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El coraje de reír ante la muerte

La película ‘Soñando con leones’ mezcla comedia negra, absurdo y emoción para abordar un tema delicado: la libertad individual y el derecho a decidir sobre el final de la vida

La actriz brasileña Denise Fraga como Gilda, en un momento de la película 'Soñando con leones' (2024), de Paolo Marinou-Blanco.

“Mi padre quería la eutanasia”, cuenta el director de cine Paolo Marinou-Blanco (Nueva York, 43 años). “Deseaba irse lo más pronto posible, sin pasar meses enfermo”, pero no tuvo acceso a ella. “Durante ese largo proceso”, recuerda, “mantuvo un sentido del humor muy seco y sarcástico”. Con esa mirada, Marinou-Blanco realizó Soñando con leones, una película que mezcla comedia negra, absurdo y emoción para abordar un tema delicado: la libertad individual y el derecho a decidir sobre el final de la vida. “Siempre vi la risa y la ironía como un acto de coraje, de resistencia” frente a la muerte. En su caso, esa actitud hizo que la pérdida de su padre fuera más superable, de algún modo.

La película sigue a Gilda, una mujer con una enfermedad terminal cuyo mayor deseo es morir sin dolor. Tras varios intentos fallidos de suicidio, recurre a una empresa clandestina que ofrece “entrenamiento” para morir dignamente. A partir de esa premisa, Marinou-Blanco construye una tragicomedia de tintes surrealistas que aborda la eutanasia desde el humor incómodo y la provocación directa al espectador, al que interpela rompiendo la cuarta pared: “Quería que el público pensase en estas cuestiones sin poder escapar”, explica el director, que defiende afrontar la muerte “con honestidad y humor” como una forma de coraje.

El vicepresidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), Fernando Marín, relativiza el carácter surrealista del filme: “No es tan disparatado”. Según explica, muchas de las personas que acuden a la organización se sorprenden, precisamente, de encontrar un espacio donde pueden hablar abiertamente de su deseo de morir “con toda seguridad, sin que te juzguen”, como le ocurre a la protagonista. A su juicio, la percepción social ha cambiado y la muerte voluntaria ha dejado de ser un tabú. Recuerda que la asociación nació hace cuatro décadas, a raíz de una carta enviada por su fundador, Miguel A. Lerma, al entonces director de EL PAÍS.

En ese texto ya se advertía de “la falta de demanda social en España respecto al derecho a morir” y se anticipaba que esta surgiría “en cuanto hubiera oportunidad de plantear el problema y reflexionar sobre él”. No fue hasta marzo de 2021, hace ahora cinco años, cuando se aprobó la ley que regula la eutanasia, que convirtió a España en el quinto país del mundo en hacerlo. “Una ley necesaria”, apunta Marín. Desde su entrada en vigor en junio de 2021 hasta finales de 2024, según datos del Ministerio de Sanidad, unas 1.600 personas han adelantado su muerte. A juicio de Marín, estas cifras contribuyen a disipar algunos de los temores iniciales, explica el vicepresidente de DMD, que participó anoche en la proyección de Soñando con leones, disponible en Prime Video.

El cine, añade Marín, puede desempeñar un papel clave en ese cambio de mirada sobre el final de la vida. “Es el mejor medio para meterte rápidamente en el contexto”, señala. A su entender, muchas de las personas que se oponen lo hacen porque no han estado cerca de quienes solicitan la eutanasia: “Si compartieran esa experiencia, entenderían por qué alguien decide morir”. En ese sentido, concluye, el cine permite acercarse a esa realidad en apenas unos minutos. Esa es, precisamente, la visibilidad a la que aspira el director Paolo Marinou-Blanco, con la intención de contribuir “a que el derecho a la eutanasia sea más accesible”.

Rara vez el objetivo final en una película es morir, y menos en formato de comedia. Otros largometrajes han abordado el debate como Mar adentro (2004), de Alejandro Amenábar y protagonizada por Javier Bardem, basada en la historia real de Ramón Sampedro, un hombre tetrapléjico que lucha por su derecho a morir. O Million Dollar Baby, también del mismo año, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, sobre una boxeadora que sufre un accidente y plantea un fuerte dilema moral sobre la eutanasia. Más reciente, en Blackbird (2019), Susan Sarandon interpretaba a una mujer que padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y decide acabar con su sufrimiento por medio de la eutanasia con la ayuda de su marido.

“La idea de que la vida se termina es algo horrible”, reflexiona Marinou-Blanco, “pero la realidad es un poco más compleja que eso: la vida merece ser vivida en algunas condiciones”. En la película, “Gilda quiere llegar a un punto donde no tiene que luchar todo el tiempo”. Se ve reflejada en un momento específico con el pescador en El viejo y el mar, de Hemingway, en el que era joven y miró una familia de leones jugando en la playa. “Esa imagen de inocencia es casi el único momento en la vida del viejo en el que ha habido un poco de paz, un poco de tranquilidad, un poco de ausencia de dolor”. Es a lo que aspira la protagonista y el recuerdo de esa novela corta la que da nombre al filme.

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