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Pablo Vierci, autor de ‘La sociedad de la nieve’: “Me pregunto por esos niños que eran abusados a la vuelta de la esquina y por qué nunca hice nada”

El escritor uruguayo explora en su nueva novela el silencio cotidiano en torno a la pederastia en el Uruguay de su infancia

El escritor uruguayo Pablo Vierci, fotografiado en las oficinas de Penguin Random House en Madrid.Claudio Álvarez

Por sorprendente que resulte en alguien que ha dedicado su carrera a escribir sobre tragedias abrumadoras, Pablo Vierci (Montevideo, Uruguay, 75 años) es optimista. Lo atribuye, entre otros, a uno de sus filósofos de cabecera, el italiano Benedetto Croce, autor de La historia como hazaña de la libertad (1942). “Siempre me repito que la historia de la humanidad es la hazaña de la libertad y la conciencia. Cada generación tiene más libertad y más conciencia. Claro que retrocedemos, por ejemplo, en la guerra. Pero, en líneas generales, siempre estamos dando un paso más”, asegura quien fue portavoz de los supervivientes del accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en Los Andes, en el libro de testimonios La sociedad de la nieve (2008), cuya hazaña aún resuena. Desde niño, Vierci es amigo de Nando Parrado, una de las 16 personas que salieron con vida de la cordillera en diciembre de 1972, después de más de dos meses luchando contra el hambre, el frío, las heridas y hasta un alud.

“Conocía a todos, pero con más intimidad a Nando y a otro que quedó en la montaña. Era un colegio pequeño de hermanos irlandeses, solo de varones, muy rudo, pero íntegro. Ya había vivido la muerte de amigos en un accidente previo, pero ahí empecé a entender lo aleatorio de la vida”.

En su nueva novela, El niño que heredó el silencio (Suma de Letras), el escritor se pone en la piel de una víctima de otra desgracia de naturaleza distinta, el abuso sexual infantil. A través de la historia ficticia de un hombre, Andrés Pardos, que rememora sus encuentros entre los seis y los 12 años con un anciano cuya fortuna heredó y que murió en extrañas circunstancias, Vierci ofrece un retrato del Uruguay de los sesenta, cuando, dice, se pretendía que la pederastia no existía, porque no se hablaba de ella. “Uruguay era una sociedad donde, con una llamada de teléfono, ocultabas una fechoría. No es una crítica, es una constatación. Y el caso Epstein está recordándonos que los poderosos siguen actuando con impunidad”.

Fue el éxito de la adaptación cinematográfica de La sociedad de la nieve por J. A. Bayona en 2023, de la que fue productor asociado, lo que empujó al escritor a atreverse con el tema. “Me lo decían amigos míos: ‘Es muy duro, nadie quiere saber de los pederastas’. A mí también me parecía algo desmesurado para narrarlo. Pero con La sociedad de la nieve aprendí que puedes contar algo desmesurado y a la gente no la ahuyentas”. Admite que tuvo dudas sobre hasta dónde llegar en las descripciones para que la crueldad no resultara inaceptable al lector y, al mismo tiempo, enfrentarse al silencio al que alude en el título. “Lo hago como thriller psicológico para disimular la crueldad, pero no ocultarla ni edulcorarla. Tampoco podía darle al lector un túnel sin luz, porque, si no, sería casi imposible de leer, una pesadilla”.

Se trataba, en sus palabras, de una “asignatura pendiente”, algo de lo que le resultaba “inmoral” no escribir con todo lo que observó a su alrededor siendo menor. “Me pregunto qué pasó con esos niños que eran abusados a la vuelta de la esquina y por qué nunca hice nada. Lo sabía con 10, 11, 12 años. ¿Por qué iba a hacer lo que no hacían los adultos? El libro no es autobiográfico, aunque, sin querer dar detalles, esto lo viví de cerca. Me acuerdo perfectamente de unos perpetradores contándonos lo que acababan de hacer en un gimnasio. Era algo que se suponía gracioso, tenías que reírte o, en todo caso, callarte. Si hablabas con algún adulto, te decía que eso eran formas del amor, que te confundías. Los abusadores, además, son bien cancheros, buenos manipuladores, grandes fabuladores”.

El autor siente que, aunque parezca existir un amplio consenso social de repulsa, en los últimos años es cuando el crimen se ha empezado a señalar con mayor contundencia. “No solo está saliendo lo de Epstein. El libro El consentimiento, donde Vanessa Springora desnudó a Gabriel Matzneff, uno de los principales intelectuales franceses y un pederasta, es de 2020. El debate sobre Woody Allen también se está desarrollando ahora”.

Pablo Vierci debutó en la ficción con Los tramoyistas (1979), donde diseccionaba cómo un grupo de artistas de teatro crítico se veía envuelto en las mismas dinámicas autoritarias que pretendía cuestionar. En su anterior novela, La redención de Pascasio Báez (2021), relataba el asesinato de un peón rural por parte de los tupamaros, después de que, fortuitamente, diese con un escondite de la guerrilla mientras buscaba a su caballo. Esa exploración de los mecanismos del poder y la corrupción personal continúa en El niño que heredó el silencio, donde la posible complicidad de los padres en las agresiones es una de las incógnitas más siniestras.

Según una encuesta del Ministerio de Juventud e Infancia publicada el pasado octubre, cerca de tres de cada diez jóvenes españoles (28,9%) de entre 18 y 30 años han sufrido violencia sexual siendo menores. La organización Save The Children destaca que, en el 80% de los casos, el agresor está vinculado al círculo familiar. “El peor escenario es la traición al niño. A veces, el abusador tiene tanto poder que a los adultos les seduce tener una parte y cierran los ojos, como las personas que llevaban a sus hijos a casa de Michael Jackson o la madre de Vanessa Springora [editora y amiga de Matzneff]. Para el adulto, también es un derrumbe aceptarlo. ¿Qué es más fácil? ¿El cataclismo o creer que el niño se lo inventa? Yo entiendo a las madres que prefieren barrer bajo la alfombra. Me parece un horror, pero las entiendo”.

A modo de recorrido por distintos géneros, del misterio al drama, la intriga de atracos o la novela policiaca, Pablo Vierci recrea el funcionamiento del trauma, cómo el protagonista interpreta años después lo sucedido, tras haberse disociado de los acontecimientos y bloqueado emociones. El escritor, pese a todo, se reafirma en el optimismo y el humanismo, que es, en su opinión, la lección de La sociedad de la nieve. “Boris Cyrulnik, sobreviviente del nazismo, decía que vivimos bajo el paradigma de la violencia y la dominación. Creo que todos tenemos una suerte de bondad y generosidad intrínseca, pero parece que la realidad hace lo posible por obstaculizarla y traumatizarnos. Putin amenaza, Trump amenaza, está todo el mundo amenazándonos continuamente. Es un delirio. Y las peores víctimas, las más indefensas, son los niños. Los chicos de los Andes no tuvieron tiempo de ser malos, les agarró la desgracia con 20 años. Sin embargo, los niños no han tenido tiempo ni de ser”.

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