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Ibon Navarro: “Hacer que los demás brillen es un talento”

El entrenador del Unicaja Málaga habla sobre su filosofía, la sociedad y el juego actual antes de recibir este domingo al Madrid y de defender título en la Copa del Rey

Ibon Navarro, el pasado viernes en el Martín Carpena.Álvaro Cabrera

Ibon Navarro (Vitoria, 49 años) ha coleccionado siete títulos como técnico del Unicaja Málaga desde 2023 con un baloncesto muy reconocible. Y quiere más. El próximo jueves comienza en los cuartos ante el Madrid la defensa en Valencia de la Copa del Rey. Este domingo precisamente recibe al mismo rival en la ACB (19.00, Dazn).

Pregunta. Medio equipo es nuevo esta temporada. ¿Cómo ha sido la transición?

Respuesta. Hay una parte emocional y nostálgica que lleva a la afición, de una manera inevitable, a comparar. Eso nos está costando porque se está siendo injusto con un proyecto renovado. Veníamos de unos veranos en los que acertábamos en todo: nueve fichajes, Kameron Taylor por Brizuela, no tener lesiones… Todo salía a la perfección. Cuando vuelves a la normalidad, que no todo encaja a la primera, comparar no es justo. Deberían compararnos con hace tres años, cuando empezó todo. La gente se queda con lo último, o más exitoso, y eso le llega al jugador. Sabemos dónde queremos ir y conocemos el camino. Es un proceso y los resultados son muy buenos. Al margen de la calidad del baloncesto, el equipo mantiene el espíritu competitivo.

P. ¿El estilo es innegociable?

R. Cuando los jugadores cambian, has de adaptarte sin renunciar a tu esencia. En el fondo está la misma idea, ser un equipo largo en el que confiamos en todos. Creemos en eso porque es hacia donde se encamina el baloncesto, a la optimización de recursos y a cuidar al jugador para que dé lo máximo.

P. ¿Cómo ha cambiado el juego en los últimos años?

R. El baloncesto se ha convertido en un deporte súper físico. Es muy distinto al de hace 15 años. Hoy se ven cuerpos enormes moviéndose como los pequeños de entonces. El campo se empieza a quedar pequeño. Cuando ya no puedes ir hacia los lados hay que ir hacia arriba. El juego es multidimensional. El jugador está sometido a un estrés físico que el entrenador debe gestionar en el día a día y en la carga de minutos. Si no, el jugador dura tres meses en lugar de nueve.

P. ¿Estrés físico y mental?

R. Van de la mano. El jugador tiene su vida privada. Eso a veces lo olvidamos y achacamos bajones a que está mal. Y no es una cuestión física, sino mental.

P. ¿Queda hueco para la imaginación?

R. A todos nos gusta ver jugadores que no son tan físicos y son más técnicos, es una maravilla, pero el peso del físico en el éxito es muy grande. No hay más que ver el volumen y tamaño en la Euroliga. Hay jugadores de 2,05 o 2,06m que corren como si fueran de 1,80. Se desplazan a una velocidad tremenda. Por ahí se mueve el diseño de las plantillas que triunfan.

P. ¿La sobreabundancia de estadísticas quita improvisación?

R. No está reñida una cosa con la otra. Yo al principio era reticente porque hay tanto dato que no sabía dónde mirar. Luego aprendí a estudiar lo que me interesa. Manejamos muchas estadísticas y siempre hay sorpresas. A veces la normalidad no es lo que ocurre. Es lo bonito del deporte. Si solo fueran números, ni jugaríamos, sería una consola. Cuando reviso un partido en casa, veo errores cuando ganamos y cosas positivas cuando perdemos. El resultado marca las primeras sensaciones y el análisis pausado te da la realidad.

P. ¿El juego está muy mecanizado?

R. Va por estilos. Hay entrenadores a los que les gusta tener todo muy mecanizado. También el jugador necesita una disciplina, sentirse seguro de qué tiene que hacer y dónde va a tener a sus compañeros. Si tienes jugadores a los que puedes dejar margen para enseñar su talento, has de intentar que conviva la seguridad de todo el mundo con la libertad de quien la necesita para exponer sus habilidades. El baloncesto no está cerrado. Sigue siendo un juego de jugadores, no de entrenadores, aunque tengamos mucha influencia a veces. En un final apretado, el entrenador intuye y el jugador decide. Es su momento. Hay equipos con tanto talento que no necesitas tenerlo todo tan trabajado, sino ordenado.

