División de opiniones sobre el compromiso o la indolencia de las peñas taurinas
Representantes de distintas asociaciones de aficionados reflexionan sobre su influencia en el día a día de la tauromaquia


“Las peñas, las jornadas y los premios hablan mucho de toros y toreros, pero olvidan el toreo. La afición se viste de largo en invierno para celebrar tertulias y homenajes mientras los empresarios deciden sin atisbo de crítica el curso de la temporada”.
Estos titulares del blog El toro, por los cuernos, publicados en EL PAÍS el pasado viernes, han levantado algunas ampollas entre diversas asociaciones de aficionados; unas, para ratificar ambas afirmaciones y exigir una mayor implicación de los aficionados, y otras para mostrar su desacuerdo con lo publicado y destacar la labor callada, invisible en muchas ocasiones, de muchas peñas, de cuyo trabajo depende que se celebren festejos taurios en muchas localidades. Todos los encuestados coinciden, no obstante, en que son voces que, por lo general, claman en el desierto de un colectivo empresarial más preocupado por el beneficio económico que por atender las sugerencias de quienes pasan por taquilla.
Lope Morales, presidente de la Federación Taurina de Jaén y de la plaza de toros de la capital, lo tiene muy claro, y expresa con contundencia su desacuerdo con lo publicado. “La afición hay que ligarla al territorio”, afirma; “son las peñas las que movilizan a los ayuntamientos para que se celebren festejos, de tal modo que si no fuera por su gestión solo se verían toros en Sevilla y Madrid”, asegura. Y cuenta la historia de la localidad de Martos: “Hace 15 años que no se celebran toros en este pueblo, y hace 10 se creó una peña -que ya cuenta con 150 socios- cuya finalidad es que vuelvan los festejos a pesar de las reticencias del Ayuntamiento”. “Los aficionados influyen -cuanto mayor es la ciudad, menor es la influencia- en que haya toros, pero no en la organización de los carteles”, explica Morales. “Es una actividad tan incesante como invisible, que queda escondida y apagada por las galas y los homenajes, que se han puesto de moda y se han convertido en una feria de vanidades”.
“La afición hay que ligarla al territorio, son las peñas las que movilizan a los ayuntamientos para que se celebren festejos”. Lope Morales, presidente de la Federación Taurina de Jaén
Una opinión parecida expresa Jorge Fajardo, presidente de la Unión de Federaciones Taurinas de Aficionados de España (UFTAE). A su juicio, “además de conceder premios y homenajes, la mayoría de las peñas que conozco realizan un trabajo callado durante todo el año, pertenecen a las comisiones que organizan las distintas ferias de novilladas y tratan de influir en las decisiones de las empresas”.
“El sistema actual es muy cerrado, el escalafón muy veterano, y las empresas se resisten a abrir los carteles a toreros emergentes y buscan el beneficio económico; por ello, la labor de las peñas no se conoce, pero no hay que fijarse en el evento de un día y sí valorar el trabajo de todo el año”.
Isidoro Ruiz, presidente de la Peña Taurina de Tarazona de la Mancha, en la provincia de Albacete, afirma categóricamente que “los primeros responsables de la situación actual de la fiesta somos los aficionados, que nos preocupamos de visitar ganaderías e invitar a personajes ilustres del mundo del toro que nada aportan a la configuración de la temporada”. “Por distintas razones”, prosigue, “la afición no tiene arte ni parte en la marcha de la fiesta, y lo peor es que no se quiere comprometer”. Ruiz recuerda que su peña solo ha tenido un reconocimiento a un torero en las 37 ediciones de sus jornadas anuales, el que ha dedicado en el pasado mes de febrero a Fernando Robleño por su retirada, y que los socios de la peña no acudieron el pasado año a la Feria de San Isidro en protesta por la subida del precio de las entradas sueltas. “Nosotros estamos comprometidos con la fiesta”, termina, “pero somos un pueblo pequeño y escasa fuerza tenemos; la triste verdad es que la gente no quiere complicarse la vida”.

“Es una batalla perdida”, opina Agustín Colomar, presidente de la Unión Taurina de Abonados de Valencia, al referirse a las gestiones que hace su organización ante la Diputación Provincial, propietaria de la plaza. Y divide al público que acude a la plaza entre aficionados y los que solo van a divertirse, y entre los primeros hay un núcleo al que solo le preocupa lo que sucede en el ruedo. “En conclusión, somos muy pocos los que pretendemos ir más allá”.
Colomar considera que el aficionado debe ser insistente con las administraciones públicas y privadas en todo aquello que redunde en beneficio de la fiesta. Pero confiesa que, en esta tarea, su organización se ha quedado sola en distintas ocasiones; y destaca su protesta ante la suspensión de la pasada Feria de Julio por la mejora de la iluminación. “Nos pronunciamos de forma severa”, asegura, “y nadie abrió la boca”.
“Hay muchas peñas, sobre todo entre las pequeñas, que adquieren protagonismo en su fiesta y su única preocupación es pasárselo bien; pero hay otras más serias que sí son reivindicativas, aunque menos de lo que a mí me gustaría, las cosas como son”. Esta es la opinión de Javier Nebreda, presidente del Club Cocherito de Bilbao, que cuenta con 800 socios y un prestigio reconocido.
“Pero te cansas porque somos voces que clamamos en el desierto”, prosigue. Califica al club bilbaíno de ‘reivindicativo’, “lo que nos ha costado algún que otro disgusto cuando lo que pedimos es el toro de Bilbao y la presencia de algunos toreros, pero la empresa escucha poco y persigue su interés en ganar dinero, que es un objetivo legítimo”.
Si la afición se mostrara exigente, constructiva y activa, nos iría a todos mucho mejor”. Carlos Rodriguez-Villa, presidente de la Asociación El Toro de Madrid
“Si la afición -que también es culpable de todos los males de la fiesta- se mostrara exigente, constructiva y activa, nos iría a todos mucho mejor”, dice Carlos Rodriguez-Villa, presidente de la Asociación El Toro de Madrid, que ejerce, según sus palabras, “una defensa y promoción del verdadero protagonista de la fiesta, el toro fiero y encastado, desde la exigencia y la búsqueda de la integridad”.
Considera que los socios son ‘aficionados militantes’, y así lo demuestran con los numerosos escritos que dirigen a todos los actores de la fiesta en Madrid, la publicación del libro anual de crónicas, la revista La Voz de la Afición, las tertulias que celebran en el invierno y las pancartas y volanderas que muestran en los tendidos de Las Ventas.
“En parte nos sentimos escuchados por las administraciones”, añade, “pero, generalmente, no; somos ese actor que les molesta, pero es verdad que se muestran cercanos y educados, contestan a nuestros escritos, pero sabemos que nuestros puntos de vista son muy diferentes”. “Y la empresa Plaza 1 no deja de ser una agencia de viajes que explota un negocio al que le quiere sacar el máximo rendimiento económico posible, de ahí que nos centremos en el Centro de Asuntos Taurinos, que representa a la propiedad -la Comunidad de Madrid- y debe velar por plaza”, concluye.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































