Instrumentos de los Beatles, el manuscrito de Kerouac o la guitarra más cara de la historia: la subasta que acabó con una de las mayores colecciones sobre el rock
Christie’s concluye este martes una serie de pujas que diseminarán el legado del fallecido millonario estadounidense Jim Irsay


Las palabras tras la puja del jueves de Julien Pradels, presidente de la casa de subastas Christie’s para el continente americano, lo dicen todo: “Lote tras lote, sentíamos que estábamos haciendo historia”. El calificativo no parece exagerado, y no solo por el monto recaudado —84,1 millones de dólares (73,2 millones de euros, un 373% por encima de lo previsto) en 44 lotes— o los récords de precios batidos —23 en total, entre ellos, cinco de las guitarras más caras de la historia—. El listado de artículos subastado entre el día 3 de marzo y este martes en Nueva York difícilmente deja indiferente a cualquier aficionado a la música y, sobre todo, a los seguidores de los Beatles: desde el piano vertical de 1873 con el que John Lennon compuso su parte de A Day in the Life o Lucy in the Sky with Diamonds (2,82 millones) o el parche del bombo que tocó Ringo Starr en aquel legendario show de Ed Sullivan el 9 de febrero de 1964 (2,5 millones).
Los de Liverpool coparon buena parte de la atención, pero el precio más alto lo logró la Fender Stratocaster negra de David Gilmour (Pink Floyd), por 14,5 millones de dolares (12,7 millones de euros), que se ha convertido así en la guitarra más cara de la historia tras una puja de 21 minutos. Las primeras cuatro subastas concluirán este martes, y se celebrará una quinta en julio. Cuando haya terminado el proceso, una de las mayores colecciones mundiales de la época dorada del rock quedará prácticamente diseminada. Pero antes de que ello suceda, se ha podido ver por última vez en la sede de Christie’s en Nueva York.

Jim Irsay fue un multimillonario estadounidense. Falleció el pasado año con 65 años. Durante su vida, fue primero el heredero de una milmillonaria fortuna, pero también extrovertido músico aficionado, exalcóholico, exadicto a los barbitúricos y analgésicos. Fue conocido en su país, sobre todo, por ser el dueño de los Indianapolis Colts, de la liga de fútbol americano (NFL) Pero Irsay, además, fue un coleccionista compulsivo. A partir de 1997 fue construyendo lo que se conoció como The Jim Irsay Collection, un imponente museo centrado, sobre todo, en las guitarras más famosas de la era rock, aunque también incluía manuscritos históricos, memorabilia cinematográfica o recuerdos deportivos.
A partir de 2021, la antología se convirtió en una exposición itinerante por EE UU acompañada de conciertos con figuras como John Fogerty, alma de la Creedence Clearwater Revival (además de la Jim Irsay Band, claro). Siempre gratis. “¿Por qué cobrar? Tienen hijos y tienen que pagar el coche. He tenido mucha suerte y esto forma parte de mi forma de devolver lo que he recibido", explicó a Forbes en 2022.

Un año después de su muerte (Irsay falleció en mayo de 2025 a los 65 años), sus herederos han decidido monetizar esta pasión, y han encargado a Christie’s que subaste el legado. No todo parece ser afán de lucro: parte de este dinero, aseguran, irá a parar a causas benéficas.
La colección quedará definitivamente dispersa desde este martes. Christie’s prefiere enfocar la situación desde un punto de vista más positivo. “La venta”, asegura la casa, ofrece “a los coleccionistas una oportunidad única de convertirse en los próximos custodios de objetos que han inspirado a generaciones y que siguen brillando como faros de nuestro legado creativo común”.
La faceta coleccionista de Irsay saltó a la fama en 2001, cuando adquirió el manuscrito de más de 36 metros dactilografiados en el que Jack Kerouac escribió On the road (En el camino). Entonces, pagó 2,8 millones de euros al cambio de entonces. El jueves, un comprador pagó 10,55 millones por este mismo rollo, lo que ha convertido el de la obra beat en el el manuscrito más caro.

En cualquier caso, la verdadera pasión de Irsay fue la música. Sobre todo, la época en la que reinaba el rock. Sobre todo, los Beatles. Y, sobre todo, John Lennon. “Fue uno de los primeros en utilizar su inmenso talento y su arte como plataforma para cambiar el mundo”, aseguró en 2022 a Forbes, “y eso llegó a ser para él casi más importante que cualquier otra cosa”.
La pieza más cara vinculada al grupo de Liverpool fue el piano Broadwood usado por el beatle asesinado para componer durante la preparación del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Del músico se adjudicaron, a su vez, dos guitarras Rickenbaker y Gretsch usadas entre 1964 y 1966. George Harrison también estuvo presente a través de dos guitarras, una de ellas, la Gibson SG con la que tocó entre 1966 y 1968 en canciones como Paperback Writer o Lady Madonna. El remate incluyó también el bajo zurdo Yamaha BB‑1200, que McCartney usó en el último disco de Wings y en su etapa en solitario hasta 1984. El exbeatle lo cedió para una subasta benéfica en 2021 (algo extraño, puesto que él mismo es un coleccionista voraz, propietario de objetos como el mellotron de Strawberry Fields Forever o el contrabajo con el que Bill Black tocaba con Elvis). Aquel año se vendió por 471.900 dólares. El jueves, su precio cayó a 228.600 dólares.

