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De Banksy a Robin Gunnigham: ¿el fin de una era para el artista urbano?

Un reciente informe de Reuters certifica la identidad real del esquivo grafitero Banksy. Varios expertos evalúan cómo podría afectar esta revelación a su capacidad para desarrollar su trabajo en el futuro y a su valor en el mercado

Una de las obras de Banksy, Great Yarmouth, Reino Unido, en 2021. Peter Nicholls (REUTERS)

La obra de Banksy se ha construido sobre la crítica política y social de sus dibujos con plantilla y el misterio que ha rodeado su verdadera identidad. En distintos momentos de la historia reciente, medios e investigadores han dedicado todos sus esfuerzos a tratar de desvelar quién es la persona o el colectivo que se oculta detrás de todas las máscaras y sombras sobre las que se ha escondido uno de los representantes más importantes del arte actual. Ahora, un reciente informe de Reuters ha roto el misterio al certificar que Robin Gunningham es el nombre real del creador. Se trata del mismo hombre al que se había identificado ya en 2008, la diferencia es que su entorno ni confirma ni desmiente esta reconfirmación, la clave que otorga a esta investigación una autoridad hasta entonces desestimada por quienes hacían de portavoces de Banksy.

“El informe es muy concluyente”, afirma Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes (CBA). En diciembre de 2020, el gestor cultural se estrenaba en el cargo de este centro cultural con una polémica: tenía que inaugurar una exposición de Banksy que había organizado su antecesor y no podía contar, confiesa ahora, que había estado en contacto con el equipo del misterioso artista para que le confirmara que las 70 piezas expuestas eran auténticas. Rocco reconoce por teléfono que trabajó contra reloj con el entorno de Banksy, entre otros con Pest Control Office, la organización sin ánimo de lucro creada por el autor para verificar sus obras. “Se establece una suerte de pacto de caballeros cuando se trata con el círculo del artista”, explica.

La exposición no estaba autorizada, “como la mayoría de las del creador”, reconoce el gestor, que recuerda que solo cuando Banksy decide organizar una muestra se considera acreditada y esto ha sucedido en escasas ocasiones. Aunque el CBA no contó con ese permiso, “su equipo nos hizo ver que hablaba en nombre de Banksy y que nuestro interlocutor de algún modo era él o ellos, porque en ese momento no se sabía si era una persona o un colectivo”, dice Rocco.

A finales del año de la pandemia, tanto en el CBA de Madrid como en el resto del mundo era conocida la información publicada en 2008 por el periódico británico The Mail On Sunday que apuntaba a que Banksy era Robin Gunningham, nativo de Bristol en aquel momento de 34 años (52 ahora). El medio basó su información en una fotografía que mostraba al supuesto Banksy con un bote de espray en Jamaica en 2004. Además, citaba testimonios de antiguos compañeros de clase y otras personas cercanas a su círculo de amistades que reconocían al creador.

En 2016, un estudio de la Universidad Queen Mary de Londres llegó a la misma conclusión tras analizar más de 140 lugares en los que Banksy había dejado alguna de sus cotizadas obras. Rocco no desvela si él conocía esta identidad, pero deja caer que sabía detalles que “reman en la misma dirección”. El gestor cree que tanto Banksy como su equipo van a mantener el misterio. “La gran mayoría de las personas que disfrutan de Banksy no quieren conocer su identidad, quieren mantenerlo tal y como es un secreto”, añade el periodista Will Ellsworth-Jones, autor del libro Las obras perdidas de Banksy (Blume).

La especulación como valor

“Creo que su equipo confiará en que esto pase y la gente se olvide de esta historia”, dice Ellsworth-Jones. Hasta ahora el artista había configurado gran parte de su legado sobre la especulación, no responder al informe solo sería añadir un cacito más de misterio a la fórmula sobre la que ha configurado su personaje del que siempre ha tratado de desviar la atención, para ponerla sobre distintas causas.

“Admitir ahora su identidad sería contradictorio con su propio proyecto artístico y sería muy lesivo hacia su seguridad personal y penal”, considera Rocco. El propio representante de Banksy responde en el informe de Reuters que su libertad de creación artística se vería afectada. “Una persona con un mensaje político y crítico tan claro, que interviene en lugares a veces protegidos, puede estar en el punto de mira de regímenes autocráticos o semidemocráticos o incluso de países que le puedan perseguir apelando a la violación del patrimonio cultural, por ejemplo”, plantea el director del CBA.

El anonimato, sin embargo, no siempre protegió a Banksy frente a algunas represalias. En 2000, intervino una valla que mostraba una campaña de moda en Nueva York. Fue detenido y pasó unas horas en comisaría, según la reconstrucción que se hace en el informe de Reuters. Este arresto también era conocido; la novedad es que la investigación ha accedido a la confesión por escrito del artista en la que se incluye la firma de Robin Gunningham, nombre que, aseguran los investigadores, se repite en otros documentos policiales registrados aquel día, que son de dominio público. Pagó una fianza de 1.500 dólares y una multa de 310 y zanjó la cuestión. Aquella sanción, más de dos décadas después, aporta la clave definitiva para certificar que es Gunningham quien se escondía tras el seudónimo.

