Ir al contenido
_
_
_
_

Roma desvela los secretos ocultos e inaccesibles del Palatino con una nueva fórmula: visitas retransmitidas en directo

La Casa de los Grifos, joya del siglo I a. C. siempre cerrada al público, se abre por primera vez, pero sin entrar en ella: un guía desciende con una cámara y la muestra en una pantalla en el exterior

Roma tiene muchas maravillas, pero algunas por desgracia no se pueden ver. Lugares en los que después de dos mil años sigue sin entrar nadie, salvo contados arqueólogos y estudiosos, pues es imposible abrirlos al público porque la misma visita los destruiría. Son entornos frágiles donde apenas pueden entrar dos o tres personas simultáneamente. Uno de ellos es la Casa de los Grifos, situada en la colina del Palatino, junto al Foro. Es una villa subterránea, llena de frescos y mosaicos, del siglo I a. C., aunque algunas partes son del II. Fue descubierta en 1912, pero siempre ha estado cerrada al público. Hasta que, con ayuda de la tecnología, a los responsables del parque arqueológico se les ha ocurrido una idea para que al menos se pueda ver: un guía desciende con una cámara colocada sobre su cabeza en un casco y va mostrando el lugar a los visitantes, que en el exterior siguen la retransmisión en directo en una gran pantalla.

“Es el único modo, y así todos pueden disfrutarlo. Para empezar la escalera de acceso, que es la original del edificio, es muy empinada, no cumple las medidas de seguridad, y dentro los ambientes son estrechos y muy delicados, no hay aireación. Se dañarían los frescos y también los mosaicos del suelo con el paso de las personas”, explica en conversación con este periódico Paola Quaranta, la responsable arqueológica del Parque Arqueológico Coliseo, Foro y Palatino.

De hecho, se nota que Quaranta está algo preocupada porque este martes se ha autorizado excepcionalmente a periodistas de algunos medios, entre ellos EL PAÍS, a bajar a la casa, y solo de dos en dos. Según entran les advierte con aprensión, porque lleva media vida cuidando de este mágico lugar: “Por favor, quedaos en el centro de las salas, no os acerquéis a las paredes”.

Baja también una de las guías, que muestra cómo será la visita para el público a partir del 3 de marzo, cuando el lugar estará abierto todos los martes, con un billete adicional de 8 euros. La guía lleva un casco con una videocámara, un micrófono por el que va dando explicaciones y un iPad en la mano con el que maneja los efectos luminosos del lugar, que destacan rincones y detalles. También pone en marcha, en la pantalla exterior, vídeos con simulaciones visuales que intercala entre sus observaciones.

Es una experiencia muy bien pensada, y desde fuera es también emocionante ver en las imágenes cómo se iluminan frescos milenarios en la oscuridad al paso de la guía. La única pega es la rabia que se puede sentir sabiendo que eso que se ve está justo debajo, aunque no se puede entrar.

Si la idea funciona, se empezará a aplicar luego en otros lugares del Foro y el Palatino cerrados ahora al público. Simone Quilici, director del Parque Arqueológico, apunta en la rueda de prensa que el valor de esta propuesta es que “los visitantes pueden gozar de una experiencia cada vez distinta, juntos con el público y el guía, mucho más emocionante que un simple contenido multimedia”. “Es una experiencia inédita, nunca experimentada antes. La idea es que este formato pueda ser un modelo inspirador para futuras iniciativas”, añade Alfonsina Russo, jefa del Departamento para la Valorización del Patrimonio del Ministerio de Cultura.

La Casa de los Grifos, la mejor conservada en Roma del periodo republicano ―el anterior al imperio que comienza con Augusto en el año 27 antes de Cristo―, se llama así porque una de las salas está decorada con fascinantes relieves en estuco de dos grifos, el animal mitológico con cuerpo de león y cabeza de águila.

La vivienda, cuyo dueño es desconocido, tenía dos plantas y la que se conserva ya estaba bajo tierra originalmente, con aberturas cenitales de iluminación, pues era la residencia estival. Era la solución de las familias más adineradas para huir del calor, según explica Quaranta. La colina del Palatino, una de las siete de Roma, era la zona más exclusiva para vivir en la ciudad antigua. Era su corazón original, el lugar donde según la leyenda la loba encontró a Rómulo y Remo y luego ellos fundaron la urbe. El espacio residencial estaba muy disputado, así que de este modo también se aprovechaba hacia abajo. Por eso se ha conservado, porque la parte superior fue destruida, y la inferior simplemente quedó cubierta.

La escalera por la que se desciende es la original, por donde bajaban en verano sus habitantes. Una vez dentro, el complejo tiene cinco estancias, algunas de ellos conservadas solo en parte, porque el edificio fue destruido en el siglo I cuando Domiciano decidió construir encima su fastuoso palacio imperial, cuyas ruinas son las que se ven hoy en el Palatino. Dominan desde las alturas el Circo Máximo, donde se celebraban las carreras de cuadrigas.

De este modo, algunas habitaciones están abruptamente cortadas a la mitad por los pilares del palacio, la Domus Flavia, que de todos modos también son un importante resto arqueológico. Son de cemento, y los muros de la parte superior, de ladrillo, a diferencia del material de la casa, construida en toba volcánica, muy común en Roma y utilizada desde los orígenes de la ciudad por ser ligera, resistente y fácil de trabajar. Esta piedra es precisamente otra de las razones que desaconsejan una permanencia excesiva en un ambiente cerrado como este, pues produce emanaciones tóxicas de gas radón.

Observar los frescos de las salas, muy bien conservados, es conmovedor porque en ellos se perciben los primeros intentos de engañar la visión para crear un efecto de profundidad, un arte que luego alcanzaría la perfección en lugares como Pompeya. Se trata del llamado Segundo Estilo republicano, y estos frescos son uno de los ejemplos más antiguos conocidos. Los artistas lo lograban con el dibujo de columnas y efectos cromáticos, con los que también simulaban que la pared fuera de carísimo mármol. Del mismo modo, utilizaban juegos geométricos de cubos que parecen obra de un Escher arcaico: “Fue una moda helénica que vino de Grecia y Oriente, se encuentra también en el templo de Apolo en Pompeya”, explica otra de las arqueólogas del equipo.

Esta innovadora forma de ver lugares de otro modo invisibles es un paso más del camino emprendido por el Parque Arqueológico del Coliseo, Foro y Palatino en 2018, cuando comenzó a aplicar los últimos avances tecnológicos a las visitas. Proyecciones luminosas que reconstruyen los lugares, algo que hace inolvidable la visita de la preciosa Casa de Livia, también en el Palatino, o visores en 3D, como en la Domus Aurea de Nerón.

La apertura de la Casa de los Grifos ha sido financiada con el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR), fruto de los fondos europeos Next Generation invertidos tras la pandemia. Es uno de los diez proyectos en marcha en esta zona arqueológica de fama mundial gracias a esta inversión.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Íñigo Domínguez
Corresponsal en Roma desde 2024. Antes lo fue de 2001 a 2015, año en que se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar en EL PAÍS. Es autor de cuatro libros sobre la mafia, viajes y reportajes.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_