La puja, en cambio, fue más alta para la letra de Hey Jude manuscrita por el propio Macca, que captó 1,01 millones de dólares (casi 900.000 euros). Irsay la había comprado en 2020 por 910.000 dólares (781.000 euros). Entre los lotes menores, el anillo del dedo meñique de Ringo llegó a 120.650 dólares (104.000 euros). El batería debe su apodo a su predilección por este complemento, y el que se ha subastado se puede distinguir en la portada del primer álbum de la banda, Please Please Me, y en la contraportada del quinto, Help!. De Ringo, además del parche de su bombo, se cerró el remate por 2,3 millones de dólares (cerca de 2 millones de euros) del primer kit que poseyó de la marca Ludwig. Lo usó entre mayo de 1963 hasta febrero de 1964.
“Esta colección ha sido toda una revelación para mí: no sabía que una sola persona hubiera reunido tanto material de gran calidad sobre los Beatles”. Quien habla no es otro que el historiador y biógrafo Mark Lewisohn, el que quizás sea el mayor experto en la banda, en unas declaraciones a Christie’s.

Durante la puja se citaron muchos otros nombres célebres del rock: la guitarra Tiger de Jerry Garcia (líder de la banda Grateful Dead, fallecido en 1995), por poco más de 10 millones —“cuando Tiger quedó libre, lo vi como una inversión, sin importar el coste: Solo me interesa lo mejor de lo mejor”, afirmó el multimillonario en la entrevista con Forbes—; o la Gibson Explorer Reissue de 1976 que The Edge (U2) usó como guitarra de reserva durante la gira The Joshua Tree en 1987 y que se adjudicó por 635.000 dólares (551.000 euros). También se adjudicó por 508.000 dólares (440.000 euros) el piano Steinway que utilizó Elton John durante más de 20 años de conciertos —este instrumento estaba en el escenario del Madison Square Garden el Día de Acción de Gracias de 1974, concierto histórico debido a que esa noche, el pianista sacó a cantar a Lennon, en lo que sería su último concierto—.

Más y más guitarras
Christie’s también despachó una trompeta de Miles Davis (1,6 millones), una Gibson J-45 acústica de Janis Joplin (381.000 dólares); “The Fool”, la Gibson SG psicodélica de Eric Clapton, (3,003 millones), así como la Martin 000-42 que usó en su Unplugged de 1992 (4,1 millones) —el disco de este concierto es el álbum en directo más vendido de la historia—; una de las características Yellow Cloud de Prince (esta, construida en 1993) por 635.000 dólares; y la Fender Mustang que Kurt Cobain usó en el vídeo de Smells Like Teen Spirit —6,01 millones—.

Cobain ha mantenido con David Gilmour una suerte de pulso en las pujas. Empezó en 2019, cuando el músico británico cedió la famosa Black Strat, su principal instrumento entre 1970 y 1979, para ser subastada junto con otro centenar de guitarras en beneficio de un bufete de abogados ambientalista. Entonces, Jim Irsay la compró por 3,97 millones de dólares, lo que batió el récord de entonces. Un año después, la Martin D-18E acústica con la que Cobain tocó en aquel Unplugged de 1992 —el cárdigan que lució aquella vez, por cierto, también ha sido pasto de pujas— le arrebató la distinción de guitarra más cara tras venderse en Beverly Hills por 6,10 millones de euros. Mantuvo el trono hasta el jueves. En la puja del día 12, por cierto, también se adjudicó la Martin D-35 con la que Gilmour grabó Wish You Were Here en 1975 (2,3 millones).

El listado del resto de artículos que salen de la colección quita el aliento: además de los instrumentos, se remató la letra manuscrita de The Times They Are A‑Changin de Bob Dylan, comprada por Irsay en 2020 y vendida por 2,515 millones de dólares —Irsay fue, por cierto, también el propietario de la Stratocaster con la que Dylan actuó en el polémico festival de Newport en 1965—. El Nobel ha sido, según el difunto, la única persona capaz de rivalizar con Lennon como compositor. “Pongo a John en lo más alto, de verdad”, afirmó en 2020 en una entrevista concedida a la web de la NFL. “Me encanta Paul, pero John... Cuando escuchas la melodía y la composición de las canciones, y las analizas con la guitarra acústica o el piano... Es increíble”.

También se vendió la carta espiritual que escribió Steve Jobs el día antes de cumplir 19 años: salió por 444.500 dólares —“fue uno de mis mentores; no solo en los negocios, sino también por su forma de enfocar todo en la vida”, dijo Irsay sobre él—; el cuaderno manuscrito de Sylvester Stallone para Rocky (1976) se adjudicó en 508.000 dólares; la capa de escenario de James Brown (152.400 dólares); y el Chevrolet Caprice Convertible Red Shark que aparece en Miedo y asco en Las Vegas (1998) por 254.000 dólares.
Es el fin de un pasatiempo extremadamente caro. “Irsay tenía los medios para coleccionar tantos objetos emblemáticos con los que la mayoría de nosotros solo podemos soñar”, admite a la revista Guitar World Amelia Walker, directora especializada en colecciones privadas e icónicas de Christie’s. “Pero creo que, en el fondo, era simplemente un tipo encantador al que le gustaban las guitarras y la música, y que sentía la responsabilidad de cuidar de estas piezas y de llevarlas a su próximo hogar”.
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