Ahora que se ha vuelto a confirmar la misma identidad y aunque, según Reuters, el hombre tras la marca Banksy volvió a cambiar de nombre hace años a David Jones, uno de los más comunes entre los hombres británicos, tal vez no le sería tan sencillo librarse de posibles multas y juicios. ¿Qué hubiera pasado si este informe se hubiera publicado en septiembre de 2025 cuando Banksy dejó uno de sus dibujos en el Tribunal de Justicia de Reino Unido?

En ese país, los grafitis están tipificados como delitos. Tras la aparición y posterior intento de borrado —con poco éxito, ya que permanece la sombra— del juez que golpea a un manifestante tirado en el suelo, la policía londinense inició una investigación, pero se negó a confirmar si Banksy había sido multado. Su representante tampoco hace comentarios a los reporteros de Reuters. “Ahora, si la policía quisiera arrestarle por cualquier trabajo de este tipo, saben quién es por esos registros de Nueva York”, recalca el periodista Will Ellsworth-Jones.

En un artículo de la revista Vice de 2014 citado en el informe de Reuters, un grafitero llamado Speed protestaba por lo que consideraba un trato de favor de las autoridades a Banksy: “Básicamente, hay una regla para él y otra regla para todos los demás”, aseguraba. Para Patrizia Cattaneo, comisaria de la exposición Arte urbano. De los orígenes a Banksy, abierta hasta el 3 de mayo en la Fundación Canal de Madrid, esta afirmación no resulta del todo justa. “Es una interpretación que se puede compartir parcialmente, pero que necesita contextualizarse”, apunta en un correo electrónico. “No creo que Banksy haya operado por encima de la ley, ni que se haya beneficiado de la benevolencia de las autoridades. Simplemente, siempre ha tenido una gran destreza a la hora de evitar su identificación y, de ese modo, evadir las potenciales consecuencias legales, algo que comparte con otros artistas urbanos que trabajan en los márgenes de la legalidad, como Space Invader”.

De Gaza a Ucrania

La cuestión es que en su caso no se trata solo de multas. El artista es conocido por haber plasmado sus estarcidos en algunos de los lugares más peligrosos del planeta, donde lo que se juega va más allá de una amonestación o unos cuantos cientos de euros. Sus obras han aparecido de la noche a la mañana en las exiguas paredes de casas en ruinas en Gaza o Ucrania, donde arranca la investigación de Reuters en 2022. Después de avistar varios banksys sobre los escombros de edificios bombardeados, los reporteros de la agencia de noticias preguntaron a los vecinos y chequearon los registros de entradas al país. No encontraron a ningún Robin Gunningham, pero sí a un David Jones que compartía su misma fecha de nacimiento. Además, este había accedido por la frontera de Polonia acompañado de nada menos que Robert del Naja, cantante de Massive Attack y grafitero de Bristol, de quien también se había especulado todo este tiempo que podría esconderse bajo el alias de Banksy, y que al final ha resultado ser un colaborador.

“Creo que Banksy eligió el anonimato primero por una razón, o más bien necesidad, vinculada a su protección personal: al trabajar en contextos ilegales, el anonimato le garantizaba, y le sigue garantizando, tanto la seguridad como una libertad de expresión total”, recalca Cattaneo. “Además, el anonimato le ha permitido redirigir la atención a su propio trabajo, evitando el debate sobre su identidad o su vida privada. En ese sentido, Banksy coincide con su trabajo: el artista desaparece, dejando espacio para el impacto directo de la imagen y su contenido”, dice sobre el grafitero, de cuya aportación al arte urbano cree que marca “un punto de inflexión” en la creación contemporánea: “Se ha convertido en un icono indiscutible, que ha transformado lo que antes era una práctica marginal en un fenómeno globalmente reconocido y admirado”.

Con precios que han llegado a superar las dos decenas de millones euros en el mercado, queda saber cómo repercutirá esta revelación, parece que definitiva, en su valoración económica. “Banksy siempre ha sido un outsider en el mundo tradicional del arte”, subraya Cattaneo, “así que mucho dependerá de él, ya que él ha sido el arquitecto de su propio camino desde el principio”. Para Elisa Hernando, CEO de ArteGlobaL, firma especializada en asesoramiento en mercado y coleccionismo, “dependerá de cómo la consolidación de su identidad afecte al mito, pilar fundamental de su valor. El mercado ya había descontado parcialmente ese misterio en 2008 y su mercado creció de forma sostenida hasta sus máximos en 2020 y 2021”.

Sobre la viabilidad futura del trabajo Banksy una vez resuelto su enigma, Cattaneo vuelve a poner la pelota en el tejado del artista. “Después de haber intervenido en contextos tan sensibles y complejos como Gaza y Ucrania, es difícil imaginar que una posible revelación de su identidad pudiera impedirle continuar. Su práctica siempre ha demostrado una gran astucia y adaptabilidad, de modo que resulta plausible que encuentre nuevos modos efectivos de realizar su trabajo”, propone la comisaria y directora de la galería de arte suiza Artrust, que concluye: “Con la investigación de Reuters, en cierto modo Banksy muere y nace Robin: la figura misteriosa y simbólica que conocíamos deja de existir, y emerge la persona real tras el mito. Ahora, la pregunta que ha estado circulando desde la publicación de la investigación y que probablemente sea la más relevante es: ¿realmente necesitábamos saber quién era?“.

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