Ir al contenido
_
_
_
_

Cristina Monge, politóloga: “Quedarnos atónitos ante lo que viene no es una opción”

La politóloga analiza la ruptura de la confianza como pegamento social en su nuevo ensayo, premio Paidós

La socióloga y politóloga Cristina Monge, en un parque de Madrid.Pablo Monge

Quien conozca a Cristina Monge por sus libros, charlas, tertulias o artículos (también en EL PAÍS) sabe de sobra que es una firme convencida de la teoría win-win: todos podemos ganar en la gestión de los grandes retos que afrontamos. La politóloga y socióloga nacida en Zaragoza hace 51 años acaba de recibir el premio Paidós con el ensayo Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables.

Pregunta. En su perfil de WhatsApp se define como “encantada”. ¿De la vida, del momento, del mundo? ¿De qué podemos estar encantados?

Respuesta. [Ríe] Soy una mujer con mucha suerte. Estoy rodeada de buenos amigos, compañeros, colaboradores y una familia de lujo y eso facilita todo. Y luego está el privilegio de vivir en este país. Tenemos muchas razones para estar encantados, valorar lo bueno y pelear por mejorarlo.

P. ¿De verdad es posible recuperar la confianza con la que está cayendo?

R. Es el gran reto. Vivimos una crisis de desconfianza. Nos hemos cargado la idea de futuro, pero es posible y necesario recuperarla porque, una de dos: o se recupera la confianza en los actores que ya existen o surgirán otros y no serán más democráticos. Sin confianza, la sociedad se disuelve, es el pegamento que nos une.

P. ¿Qué actores surgirán?

R. Los grandes constructos tecnológicos y leviatanes que me dan miedo, pero que pueden llegar a conquistar la confianza de la gente.

P. Parece que ya está ocurriendo, la gente está volcada en la IA, las redes.

R. Pero no confían, también generan incertidumbre y miedo. El hecho de que los padres reaccionen ahora para proteger a sus hijos de lo que se mueve en las redes es síntoma de que no confiamos en ello. Las redes como elementos de información no han sustituido a los medios en materia de confianza.

P. ¿En qué hemos fallado?

R. Ha habido un momento en que el sistema y los agentes que lo gestionan han estado más pendientes de sus cosas que de las cosas de la gente y se ha producido una ruptura. Hay tres tipos de crisis de confianza: en las instituciones, en los agentes de intermediación y en la sociedad. Y esto opera ante desafíos como el cambio climático, la revolución digital o las grandes migraciones. No se considera que ninguno de esos tres actores vaya a ser capaz de gestionarlo. Todo ello en un ecosistema de individualismo y sociedad cada vez más disuelta. La crisis de hoy va por ahí.

P. ¿Podremos ser capaces de articular los intereses colectivos frente a ese individualismo, como apunta Victoria Camps?

R. Ese es el desafío. Como nos hemos cargado lo común, aparece la desinformación. Y luego cuando llega una pandemia o las riadas nos damos cuenta de la importancia de lo común. Las vías del tren también lo son. Hay que explicitar mucho más en la conversación pública la importancia de lo común.

P. De la indignación hemos pasado a la decepción. ¿Esta es peor?

R. Es muchísimo peor porque la indignación de 2011 movilizaba y buscaba salidas. Por la derecha y por la izquierda. Ahora, se ha pasado a una decepción que a veces se convierte en rabia y que están gestionando fuerzas que no buscan mejorar la democracia, sino socavarla, la está gestionando la ultraderecha. Es como si la mejora de la democracia hubiera tenido una oportunidad y no hubiéramos sido capaces de desarrollarla.

P. ¿Por qué crece la ultraderecha?

R. Porque es muy buena diagnosticando problemas que existen de verdad y la izquierda se haría un flaco favor negándolos. El mundo del campo o quienes pierden su trabajo por la deslocalización tienen problemas, en algunos sitios la aparición de personas de culturas diferentes puede generar conflictos, y eso ligado a la precariedad y la desigualdad genera problemas que la ultraderecha es muy buena diagnosticando, sabe meter el dedo en esa llaga. Además, es capaz de generar un discurso de falsa seguridad ante el desamparo. Es la retrotopía de Zygmunt Bauman, la apelación al futuro como la vuelta a un pasado idealizado que nunca existió, pero en el que te sientes seguro. Cuando la ultraderecha ve que tenemos jóvenes absolutamente despistados ante el avance de feminismo, que no saben como actuar, qué se espera de ellos y cómo pierden poder, les dice: no os preocupéis, familia tradicional. Y ahí ya se sienten seguros.

P. ¿La ultraderecha es la única que está sabiendo escuchar los problemas?

R. No sé si escucharlos, pero detectarlos con trazo grueso sí, es la única. Los demás no dan con la tecla.

P. El hombre joven está descolocado. ¿Ha hecho algo mal el feminismo, el wokismo o la izquierda para perderlos?

R. No hemos sido capaces de explicar a los chicos varones que en una sociedad feminista ellos también vivirán mejor, de generar un discurso de ganar-ganar, que estoy segura de que lo es. Igual que no hemos transmitido la transición ecológica como una oportunidad, sino como un camino de sacrificios. ¿Quién te compra un sacrificio? Nadie. ¿Y por qué explicarlo desde la renuncia y el sacrificio en vez de desde las oportunidades y el ganar?

P. Su libro y usted defienden ese win-win. ¿No hay perdedores de estos retos?

R. Perdedores hay, pero puedes minimizarlo en función de la gestión. ¿Hay perdedores cuando cerramos minas de carbón? Claro. ¿Aprovechamos eso para repensar la economía? Eso es win-win. La reconversión industrial en este país fue tremenda. Y hoy muchos de esos territorios están en la cima del crecimiento económico. Hubo víctimas, pero inmediatamente eso se reconvirtió. Y hay que hacerlo con anticipación.

P. ¿La verdad ha muerto o está en la UCI?

R. La verdad en democracia siempre es un territorio en disputa. Pero me preocupan más los hechos ciertos. Si no coincidimos en que existe un hecho, no podemos debatir sobre él. Yo defiendo la veracidad de los hechos ciertos y la verdad como terreno en disputa.

P. ¿No va más rápido la realidad que la capacidad de actuar?

R. Sí, la política es sólida y la realidad actual es líquida o gaseosa. Es uno de los retos de Europa. Debemos ser conscientes y acercarnos a esa velocidad para regular todo esto. Y ser hábiles para evitar caer en falsos debates: ¿regulación versus innovación? Para nada. Cuando ha habido más innovación es cuando más se ha regulado, porque te permite un terreno de juego en que puedes innovar. El capital no quiere incertidumbres. Hay que salir de esos falsos debates y ser conscientes de que hay que ir tomando esas decisiones ya.

P. ¿Hay alternativas?

R. Mi libro es una llamada a abrir una conversación para construir el futuro, nos hemos cargado la idea de futuro y hay que reconstruirlo. Y luchar contra la idea de que no hay alternativas, que sostenían Thatcher y Reagan. No. Alternativas hay siempre. No es fácil encontrarlas en esta crisis de imaginación política, pero existen. Apelo a dejar de considerar los grandes retos como algo inevitable, como las plagas de Egipto, como algo que mirar atónito, como una desgracia. No. Es asumir que podemos actuar y no tenemos que quedarnos atónitos ante lo que viene. No es una opción.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_