Patriots y Seahawks se citan en la Super Bowl de 2026 tras dos épicas finales de conferencia
New England se impone bajo la nieve de Denver a los Broncos (7-10) y Seattle gana (31-27) un duelo ofensivo ante Los Angeles Rams para completar la cita del 8 de febrero en San Francisco


Los New England Patriots sobrevivieron este domingo a la nieve de Denver para tumbar a los Broncos por lo justo (7-10) y clasificarse para su décima Super Bowl en lo que va de siglo, un hito sin precedentes en el fútbol americano. Se las verán el 8 de febrero en San Francisco ante los Seattle Seahawks, que se deshicieron en casa de Los Angeles Rams en un maravilloso duelo ofensivo que dejó al mejor quarterback que quedaba en pie, el veterano Matthew Stafford, con la miel en los labios. Volverán a verse las caras como hicieran en 2015, con victoria para los de Massachusetts.
La temporada de los Broncos, el mejor balance de la AFC –14 victorias y 3 derrotas, como los Patriots– se truncó con la lesión de su quarterback titular, Bo Nix, por una fractura de tobillo mientras se arrodillaba para colocar el balón antes de que su pateador solventase la prórroga ante los Buffalo Bills. Su suplente, Jarret Stidham, no había dado un pase en un partido oficial en 749 días. Ningún quarterback había jugado una final de conferencia con tan pocas titularidades: cuatro, con solo una victoria. Un lastre que se quitó de un plumazo con un pase de 52 yardas a Marvin Mims frente al defensor estrella de los Patriots en el juego aéreo, Christian González. El aperitivo para el pase de touchdown para Sutton y un ilusionante 7-0.
Una ventaja que no era casual porque la línea defensiva de los Broncos desarboló la protección de los Patriots a su quarterback. El equipo con más sacks –placar al pasador rival por pérdida de yardas– disfrutó cazando a Drake Maye, el previsible MVP. Mientras, el ataque de los Broncos simplificaba la tarea a Stidham: quítate rápido el balón con pases cortos. Así llegaron a un cuarto down clave en la que Sean Payton, siguiendo la moda, decidió jugársela para conseguir la yarda que le faltaba en vez de canjear tres puntos con una patada fácil. El técnico, además, eligió una jugada enrevesada en lugar de empujar con el quarterback. Y no salió.
El paso de los minutos demostró que un quarterback no puede jugar a actor secundario. Cuando le tocó improvisar, con tres defensores encima haciéndole retroceder, Stidham perdió el balón. Un soplo para el yermo ataque de los Patriots, que recorrió las 12 yardas hasta la end zone rival y empató con una carrera de Maye, su vía de escape ante el acoso de los Broncos. Un claro punto de inflexión que consolidaron con una solvente posesión al inicio de tercer cuarto: Denver les paró en su propia yarda tres, pero Borregales embocó un cómodo Field Goal para dar a New England el mando (7-10).
Una anotación clave porque la nieve se adueñó del partido. El ataque de los Patriots empezó a soltarse, con Maye ejecutando a la perfección un flea flicker –una jugada de engaño que empieza como carrera y acaba como pase– para darle otra patada fácil a Borregales. Pero ya no lo era, entre los copos y el viento. Puro Colorado, un estado donde no hay un mes sin tormentas de nieve. Toda una tarea para la realización, obliga a acortar el plano y a ingeniárselas cuando el manto blanco tapó los números de las yardas. Y para los operarios del campo, barriendo cada dos por tres para que al menos los jugadores supieran donde estaban. En esas, Denver sacó una última posesión de valor, pero las piernas de Stidham no dieron para un primer down clave y Will Lutz tuvo que patear un Field Goal de 46 yardas con una sensación térmica cercana a los 20 bajo cero. Se fue a la izquierda y con ella la temporada de su equipo. Stidham buscó otro milagro con Mims ante González, como en el touchdown, pero no permitió la segunda afrenta, lo interceptó y le mandó de vuelta al ostracismo.
Suspense hasta el final en Seattle
En Seattle, el campo que más decibelios ha registrado en un partido de NFL, el duelo entre la mejor defensa, la de los Seahawks, y el mejor ataque, el de los Rams, desembocó en un festival ofensivo que, paradójicamente, se llevó el anfitrión. Mucha culpa fue de su quarterback, Sam Darnold, alguien de quien la prensa neoyorquina ninguneó en sus inicios con los Jets y que jugará su primera Super Bowl tras la mejor actuación de su carrera: limitando los errores y acertando los pases clave bajo presión.

Las defensas aguantaron el tipo en una primera parte que empezó con un touchdown de Seattle tras la bomba de Darnold a Saheed para 51 yardas. Los Rams fueron engrasando su ataque gracias a su juego de carrera, fundamental para ganar yardas y para dar un señuelo a Stafford. Con más espacio vital, el veterano dirigió una posesión de siete minutos para ponerse por delante con un pase de touchdown al corredor Kyren Williams. Una ventaja efímera, pues los Seahawks recuperaron el mando en su última posesión antes del descanso. Cogieron el balón con 54 segundos en el reloj, pero a Darnold le sobraron 20 para encontrar por partida doble a Smith-Njigba: primero una bomba, luego un pase medido con el defensor encima.
El break llegó nada más volver de vestuarios, pues la ventaja de Seattle se estiró por primera vez a las dos anotaciones gracias al error de Xavier Smith, que perdió el balón a la hora de embolsar la patada de los locales para alejar el balón cuando la defensa de los Rams había hecho los deberes. A la siguiente jugada, pase de 17 yardas para touchdown de Darnold a Jake Bobo. Golpe en la mandíbula a los Rams, que reaccionaron con su mejor carta, el brazo de Stafford. Apenas necesitó cuatro jugadas para recorrer 76 yardas y encontrar a Davante Adams, el receptor con más touchdowns de la liga. Dio igual porque Seattle mantuvo el servicio, con un touchdown de Cooper Kupp, una bala que duele el doble, pues fue el MVP de la última Super Bowl que ganaron los Rams, en 2022.
Seattle pareció embolsar el partido con una acción brillante de Riq Woolen para frenar al ataque de los Rams y dar el balón de nuevo a su ataque con 11 de ventaja, pero se pavoneó ante el banquillo de los Rams, los árbitros lo escucharon y la tontería le costó cara. Los Angeles mantuvo la posesión y Puka Nacua, quizás el mejor receptor de la liga, se lo devolvió a la siguiente jugada cazando un touchdown en su cara. Llegaron las dudas en los Seahawks cuando sintieron el aliento en la nuca, pero su defensa aguantó la jugada decisiva, el pase de Stafford en cuarto down desde la yarda seis de los locales a cinco minutos por jugar. Perdida la bala para completar la remontada, el ataque local agotó con madurez el reloj. Tras 28 puntos en el tercer cuarto, no hubo ninguno en el último. Al final, 31-27.
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