Las palabras elegidas: por qué se escribe Jameneí y otras dudas de los lectores
No se trata de fallos involuntarios ni de caprichos, sino que responden a criterios periodísticos


La elección de algunas palabras en los textos del periódico ha suscitado dudas entre varios lectores, que consideran que se trata de errores; cuando no son fortuitas, sino que responden a criterios periodísticos. Como bromeaba esta semana un redactor, una tilde puede abrir una guerra civil en el seno de una sección, y por eso el Libro de Estilo incluye un diccionario de más de 400 páginas que zanja los debates entre los periodistas. En el manual se establece también la obligación genérica de “llamar a las cosas por su nombre, sin caer en los eufemismos impuestos por determinados grupos”.
Persa. “Veo que en el periódico escriben Jameneí y me gustaría saber por qué ponen el acento en la i, lo que desharía el diptongo”, pregunta Sonia Mallón. “En la televisión cuando pronuncian yo entiendo tres sílabas, Ja-me-néi y no Ja-me-ne-í”.
Ali Falahi, periodista iraní exiliado en España, explica que en persa las palabras suelen ser agudas, excepto algunos verbos conjugados. Por eso, la dicción correcta pone el acento en la última vocal: Jamene-í. El manual de estilo especifica que al transcribir los apellidos de lenguas que no usan el alfabeto latino se debe preguntar a quienes los llevan. Ante la dificultad de contactar con los Jameneí, se aplican otras consideraciones, como la de reproducir en castellano las palabras tal como suenan en persa. A lo que se añade que en este idioma la “í” al final de los nombres de lugares ayuda a formar el gentilicio, que suele aparecer en muchos apellidos. En este caso, Jameneh, en la provincia de Azerbaiyán oriental, es el lugar de donde provienen los Jameneí. La misma regla se ha seguido para referirse a Ali Lariyaní, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional a quien el Ejército israelí mató el martes. En su caso, el apellido indica su origen familiar en la región de Lariyán, en Amol, al norte de Irán.
Instituciones. “Observo que en ocasiones se habla de Pete Hegseth como secretario de ‘Defensa’ de EE UU, cuando el cargo que desempeña es el de secretario de Guerra”, escribe Carlos Serrano-Conde. “No es baladí el cambio de denominación que para ese departamento decidió el presidente Donald Trump, como, desgraciadamente, han demostrado después los ataques a Irán o el secuestro de un jefe de Estado en su propio país, Venezuela. Déspota, sí, pero jefe de Estado. Por eso, creo que llamar ‘Defensa’ a un departamento que en realidad se denomina Guerra es un error que, sin duda se comete inconscientemente, y muy probablemente por inercia, pero que edulcora los impulsos imperiales de quien dirige Estados Unidos”. También Daniel Aláez considera que se trata de un error, que él atribuye a que al periódico “no le guste el cambio”.
Sin embargo, no es ni un fallo involuntario ni un capricho, sino una postura analizada en la Redacción. “Tomamos la decisión editorial de seguir empleando Departamento de Defensa porque el presidente de Estados Unidos no tiene la potestad para rebautizarlo”, explica el corresponsal jefe en este país, Iker Seisdedos. “Esta corresponde al Congreso, pero Trump ni siquiera les ha solicitado el cambio, por lo que se trata de una manifestación más de su intento de ampliar el poder ejecutivo y las atribuciones de la presidencia en detrimento del legislativo”.
Mantener la denominación institucional es lo que hacen también medios estadounidenses como The New York Times, The Washington Post o la agencia AP y sigue idéntica lógica a la decisión de no sustituir el nombre del golfo de México por el de América como pretende la Casa Blanca. “En ningún caso, ni intencionada ni inconscientemente o por inercia, querríamos edulcorar el discurso de Trump”, añade Seisdedos. “Al contrario, uno de los objetivos de la cobertura que hacemos de esta Administración es llamar a las cosas por su nombre en una presidencia muy a menudo reñida con la verdad y dada a retorcer el lenguaje”.
En su explicación, Seisdedos recuerda que la denominación de Departamento de Guerra se empleó hasta justo después de la II Guerra Mundial. Entonces, se entendió que el Gobierno (junto al Pentágono y el Ejército) debía dedicarse a la defensa del país, y no a lanzar nuevas guerras. “Eso, con Trump, también ha cambiado, lo que da cierta pertinencia al argumento del lector, dado que la actual Casa Blanca ha pasado a la ofensiva en lugares como Venezuela o Irán sin contar con el Congreso y despreciando el derecho internacional”, recuerda. “En informaciones en las que tratamos la figura del secretario Pete Hegseth, al que nada parece que satisfaría más que ser universalmente llamado secretario de Guerra, sí hemos hecho referencia a ese intento de rebautizar el Departamento de Defensa, para subrayar la pasión belicista y la retórica guerrera del expresentador de Fox News”.
Traducción directa. “Trump dice de España que es loser. Lo están traduciendo como perdedor (perdedora). Eso es una traducción directa, pero yo diría que no de un intérprete”, plantea Miguel de la Rubia, quien propone varias alternativas: pringado, patético, mediocre, fracasado o decadente. “Loser no es un insulto de alto nivel, pero es peor de lo que suena perdedor en español”, agrega. “Un pequeño matiz en mi opinión, pero no menor”.
Iker Seisdedos coincide con este lector y por eso ha comenzado a utilizar el término “fracasado” cuando reproduce esa cita. “Nos enfrentamos mucho a un doble problema en Washington: las traducciones literales que salen cuando uno va a toda prisa, y lo difícil que es llevarle la contraria a las palabras que se imponen inmediatamente (y que hacen fortuna en las búsquedas en Google)”, explica. Un buen ejemplo es la traducción del lema de Trump Make America Great Again. Frente a la versión más extendida —Hagamos América grande otra vez—, el corresponsal en Washington suele usar esta otra: “Devolvamos su grandeza a Estados Unidos”.
IA. La excorresponsal en Berlín Elena Sevillano, licenciada en Traducción y ahora en la sección de Internacional, me ha señalado otro aspecto preocupante de cómo repercute la tecnología en la calidad de las traducciones. La escalada de conflictos internacionales y la velocidad de las comunicaciones, en las que han entrado como un ciclón herramientas de inteligencia artificial sin pulir, están generando interpretaciones instantáneas de diversos idiomas, a veces simultáneas a las declaraciones públicas de los líderes mundiales. Estas, explica, contienen errores frecuentes: porque la IA no escucha correctamente o traduce de forma literal, con calcos y falsos amigos, difíciles de detectar si se desconoce el idioma original. He aquí un nuevo obstáculo ante el rigor y, por eso, pido a la Redacción que sea consciente del riesgo y trate con prudencia estas traducciones.
Para contactar con la defensora puede escribir un correo electrónico a defensora@elpais.es o enviar por WhatsApp un audio de hasta un minuto de duración al número +34 649 362 138 (este teléfono no atiende llamadas).
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