Shih-Ching Tsou, directora de ‘La chica zurda’: “Mi abuelo me dijo que no usase la mano izquierda porque podía sufrir una maldición”
La cineasta taiwanesa, capital en el cine de Sean Baker, con quien produce y escribe, debuta como directora en solitario con un proyecto personal en el que ha trabajado durante dos décadas


La taiwanesa Shih-Ching Tsou (Taipéi, 54 años) nunca pensó en dirigir. Ni siquiera soñaba con el mundo del cine, ni se planteaba una carrera profesional en él. Sencillamente, logró una beca para estudiar Comunicación en The New School en Nueva York, tras graduarse en la Universidad Católica Fu Jen de su ciudad natal. Y en un aula de ese prestigioso centro neoyorquino conoció a un estudiante de montaje, Sean Baker, con el que comparte hasta mes y año de nacimiento (febrero de 1971), y la vida de Tsou cambió por completo. Tanto como para codirigir con el estadounidense, producir sus películas y, ahora, debutar en la dirección en solitario con La chica zurda, coescrita y montada por el ganador de cuatro premios Oscar con Anora. “Sí, charlar con Sean me llevó por un camino que ni intuía”, reconoce Tsou.
La entrevista con la cineasta se desarrolló el pasado mes de noviembre en la Seminci de Valladolid, donde La chica zurda se presentaba por primera vez en España antes de su estreno comercial este viernes. “Por edad, Sean y yo compartimos aulas. Allí descubrimos que a ambos nos interesaba el movimiento Dogma, que queríamos explorar mundos para presentárselos al público... Y yo le conté la historia de La chica zurda. Él me dijo que por supuesto que ahí había una película”. En su protagonista, una niña cuya mano izquierda es la dominante, Tsou proyecta sus recuerdos infantiles. “Fue ya en el instituto. Mi abuelo me telefoneó un día, tras verme escribir, y me dijo que no usase la mano izquierda, porque aquellos que la usan pueden sufrir una maldición. ¿Yo había hecho algo malo? ¿Y por qué se consideraba malo? Ahí estuvo el arranque del proyecto”. En pantalla, la niña roba con ella, porque total, si va a ser una mano malvada, ¿para qué detenerla?
Ahora bien, una cosa es tener la idea para una película y otra rodarla. “Sean vino conmigo en aquel tiempo a los mercados de Taipéi. Entendió que yo quisiera desarrollar allí la historia. Pero no encontramos financiación. Ambos sabíamos que no iba a ser una película barata, y volvimos a Nueva York”. El drama de una madre y sus dos hijas, que regresan a Taipéi tras varios años viviendo en el campo para abrir un puesto de comida en un bullicioso y gigantesco mercado nocturno y luchan para adaptarse a ese entorno y a sobrellevar los secretos familiares, tenía que esperar mejores tiempos. Y lo que parecía un contratiempo temporal se convirtió en dos décadas. Las mujeres bregando en un mundo masculino acabaron en un cajón.

Entre tanto, Baker y Tsou codirigieron Take Out (2004), un fascinante drama sobre un inmigrante chino en Nueva York, que trabaja como repartidor mientras encara una deuda económica mastodóntica con las mafias que lo llevaron a EE UU. La hicieron con 3.000 euros. Después, Tsou se convirtió en la mano derecha de las siguientes películas de Baker. “Produje, diseñé el vestuario, incluso actué y fui cámara... Lo que hiciera falta”. Sin embargo, el éxito de él no lanzó el proyecto de ella.
Hasta que se encadenaron los triunfos de The Florida Project (2017), que presentó la obra de Baker a un público mundial, y de Parásitos en los Oscar justo al inicio de la pandemia. “Parásitos supuso un terremoto incluso en la faceta industrial del cine. El espectador estadounidense ya estaba listo para ver historias asiáticas. Íbamos por buen camino. Encontramos a alguien a quien le gustó el guion, y supeditó su inversión a que lográramos ayudas taiwanesas. Poco a poco logramos armar el filme”, recuerda Tsou. Habla en plural porque Baker coescribió con ella el libreto, coprodujo La chica zurda y, finalmente, él mismo (como ha hecho siempre con sus propios trabajos) montó la película.
¿Qué es ser madre?
En el trasfondo de la trama de La chica zurda, que se estrenó el pasado mes de mayo en la Semana de la Crítica en Cannes, se ha cruzado la maternidad de su directora. “¿Tener una hija te convierte en madre? En lo biológico, sí; pero no en cuanto al rol. A ser madre muchas veces hay que aprender. En realidad, yo soy los tres personajes: soy zurda como la niña, en mi juventud fui rebelde como la hermana mayor y dar a luz me dio una perspectiva y una responsabilidad como las que posee la madre”, reflexiona.

En su apuesta por primar a los personajes, Tsou subraya que eligió un claro punto de vista de la narración. “Quería que la película se viese desde la niña protagonista. Necesitaba traducir a imágenes lo rápido que pasa la vida para un niño. Por eso, al principio vemos a su altura y a su ritmo cómo se sumerge con curiosidad en el mercado”. No fue una decisión que todo el equipo aplaudiera. “Discutí mucho con mi director de fotografía sobre cuál debía ser el punto de vista de la cámara y dónde queríamos poner el foco en cada momento. Por eso es importante ver cómo va cambiando la relación de la cámara con cada personaje a lo largo del metraje, porque así conseguimos el look final de La chica zurda”.

Como en Florida Project, en La chica zurda la protagonista, los ojos de la audiencia, es una niña. Como Tangerine (2015), el drama que Baker rodó con tres iPhones 5s, La chica zurda también se ha filmado con teléfonos móviles de esta marca. “Es un proceso muy orgánico. Por un lado, porque no es tan intimidante como una cámara para un actor que empieza. Además, te permite trabajar con un equipo de rodaje más discreto y mucho más ágil”. También sirve para pasar inadvertido entre masas de gente, como la secuencia final de Florida Project, rodada con un móvil en el parque temático Disney World. “Me pasó igual. Éramos una veintena en total, y para no llamar la atención en el mercado filmamos con los teléfonos y nos vestimos como los compradores que nos rodeaban. Nunca supieron que allí se estaba haciendo una película”.
Los iPhones, las niñas, el febril paso de la vida, un montaje minucioso y muy picado... ¿Quién influye a quién entre Tsou y Baker? “No es influencia, es que entendemos el cine igual”. Y con una sonrisa, la cineasta zanja la cuestión.
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