Carlo D’Ursi, ganador del Goya por mejor corto documental: “Necesitamos menos milagros y más gente decente”
El director y productor, que ha triunfado con ‘El Santo’, está al frente de Potenza Producciones, un referente en apoyar creación cinematográfica LGTBI+


Carlo D’Ursi Fortunato (47 años, Bari) está contento. Acaba de ganar el Goya a mejor cortometraje documental por el último trabajo que ha dirigido, El Santo. La historia que narra es muy personal; sigue la estela de su abuelo, médico que hace medio siglo falleció, a los 45 años, un 25 de diciembre en Senise, un pueblo de unos 3.000 habitantes, en la provincia de Potenza, al sur de Italia. “A partir de su muerte, le empiezan a atribuir milagros y a considerarlo una especie de santo”, apunta D’Ursi. Él ignoraba esa faceta de su ancestro, pero durante una visita al “pueblo donde se va a llorar” —“lo llamaba así porque solíamos ir solo el Día de los muertos—, un vecino se le quedó mirando fijamente. Entonces, el lugareño comenzó a gemir, a clamar y a convulsionar: “Son los ojos del santo, los ojos del santo”, gritaba.
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“Ocurrió hace 15 años y en ese momento empiezo una investigación no tanto para descubrir si los milagros que se atribuían a mi abuelo eran ciertos o no, sino para intentar entender por qué un pueblo tiene esa necesidad de creer”, explica del director y también productor, que ha pasado los últimos dos años trabajando en El Santo.
D’ Ursi considera el legado de su abuelo como una “herencia espiritual”. Se define laico, aunque está bautizado, ha hecho la comunión, la confirmación, y ha formado parte de Acción Católica. “Suelo leer las encíclicas del Papa —me encantaba Bergoglio— porque me interesan. En Italia la Iglesia es un elemento político importante”. Sin que tenga implicaciones “ni muy místicas ni muy religiosas”, afirma que tiene fe, “en que algo va a mejorar o de que o de que hay posibilidad de futuro. Esa fe me parece muy necesaria”.
― ¿Ha descubierto si existen los milagros?
― Sí que existen, pero no tienen por qué ser los de la Iglesia. Pueden ser milagros de bondad, de permanencia, de generosidad. Existan o no, mi abuelo dejó una huella en el pueblo. Y el corto habla más de esa permanencia: de cómo su bondad consiguió trascender al tiempo. Creo que la única manera de trascender es la bondad. Necesitamos menos milagros y más gente decente.
En el corto, además, elabora una tesis personal: “Tener una familia es un milagro”. En su caso personal, como “gay, orgullosamente casado y con dos hijos”, aún más. “Una familia LGTBI+ es un milagro”, incide. Añade que desde que es padre le abruma la maldad y que “somos seres políticos: lo personal es político, y en nuestro caso [de las personas LGTBI+] lo es todo el rato; el hecho de existir y reivindicarnos ya lo es”.
Aunque lleva años trabajando en este proyecto, se ha estrenado en un momento en el que la cultura global —de la música de Rosalía a la literatura de Javier Cercas— está mirando hacia esa espiritualidad de la que habla D’Ursi y que ve como una consecuencia lógica ante “mundo ultracapitalista, materialista y finalista” en el que vivimos.
D’Ursi no conoció a su abuelo, con el que comparte nombres, sin embargo, relata detalles de su entierro como que el ataúd fue porteado por las mujeres del pueblo, cosa que no se solía hacer, mientras que los hombres iban detrás. En El Santo, él mismo aparece porteando un féretro. “Aunque no nos hayamos conocido, hay un hilo que nos conecta”, detalla, “el corto me permite hablar de estas herencias que son muy bonitas pero que en cierta manera también pueden asfixiar”.
Además de su faceta como director, D’Ursi también ha ejercido de actor y está al frente de Potenza Producciones, productora que fundó en 2004. Uno de los últimos trabajos en los que ha estado implicado es Este cuerpo mío, documental dirigido por Carolina Yuste y Afioco Gnecco, estrenado en la Seminci (en mayo llega a los cines) y que narra la transición de Rafi, que es amigo de Yuste. “También estoy produciendo Adonde van las aves cuando llueve, que es una historia trans en Costa Rica. Es un título larguito, pero es uno de los privilegios de hacer cine independiente: puedes poner el título que consideres”, bromea D’Ursi.
“Potenza no se ha especializado en producciones LGTBI+”, apunta, “lo que ocurre es que la querencia por unos valores y la creencia en los mismos provoca que nos lleguen más guiones de este tipo. Cuando das una vía de expresión a una serie de historias que no se están contando —o que tienen difícil manera de ser contadas—, te conviertes en un referente. Lo bueno es que a Potenza se nos conoce por nuestros actos”
― ¿Ha sufrido lgtbifobia en el cine?
― En general, no. Solo encuentro muros cuando hay alguien que levanta las armas. No considero que me merezca más por ser homosexual, pero desde luego que no me merezco nada menos.
Los primeros trabajos de la productora, que comparte nombre con la región en la que se ubica el pueblo donde ejerció su abuelo como médico, fueron con el director Roberto Pérez Toledo, cineasta referencial para las historias LGTBI+, ya fallecido. “Empezamos con Como la espuma, una comedia que trataba la diversidad y luego hemos seguido. Intentamos que dentro de las historias que producimos haya trabajos diversos en todos los sentidos, pensados para que todo el mundo se pueda sentir representado. En nuestras películas la diversidad es un elemento unificador; nuestra misión es hacer el cine más transversal posible, de nicho, porque es de autor, pero universal”, explica. “Esa misma idea la llevo a El Santo: todo el mundo ha perdido un ser querido y siente una herencia que puede ser más o menos pesada. Eso hace que puedas conectar”, continúa.
Italia y los derechos LGTBI+
Carlo D’Ursi nació en Italia, pero desde hace tiempo tiene nacionalidad española. Algo que le da cierta seguridad cuando viaja a su país de origen. “Mi tío, que es juez en Italia, últimamente me insiste en un consejo cuando viajo allí con mi marido y mis hijos: ‘Sed discretos”, cuenta. “Las autoridades pueden retenerme durante un rato, interrogarme… Lo que pasa es que ahora yo soy español —tuve que renunciar a la nacionalidad italiana— por lo que puedo eludir eso. Si fuese italiano, estaría bajo su jurisdicción”, ahonda.
Desde que la ultraderechista Giorgia Melonia gobierna en el país mediterráneo, los derechos LGTBI+ han sido puestos en entredicho. “Sí a la familia natural, no a los lobbies LGTB”, dijo la actual primera ministra antes de llegar al poder. En Italia, el matrimonio igualitario no es legal, además el actual Ejecutivo ha presionado para cambiar algunas leyes con la finalidad de intentar vetar las familias monoparentales. En el Mapa Arcoíris de Europa, que anualmente elabora ILGA, la organización internacional LGTBI+, Italia destaca en los puestos de cola (el 35 de los 49 Estados analizados; España está en el 5) y se sitúa más de 25 puntos por debajo de la media de avances con respecto a los países de la Unión Europea.
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