P. Josep Maria Izquierdo, ayudante de Obradovic, sostiene: “Los jóvenes de hoy lo quieren todo y ya, porque les pertenece”. ¿Cómo ve a esta generación?

R. Lo peor está por venir. Lo que dice Izqui es cierto. Vivimos en una sociedad en la que nos importa más lo que se dice de nosotros fuera del vestuario que dentro. Muchos jugadores necesitan alimentarse de la dopamina de la opinión externa, el qué dicen de mí, incluso cuando son criticados. Lo contaba Obradovic. Entraba en el vestuario y estaban todos con los móviles viendo las redes en lugar de escuchar al entrenador. Pasa a todos los niveles. Nuestros hijos cogen la tablet, se ponen un vídeo y en 10 segundos pasan a otro. Se cansan y otro, otro. Es la ansiedad por consumir, por comer pero no masticar, ingerir sin saborear. Les cuesta mantener la atención y eso no va a mejorar porque no hacemos lo correcto. Yo era el primero que decía que mi hijo no estaría en un restaurante con el móvil y hoy la sobreprotección de que esté quieto te lleva a darle el teléfono. No hemos sabido heredar como nuestros padres con nosotros, solo darles consumismo.

P. ¿Eso cómo lo gestiona en un vestuario?

R. No sabemos muy bien cómo hablarles desde su idioma, las redes sociales. Hay que usar plataformas para que los jugadores vean lo que tú quieres en sus teléfonos, que es lo que consumen. Yo no los prohíbo en las comidas y las cenas; sí que hablen por teléfono. Pero si los prohíbes, están deseando acabar e irse. Al dejarlos, se ponen a ver un partido, comentan algo… Es su lenguaje, no puedes evitarlo. Es pelear contra natura.

P. Paolo Galbiati, técnico del Baskonia, afirma: “Cada vez es más difícil que los objetivos de equipo estén por encima de los objetivos individuales”. ¿Está de acuerdo?

R. Sí, esa es la clave de todo, demostrar al jugador que sus objetivos individuales pasan por la consecución de objetivos colectivos. No es lo uno o lo otro. Es lo uno si lo otro. En este mundo en el que todo son estadísticas, encontrar jugadores que entiendan que su función es que otros brillen es muy bonito. No puedes tener 12 anotadores, 12 reboteadores, 12 defensores, sino las piezas que juntas lleven al éxito. Hacer que los demás brillen es realmente un talento. El jugador que es feliz así es un tesoro, y nosotros los tenemos. Todos hablan de los que se han ido pero no de los que se han quedado. Estos hacen al equipo no perder partidos. Luego llegaban los otros y los ganaban, pero los que hacían que otros brillasen, que el equipo fuera a nivel humano lo que es, están aquí. Transmiten esos valores.

P. ¿El Madrid de Scariolo?

R. Sergio es listo, sabe manejar los grupos y cuándo el equipo ha de estar bien para ganar los títulos, y eso es ahora. Si están a un nivel solamente bueno, es inaccesible para la mayoría.

P. ¿Disfruta viendo al Valencia de Pedro Martínez?

R. Mucho, mucho, como disfrutaba con su Manresa. Ritmo alto, exigencia alta. En sus partidos siempre pasan cosas. Aunque pierdan de 15, van a volver. Tienen una gran confianza en sí mismos. Son candidatos a todo con el Madrid. Y Barça y Baskonia están cerca.

P. ¿Cómo ve el conflicto Euroliga-NBA?

R. Con incertidumbre. No sabemos a dónde vamos. Nos falta información. Lo importante es que cuidemos más a los jugadores porque a este ritmo el espectáculo será cada vez peor.

P. ¿No le toca el orgullo entrenar en la Euroliga?

R. A mí me gustaría ser entrenador de Euroliga con el Unicaja. Aquí me siento feliz, respetado. También es verdad que veo a muchos de los mejores entrenadores en la Euroliga y me gustaría verme ahí. Sería un reto imponer mi filosofía en ese ritmo de partidos.

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