el anagrama de su apellido, in Milan, era una señal inequívoca de que él era el elegido.

Cuando aplaude al Malinin hundido, en cierta forma, Biles, siete veces campeona olímpica en gimnasia, se aplaude a sí misma, se da el confort, la compasión, que nadie le dio cuando el peso de las expectativas ajenas la sumió en una crisis de fe en pleno salto mortal sobre el potro que la forzó a retirarse en plena competición en los Juegos de Tokio, julio de 2021, un pabellón desierto por la covid, y el eco de los saltos rebotando contra las paredes. Biles se retiró un año. Regresó en 2024, en los Juegos de París. Madura, recuperada, completa. Ganó tres oros. Demostró que se podía salir de una crisis y volver a ser una misma, su esencia, y mejor.

“Ver a Ilia caer fue realmente desgarrador. Yo misma he pasado por esa situación, así que me puse en modo protector”, explicó Biles en Olympics.com. La misma noche del horror, la del viernes 13, se puso en contacto con el patinador vía Instagram. “Escribí algunos puntos clave y se los envié inmediatamente para que supiera que tenía apoyo. También le envié mi número”.

El lunes, Malinin, inició un proceso terapéutico abierto, a la vista de todos, transparente. Un proceso de reconquista del territorio olímpico que le había sorprendido al joven debutante por su inmensidad. Se dejó ver por todas las competiciones en la pista de patinaje. Siguió entrenando, se dejó grabar mientras practicaba y salta fácilmente, como siempre, como una pluma, el cuádruple Axel que no supo hacer en la final. Se hizo selfis feliz con aficionados. Aplaudió a sus compatriotas. Visitó y dio entrevistas a todas las teles. En las entrevistas en las que antes hablaba de sus gatos Miou Miou y Misty o de que le encantaban la creatividad y el precio de Zara y el lujo de Louis Vuitton, asumió públicamente que no llegó preparado, que la presión le hundió. Un ejercicio de humildad que pocos esperaban de un adolescente que a los 17 años se había bautizado a sí mismo como el Dios del Quad. “Sinceramente, no es una sensación agradable”, dijo. “La forma más honesta de describirlo es que es una gran presión, hay demasiadas miradas, demasiada atención, no solo de la gente o los aficionados, sino también de los medios de comunicación, es demasiado, y realmente puede afectarte si no estás preparado para asumirlo por completo”. Y pasó una noche random en una discoteca random.

También se confesó públicamente mediante un mensaje en IG: “En el escenario más grande del mundo, aquellos que parecen más fuertes pueden estar librando batallas invisibles en su interior. Incluso tus recuerdos más felices pueden acabar mancillados por el ruido. El odio vil en Internet ataca la mente y el miedo la atrae hacia la oscuridad, por mucho que intentes mantener la cordura ante una presión insuperable e interminable. Todo se acumula a medida que estos momentos pasan ante tus ojos, lo que provoca un choque inevitable. Esta es esa versión de la historia”.

“Me parece genial la forma en la que ha afrontado el problema”, dice Pablo del Río, psicólogo deportivo con 40 años de experiencia con los mejores atletas españoles. “Es la terapia buena. No se puede huir siempre, escaparse, evitar el problema. El deportistas debe aceptar y adaptarse cuanto antes como el jinete al que le tira el caballo, debe volver cuanto antes, y a montar el mismo caballo. Un proceso de sensibilización sistemática”.

Un espléndido columnista periodístico reconocía que sufría el síndrome conocido como el del lector de Albacete, que le infectó cuando recibió una carta de felicitación por sus escritos de un admirador. No era capaz de ponerse a escribir sin dudar pensando lo que esperaría de él el manchego desconocido. Algo así es lo que padecen los deportistas en su relación con el mundo a través de TikTok o Instagram. “Las redes son un virus que exige una inversión terrible en tiempo y energía. Los atletas crean contenidos muchas veces obligados por sus propios patrocinadores y viven en ellos, y pueden pasarse dos o tres horas seguidas pasando pantallas sin darse cuenta de nada. Padecen soledad, aislamiento, depresión. Duermen poco y mal”, explica Del Río. “Están pendientes de la aprobación externa, de gente desconocida, con lo que acaban dependiendo de una motivación extrínseca para vivir, cuando lo importante es ser autosuficientes, tener motivación intrínseca”.

Malinin llegó a los Juegos con 100.000 seguidores en IG y 50.000 en TikTok. Ya cuenta con más de un millón en la primera red y casi medio millón en la segunda.

El martes pasado Biles y Malinin se tomaron un café juntos en Milán. Hablaron. Fue una terapia de lujo. Ella solo quería que el patinador supiera que había alguien dispuesta a validar sus sentimientos, una persona que había pasado por lo mismo y había salido adelante. “Y mientras le contaba algunas de las cosas por las que pensaba que podría estar pasando o cómo salir adelante, él decía: ‘Exactamente eso. Exactamente’, ‘por fin lo has dicho”, dice Biles. “Y ese reconocimiento es importante. Es difícil decirlo en voz alta y admitirlo. Y creo que eso fue realmente útil para él, espero”.

El proceso público de curación alcanzará el sábado un momento crítico: Malinin se ha apuntado a la gran gala del patinaje, la fiesta de los mejores de los Juegos en un pabellón abarrotado. Y quizás el Dios del Quad dejará a todos con la boca abierta con sus saltos inauditos, y lo hará con la misma conciencia de libertad y ausencia de presión que llevó a su amiga Alysa Liu a ganar el oro, en una nube.

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